DOS EN LA CARRETERA
El intercambio epistolar comienza con Él pendiente de un estreno teatral dedicado a la degradación y muerte de Allan Poe, lo que le lleva a sumirse en un cierto pesimismo sobre la deriva política que vive España, con un Gobierno que, según dice, da la espalda a los frutos de la Transición, y con una clase política «mansurrona y lanar», en cita de Ortega. Ella responde blandiendo el espíritu de Ermua para pronosticar que el Partido Socialista volverá a propiciar el consenso en materia antiterrorista, aunque, eso sí, asegura que tal cosa ocurrirá cuando el presidente Zapatero pierda las elecciones.
LA OBRA DE TEATRO DEL PRESIDENTE
Querida Cayetana...
Un sano y copioso rojerío y un señor antiguo de corbata, bien flanqueado por dos bellezas, asistimos al estreno de Sastre en el teatro Marsillach de San Sebastián de los Reyes. Al autor le persiguió con saña el dictador Franco. En uno de sus momentos más bajos, salió en su defensa José María Pemán, el mejor articulista de la historia del Periodismo español y escritor de relieve en los más varios géneros literarios. Pemán era, además, presidente del Consejo Privado de Juan III, el hombre que desde su exilio en Estoril propugnó incansablemente, frente a la dictadura, la devolución de la soberanía nacional al pueblo español y la Monarquía de todos. En el marco de esa Monarquía de todos que defendió Don Juan y encarna hoy su hijo Don Juan Carlos, Alfonso Sastre recibe estos días homenaje del mundo intelectual y estrena una obra que me impresionó: Ulalume, sobre la pasión alcohólica y muerte de un poeta de vasta influencia: Edgar Allan Poe. Los verdaderos aficionados al teatro no se perderán esta obra, dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente, y a la que Javier Villán dedicó una crítica certera y justa.
Y Zapatero, querida Cayetana, que consuma el cambio de socio constituyente, relegando al PP a los desvanes del desprecio, para entenderse con los nacionalismos vasco, catalán y gallego, lo que significa liquidar la Transición, fragilizar la Constitución y sumir a nuestra nación en la incertidum-bre para el futuro.
Querido Luis María...
Será que Zapatero, como Poe, cree que toda obra de arte debe empezar por el final. Y el final, claro está, es la paz. El problema es que por el camino nos hemos dejado tantas plumas (la independencia del poder judicial es la última y el consenso constitucional, la primera) que la pobre paloma tiene un aspecto irreconocible. Chamuscada y sin su ramo de olivo, más se parece a un cuervo: el mismo que, en el poema de Poe, responde sombríamente a cada una de las preguntas ingenuas, esperanzadas y optimistas del narrador con un desalentador «nevermore». Literalmente, nunca más. «¿Y mi alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, no podrá liberarse?». Nevermore.
En efecto, Zapatero ya no puede volverse atrás. La sombra de sus engaños le acompañará hasta las próximas elecciones. O quizá para siempre. Lo que en un principio fue una táctica se convirtió muy pronto en estrategia. Y la estrategia es ahora consustancial al personaje. Zapatero tendrá sentido si, como bien dices, se consuma la liquidación de la Transición. Si el PP queda definitivamente fuera de juego y el pacto del PSOE con los nacionalistas se institucionaliza. Entonces, tu presidente por accidente se convertirá en presidente por defecto.
Pero si, entre todos, conseguimos detener sus planes, Zapatero caerá por su propio peso. Cuando escribo «todos» quiero decir todos: el PP, los colectivos cívicos, los medios de comunicación, los jueces, desde luego una gran parte del PSOE y quizá incluso los más razonables de los nacionalistas. Ya sé: no están todavía todos; pero te aseguro que cada vez somos más. El PP inició la lucha hace más de dos años. La prensa (incluida la afín al Gobierno) habla ya de una legislatura agotada y de un presidente que reclama lealtades ciegas y se inventa pactos inútiles para ocultar su soledad. ¿Has leído el último artículo de Antonio Muñoz Molina en El País? ¿Y el de Savater? ¿Y el de Santos Juliá? Brillantes. Significativos. Salvo el ininteligible, soso y animoso Suso de Toro, la izquierda intelectual, hasta hace poco confiada, empieza a dudar. El poder judicial, titubeante al principio, se ha convertido en un dique infranqueable.
Estoy segura de que los intentos de presión de las últimas semanas no han hecho más que confirmar a los jueces la gravedad del momento. Lo que está en juego no es una interpretación más o menos laxa de la ley, sino el concepto mismo de un Estado de Derecho. Esta semana en la calle no sólo se enfrentan dos maneras contrapuestas de concebir el fin del terrorismo: derrota policial y judicial o negociación política. También lo hacen dos visiones del individuo y su forma de organizarse en sociedad: democracia o tribu. Una manifestación defiende que hay ciudadanos por encima de la Ley. En la otra celebramos exactamente lo contrario.
EL ESTADO DE DERECHO, PISOTEADO
Querida Cayetana...
Poe contesta a pocas preguntas en The raven. Expone la vaciedad de la vida y lo hace de forma desolada. Cada cinco versos concluye con un «nothing more» o un «nevermore». Impresionante poema el que citas, cercano en calidad a Ulalume. A Zapatero podías aplicarle los versos 22, 23 y 24: «And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door, / That I scarce was sure I heard you -here I opened wide / the door;- Darkness there and nothing more». Había oscuridad y nada más.
Y el lendakari, chulito, diciéndole a los jueces que seguirá entrevistándose con Batasuna cuando le venga en gana. Y el rebaño de sus partidarios en la calle para coaccionar a la Justicia. Y su Gobierno en pleno rindiéndole pleitesía al entrar en el Juzgado. Y los medios de comunicación adictos coreándole y denigrando a los jueces. Y Zapatero callado como un muerto. Y el Estado de Derecho, querida Cayetana, cuarteado, zarandeado, pisoteado. ¿Adónde, adónde vamos? Zapatero ha cambiado de socio constituyente. Hasta su advenimiento a Moncloa, PSOE y PP actuaron juntos en las grandes cuestiones de Estado. El presidente por accidente ha enviado al PP a los desvanes de la Historia y ha decidido resolver los problemas de Estado en alianza con los partidos nacionalistas que quieren destruir la Constitución. Y ahí estamos, ahí estamos.
Querido Luis María...
Describes con precisión la escena densa y desasosegante que se desarrolla a las puertas del Palacio de Justicia vasco, bajo los plátanos mojados de los jardines de Albia. Sin embargo, olvidas mencionar al otro protagonista de este espeluznante cortometraje: el hombre de la gabardina desvaída que, de espaldas a las cámaras y frente a un muro de prejuicio y rabia, alza el puño izquierdo y las esperanzas al cielo. Es Antonio Aguirre, miembro de la ejecutiva del Foro Ermua, vasco, luchador por la libertad y socialista de siempre. Recordarás que hace alrededor de un mes fue expulsado del PSE por «aprovecharse del nombre del partido para su lucro personal». Cuando para imponer la disciplina de las siglas hay que recurrir a las insidias es que sobran dudas y faltan argumentos.
La ofensa de Aguirre fue firmar la querella que el Foro Ermua presentó contra Patxi López y Rodolfo Ares por reunirse con la cúpula de Batasuna. Esa misma tarde, en la burguesa y elíptica plaza Moyúa de Bilbao, Aguirre reclamó públicamente al PSE la parte proporcional de su cuota de militante correspondiente al pago del alquiler de la sala donde había tenido lugar el encuentro. Lo hizo porque «con mi dinero y el de mi familia no estoy dispuesto a financiar supuestos actos delictivos -y en todo caso inmorales por cobardía y traición- de mi propio partido»-. Cuentan los testigos de aquel gesto digno, catártico e inútil que fue el momento más emotivo y aplaudido del acto. Y que el ambiente estaba tan caldeado que muchos de los asistentes amenazaron con trasladar su protesta ante la sede del PSE. Quien lo impidió fue Aguirre.
Si te cuento todo esto es porque el de Aguirre no es un caso aislado. Son muchísimos los votantes e incluso militantes socialistas que no entienden ni comparten el camino emprendido por Zapatero. No apoyan el diálogo a prueba de bombas, ni las prisiones atenuadas, ni las mesas extraparlamentarias, ni los órganos de coordinación, ni la alianza con un PNV que presiona a los jueces y exalta a su jefe entre vítores tribales: «¡Vivan nosotros y los nuestros!». Al igual que los del PP, los simpatizantes del PSOE anhelan la libertad, defienden el cumplimiento de la Ley, rechazan las cesiones y no quieren financiar con sus impuestos a los agentes políticos de los terroristas, llámense Batasuna, PCTV o Izquierda Abertzale.
Por eso, a tu pregunta pendular y apesadumbrada de «¿adónde vamos?», respondo con una certeza. En cuanto Zapatero pierda el poder, el Partido Socialista volverá a buscar la unidad con el PP para derrotar a ETA. Y no me llames ingenua. No es ingenuidad. Es confianza en la fortaleza moral de una sociedad que consiguió que del más cruel de los asesinatos naciese una marea arrolladora de esperanza y determinación. Ahí estamos, ahí estamos, Luis María. O, al menos, ahí estoy yo: más cerca del espíritu constructivo de Ermua que del pesimismo autodestructivo de Poe.
OVEJAS DESCARRIADAS Y REBAÑOS DE PARTIDOS
Querida Cayetana...
Ojalá tengas razón. Mi experiencia me dice que ovejas descarriadas hay pocas en los rebaños de los partidos políticos. El militante busca el refugio de la manada y ama el redil. En el Congreso de los Diputados se escucha siempre un balido incesante y dócil. La clase política española, como escribió Ortega, es mansurrona y lanar.
El arte, no. Ahí tienes la explosión de Cristina Iglesias que piensa en piedra y en bronce y conserva el vigor de la primera juventud. Y, como contraste, el Tintoretto del Prado ¡Qué soberbia exposición! Cuando vayas a la Barcelona española y universal te asombrará algo más que Carod Rovira, coronado de espinas y amigo de Josu Ternera, el nuevo edificio de Gas Natural. Enric Miralles (ya fallecido) y Benedetta Tagliabue han dibujado sobre el cielo la más osada geometría de cristal y cemento. Y siguiendo con la actualidad cultural, ¡lástima la endeblez de la ópera en Madrid! Gonzalo Alonso ha encontrado la fórmula: «El Real, y el Liceo necesitan alternar títulos en fin de semana».
Y, claro es, me fui el jueves a la sala alternativa Itaca para asistir al estreno de Los ojos de la noche de Paloma Pedrero, que no sólo de manifestaciones callejeras vive el hombre. Estaba allí la radiante progresía, las muchachas minifalderas en flor y un señor antiguo de corbata. Dile a Acebes que no se pierda esta obra de nuestra mejor autora de teatro. Bien dirigida por Pancho García, con interpretación eficaz pero un poco aspaventera de Mónica Guffanti y Pepe Ronda, la obra golpea al espectador con el drama de la soledad de la mujer madura y triunfadora. Paloma Pedrero que, en su feminismo radical, no ha perdido la luz adolescente cree que se ve más con el alma que con los ojos y emprende el viaje de la ceguera a la luz sobre el filo incierto del amor y el sexo. Y tú, hablándome de Zapatero.
Querido Luis María...
Dijo Miralles que su idea de la felicidad es la conciencia del paso del tiempo. Y el tiempo que, salvo en España, lo cura todo pondrá las cosas en su sitio. El edificio inaugurado la semana pasada debería haberse convertido en la sede del primer grupo energético de España. Ubicado en la Barceloneta, sus escamas de vidrio reflejan y deforman la piel de una ciudad gótica y novísima. Excesiva y contundente, es posible que la obra que Miralles sólo alcanzó a imaginar le llene ahora de nostalgia, precisamente por su capacidad para desafiar el paso del tiempo.
Y, frente a la trascendencia de la sede de Gas Natural, la contingencia de una operación empresarial. Muerta esta semana por exceso de política. Un mal que, en forma de nacionalismo militante, se extiende por todos los ámbitos de la sociedad catalana. Ante el estupor de los propios responsables, el salto generacional es en realidad un desplome ideológico. Hace ocho días, Duran i Lleida interrumpió el Consejo Nacional de su partido de un puñetazo en la mesa. «Unió no es un partido independentista ni aspira a ser como ERC». Demasiado tarde: las juventudes de UDC se niegan «a entrar en el Gobierno de una España opresora».
© Mundinteractivos, S.A.

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