Si pongo sus nombres en el título de mi artículo no es para deambular por el fácil camino del halago o del necio menosprecio, sino para afrontar con garantía de éxito las próximas elecciones autonómicas. Por eso iniciaré esta andadura con la mera constatación de los hechos acontecidos entre nosotros estos últimos meses.
La convicción de que el PP podía conseguir la mayoría absoluta en Asturias si se ponía el candidato adecuado propició un movimiento muy fuerte para que fuese el señor Álvarez-Cascos quien encabezase la lista autonómica. Ante su negativa reiterada, muchos afiliados eran partidarios de que don Gabino de Lorenzo liderase la candidatura, con el resultado por todos conocidos ante su firme decisión de seguir pilotando la Alcaldía de Oviedo.
Paralelamente a estos movimientos, sitos, muchas veces, en las mismas esferas del poder, se inició otro a nivel horizontal para dar respuesta, siempre dentro del partido, a las demandas de las bases y de muchísimos asturianos que veían una oportunidad única para ganar en Asturias. Con esta idea de aupar, nunca de cercenar, nos reunimos un grupo cuyo portavoz fue desde el inicio don Juan Morales. En tres meses conseguimos las firmas de 2.000 afiliados y 6.000 simpatizantes apoyando nuestras propuestas. Es también un hecho constatable que respetamos las reglas del juego, pues una vez que la comisión electoral designó a don Ovidio, con los votos en contra de Oviedo y la abstención de los partidarios del señor Morales, se aceptó el resultado y no se volvió a realizar ningún acto público de la llamada «plataforma Morales».
Es también un hecho verificable que ni antes de su designación ni después de la misma el presidente del PP de Asturias tuvo a bien escuchar el sentir de estos miles de simpatizantes con la peregrina sospecha de que se había cocinado mucho arroz para tan pocos comensales. Usted, don Ovidio, o su equipo, o ambos a la vez, taponaron chapuceramente el manantial, pero las abundantes aguas del descontento siguieron fluyendo subterráneamente, aflorando ahora por todas partes. Le están brotando hontanares desde Valdés hasta Llanes, pasando por Avilés y Gijón. Si somos sinceros, sólo Oviedo está listo en estos momentos para auparse con la victoria. Reflexionen y tengan el sano atrevimiento de preguntarse por la causa que genera tal seguridad. Y si la conocen ustedes tan bien como la sabemos nosotros ¿por qué no se recetan el fármaco?
Ninguno de los citados al inicio tuvo a bien escucharnos. Sobrados como estaban de adhesiones, despreciaron la necesaria prudencia.
Y ahora, evaporados muchos de esos apoyos, no saben o no quieren llamar a las puertas de la virtud que tan olímpicamente arrinconaron. Pues, pese a todo, hay que rogarle que se arrime a nuestros lares para que al amor de la lumbre asimilemos sus consejos.
Nunca existe viento favorable para el capitán que no sabe adónde va. Y no sabe adónde va el que antepone sus legítimos intereses particulares a los del partido que representa. No saben tampoco adónde van los que siendo conscientes de que sus propuestas no conllevan la mayoría absoluta las siguen manteniendo. Y, si no, díganme, ¿cómo se puede decir que las encuestas les son favorables y a renglón seguido estar buscando sustituto al vencedor? ¿No estarán cambiando ahora, para conseguir después que todo siga igual?
No sabremos adónde vamos si no se sientan en una mesa los aquí citados más los representantes de los ayuntamientos y, de común acuerdo, determinan quién tiene que marcar la dirección en los próximos cuatro meses. Lo normal y lo reglamentado es que no se reúnan. Lo posible es que les entre la picazón y cada uno mate esta pulga a su estilo. Y lo verosímil, caso de reunirse, es dejar las cosas como están.
Releyendo el escrito me ha brotado una socarrona sonrisa, pues con ilusión se puede vivir, pero no con los ilusos. ¿Soy uno de ellos? Tal vez; pero antes de que dicten su sentencia los aquí aludidos, tomen nota:
«La investigación sobre el bien es difícil por haber sido amigos nuestros los que han introducido la teoría de las ideas. Quizá, según el parecer general, vale más y aun es preciso, para salvar la verdad, sacrificar nuestras inclinaciones personales, tanto más cuanto que también nosotros somos filósofos. Se puede amar a los amigos y a la verdad; pero es un deber sagrado dar la preferencia a la verdad», Aristóteles «Ética Nicomaquea», capítulo 6, Ediciones Aguilar, Madrid 1982.
Mi verdad es que el PP Asturiano puede ganar por mayoría absoluta si nuestros dirigentes se atreven a nombrar al más capaz para dirigir el timón y todos arriman el hombro en la misma dirección Si es posible, se puede, y si se puede, se debe. Si me equivoco en el diagnóstico, lo subsanaré reconociendo el error, pero ustedes, si se equivocan, deben asumir, además del error, la correspondiente cuota de responsabilidad ante la asamblea.
He tenido la osadía de escribir estas líneas porque albergo la certeza de que aún permanece entre nosotros el momento oportuno o, como diría Maquiavelo, la Fortuna. Espero que don Gabino, desde su cargo de Alcalde y como uno de los mejores anfitriones del Reino que es, le de la acogida que se merece.
José Luis Magro es profesor de Filosofía del Alfonso II.

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