BULEVAR

Entre una y otra copa de Cabernet Sauvignon vine a enterarme de que la ministra Elena Salgado está contra el vino, o algo así. En realidad no pude informarme bien de qué iba la cosa, porque la tercera copa fue un Merlot, y ya se sabe que las mezclas confunden las entendederas.

Pero bueno, por lo que me han comentado se trata de evitar que los jovencitos se aficionen a la bebida predilecta de Omar Khayam y un servidor. Los gobiernos tienden a prohibir muchas cosas, entre otras la masturbación. He sabido que en un país de religión oriental (no digo cuál porque soy muy cobarde), existe un decreto que prohíbe la masturbación, no sólo de los jóvenes, de todo el mundo. Ustedes se preguntarán qué demonios tiene que ver la masturbación con el vino. Bueno, resulta que en dicho país también está prohibido el alcohol.

A mí este tipo de cosas me dejan perplejo (que es palabra que me gusta mucho), y al enterarme tuve que salir del trance con una copa de tempranillo que me supo a muy ligero, de modo que necesité bajarlo con tinto gran reserva de la Ribera de Duero.La verdad es que la furia antivinícola de la señora Salgado me resulta incomprensible, por lo cual me pregunto si puede haberse inspirado en algún caldo de baja calidad, como esos que se venden en tetrabrick, el cual podría haberla dejado media tarumba. Yo le recomendaría un curso de enología trascendental y que deje el clarete, la sidra con Coca-cola y la horchata con güisqui, no son bebidas recomendables.

Los señores del sector empresarial dicen no entender las razones del Ministerio de Sanidad, ellos aseguran que los jóvenes, precisamente, no beben vino. Y tienen razón: los chicos hoy día pasan del vino y disfrutan del botellón con otra clase de sustancias. A saber: medio litro de ginebra barata mezclada con gasolina, unas pastillitas de éxtasis, algo de pólvora negra y la infaltable Coca-cola. Para ellos el vino es bebida de carrozones.

El grande y venerado Omar Khayam que de todo esto sabía mucho y por algo fue poeta, matemático y astrónomo, pero jamás ministro de sanidad, dice en el Robaiat:

«El sol lanzó sus rayos al cielo / y el rey Jusró dispuso los cántaros del día. / Bebe, que el heraldo que anuncia la jornada/ordena iniciar los honores del vino».

«Un vaso de vino tinto y un haz de poemas, / una subsistencia desnuda, media hogaza de pan, nada más, / otorgados a nosotros dos en el libre desierto. / ¿A qué sultán en su trono podríamos envidiar?»

«Apoyé goloso los labios en el jarro / y le pregunté cómo rogar por una alegre vejez. / Apretó sus labios en los míos y murmuró: / bebe, cuando hayas partido ya no regresarás.»

«Esta vasta, infinita y universal bodega / ofrece a toda la humanidad una copa para beber. / Cuando te llegue el turno, contén las lágrimas,/regocíjate, brinda la copa, y apúrala hasta el final.»

Los versos de Khayam están prohibidos en su país natal, también el vino. Si la ministra quisiera visitar dicho país tendría que cubrirse con un pañuelo.

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