La estrategia del pásalo se trocó en la tarde de ayer en un nosotros también. El nosotros eran los gobiernos, asociaciones y empresas que se apresuraban a anunciar su adhesión a un apagón inicialmente convocado en pásalos (e-mails y SMS) por grupos ambientalistas. El nosotros fueron La Caixa, el Barça o El Corte Inglés. El protagonismo fue suyo: al final, en cuestión de megavatios no consumidos, pesó más el fundido en negro de las grandes empresas que el apagón al detall de las viviendas. ¿La luz medio encendida o medio apagada?

La verán medio encendida los que quizás esperaban una adhesión a la causa del clima tan masiva como las caceroladas de las noches prebélicas del 2003. Cierto: la avalancha de datos que nos anuncian un planeta enfermo de calor todavía no provoca una preocupación detectable en las encuestas del CIS. Pero el hecho de que las grandes empresas empiecen a sumar su voz a las de quienes -avalados por los expertos más acreditados- urgen a pasar a la acción contra el CO2 no hace sino confirmar un cambio de tendencia en la línea del apuntado por la Exxon, Davos o The Wall Street Journal. La verdad inconveniente de la que habla Al Gore en su exitosa película lleva camino de ser una verdad conveniente para los poderes que, o bien no quieren quedarse al margen de una causa tan global, o bien ven en la lucha contra el calentamiento una oportunidad de negocio.