La Coctelera

Reggio

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31 Enero 2007

Encuentros fallidos, de Joan de Sagarra en La Vanguardia

La revista El Temps nos sorprendía en su edición del día 16 de este mes con lo que la redacción de la misma titulaba "una trobada irrepetible", una conversación desenfadada entre Raimon, Joan Manuel Serrat y Lluís Llach, una conversación hábilmente dirigida y grabada por Carles Gàmez, un colaborador de la revista, buen conocedor de la Cançó.Evidentemente, no se trataba de ninguna "trobada irrepetible", sino de un encuentro imaginario entre los tres cantautores. Carles Gàmez, con la complicidad de la revista, se había propuesto ofrecernos una versión catalana de la conversación que Brassens, Léo Ferré y Jacques Brel mantuvieron el 6 de enero de 1969 con el periodista François-René Cristiani, en casa de la madre de éste, en París, la cual sería publicada in extenso por la revista Rock & Folk (febrero de 1969) y parte de ella difundida a través de RTL. No se trataba, pues, de ningún encuentro irrepetible, ni imposible (los tres cantautores podrían reunirse cualquier día de estos para hablar, públicamente, de la Cançó,de su oficio y de sus mundos respectivos), sino simplemente de un ejercicio de estilo, de una muestra de periodismo-ficción.

Comparando ambos encuentros, uno llega a la conclusión de que ambos son unos encuentros fallidos. ¿Por qué? Pues porque tanto unos como otros, auténticas patums,aun simulando una camaradería que es más ficticia que real, están más pendientes de proteger su propia imagen que de mostrarse tal como son, enfrentándose abiertamente si es necesario, que es lo que el lector aguarda de ese encuentro, irrepetible en el caso de los franceses (efectivamente, no se repitió), e imaginario (por el momento) en el caso de los catalanes.

Veamos lo que ocurrió en el caso de los franceses. El 6 de enero de 1969, Léo Ferré tiene 52 años, Georges Brassens 47, y Jacques Brel 39 (cumplirá 40 el 8 de abril). Los tres son, como decía antes, unas patums de la canción francesa. El mayor de ellos, Ferré, después de abandonar la discográfica Odéon por Barclay, atesora unos cuantos títulos que son considerados hoy como ayer auténticas obras maestras de la canción francesa (Les poètes,Comme à Ostende,Merde a Vauban,Joli mome,Paname...).Pese a sufrir, bajo el dominio de Barclay, los excesos de violines y de arreglos jazzísticos a los que tan aficionado es el editor ( "Les fans de jazz ont une mentalité de boy-scouts", decía Ferré, un músico de Conservatorio de la cabeza a los pies), logra mantenerse entero, resiste la oleada ye-ye y en la temporada 1967-1968 nos regala dos discos espléndidos: Salut Beatnik y L´été 68.Dos discos que lo convirtieron en el ídolo de una cierta juventud, una idolatría que se hará aún más manifiesta cuando aparezca su doble álbum Amour-Anarchie.En 1969, Ferré y su familia viven en una "gran villa bastante felliniana" en San Casiano, in Val di Pesa, en la Toscana, cerca de Florencia. Ferré prepara un nuevo disco y un recital en Bobino. En 1962, Léo Ferré ha entrado a formar parte de la colección Poètes d´aujourd´hui,que edita Pierre Seghers, entre Dylan Thomas y Stéphane Mallarmé. Es la primera vez que un autor-compositor-intérprete entra en esa prestigiosa colección (Brassens se incorporará a ella al año siguiente y Jacques Brel lo hará un año más tarde).

La segunda patum,Georges Brassens, ha sido galardonado dos años antes, el 8 de junio de 1967, con el Gran Premio de Poesía que concede la Academia Francesa. Su último disco se remonta a 1966 y cuando se celebra el esperado encuentro entre los "trois plus grandes auteurs-compositeurs-interprètes de la chanson française depuis des années", como dice el periodista Cristiani, Brassens lleva un par de años sin actuar aquejado de problemas renales que han precisado una doble operación. Pero ya se encuentra bien, y para el próximo otoño prepara una rentrée memorable en Bobino (tres meses, todas las localidades vendidas de antemano).

En cuanto a Brel, nuestra tercera patum,hace un par de años que se ha retirado definitivamente del tour de chant con un inolvidable recital en el Olympia. Cuando tiene lugar el encuentro, Brel interpreta su musical L´homme de laMancha(él es Don Quijote y Dario Moreno, Sancho Panza). Es el más joven de los tres, pero como sus compañeros se ha convertido en un icono de la cultura francesa, y nadie diría que de los tres será el primero en dejar este mundo, poco menos de diez años más tarde (Brassens escribirá su necrológica para el semanario VSD).

¿Qué queda hoy de ese encuentro? Pues ante todo una foto, la foto de los tres, bebiendo cervezas, fumando cigarrillos (Ferré y Brel) y Brassens con su pipa, sentados en la mesa del comedor de la señora Cristiani, en su piso de la rue Saint-Placide. Una foto de Jean-Pierre Leloir que se ha hecho famosísima y se vende como póster en los cinco continentes. Por lo demás, como ya he dicho al principio, el encuentro resulta fallido. Sólo hay una pregunta, una pregunta psicológica, en que cada uno de los tres se muestra tal y como es. La pregunta la lanza Brel. Se trata de saber cómo se comportaría cada uno de los tres frente a un obstáculo, concretamente un muro. Brassens responde: "Yo reflexiono". Brel: "Yo lo derribo. Vamos, me voy a por un pico". Ferré: "Yo lo evito, lo rodeo". Durante el encuentro los tres camaradas se tutean mientras hablan de la libertad, de la soledad, de la anarquía, de Dios, de las mujeres, de la música, del oficio... Pero, si bien Ferré argumenta, Brel lanza frases lapidarias y Brassens no se resiste al placer de soltar alguna que otra réplica maliciosa, los tres se esconden, se protegen tras su caparazón. Los tres están demasiado preocupados por su propia imagen. Y tampoco es que se quieran demasiado. Brel parece recordar cuando Brassens le llamaba, en coña, l´abbé Brel,el abate Brel (porque por aquella época, 1956, siempre ha considerado a éste y a Brassens como unos chansoniers,cuando él se considera un músico y un poeta. En cuanto a Brassens, el "petit-artisan-dela-chanson-bien-tournée", convertido en vedette del espectáculo muy a pesar suyo, se muestra extraño en esa mesa improvisada, sin sus copains de toda la vida, tan distintos de ese par de vedettes encantadas de serlo.

El famoso encuentro tiene un final inesperado. Ferré propone un recital de los tres en diez de los más famosos locales de Francia. Todos parecen estar de acuerdo. Pero ese recital nunca tuvo lugar. Hay quien dice que fue así porque jamás se hubiesen puesto de acuerdo en quien cantaba el último, en quien cerraba el recital y se llevaba los aplausos. Años más tarde, Ferré dijo que al final podían haber aparecido los tres cantando a cappella,sin la orquesta, Le temps des cerises.Pero no pudo ser.

Por lo que se refiere al encuentro imaginario de El Temps,imaginado por Carles Gàmez, éste me decía, en una conversación telefónica que mantuve con él, que Llach sería Ferré (el músico, porque toca el piano), Serrat sería Brel y Raimon sería Brassens (que pone música a Villon o a Paul Fort, como Raimon lo hace con Ausiàs March o Espriu). La verdad, no lo veo muy claro. Llach canta a Martí i Pol y Serrat a Machado, del mismo modo que Ferré canta a Baudelaire y a Aragon, entre otros. ¿De qué hablan los tres cantautores? De los músicos que les gustan, de los cantantes que les han influido. Se confiesan "fills de la ràdio", reconocen que Raimon abrió un camino, que en los años de la Nova Cançó hubo bandos, clanes, acusaciones, vetos, pero "tots sumàvem, perquè tots sabíem qui era l´enemic de debò" (Serrat). Hablan de la "cançó política". "I el senyor Julio Iglesias, aleshores què fa?", pregunta Llach. Carles Gàmez les pregunta si la clase política catalana ha acabado entendiendo eso de la Cançó,y Llach responde: "El día que la Diagonal passi a dir-se l´avinguda dels Setze Jutges voldrà dir que alguna cosa està canviant..." Francamente enternecedor. Todo es cortesía, falsa camaradería, cada cual cuida su imagen, repite una vez más lo que ya le habíamos oído decir. No hay enfrentamiento. No hay encuentro verdadero. Es, como el de los franceses, un encuentro fallido. Y un buen ejercicio de estilo, una buena muestra de periodismo-ficción.

Tags: raimon, serrat, llach

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