Los creadores de tendencias ya no saben qué hacer para generar modas. Las estrategias clásicas ya no sirven, hay que ir un poco más allá. Antes, lo más efectivo era utilizar alguna estrella del cine para vender. Después, fueron los deportistas, los músicos pop y las modelos de pasarela los mejores para esta misión. El recurso de los últimos años ha sido usar famosos de la nada, como esa señora que vende azulejos o bombones por el mero hecho de ser conocida a causa de su matrimonios, fiestas y festejos. Dado que ya lo hemos visto todo y queremos escapar también del granhermanismo que ha colonizado el Olimpo de la notoriedad, los cerebros de lo que se lleva han encontrado una solución brillante: personajes nuevos.
El gran icono de esta nueva ola es el actual presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, quien ha tenido a bien mostrarnos sus calcetines con agujeros al acudir a una mezquita de Ankara para rezar. No crean ustedes que se trata de un gesto improvisado o del descuido de un poderoso que se olvida de las pequeñeces cotidianas porque anda cavilando por las alturas. Nada de todo eso. Wolfowitz, sin duda, se ha prestado encantado a convertirse en la imagen de una nueva campaña que trata de unir dos conceptos aparentemente tan alejados entre sí como un huevo y una castaña: lo grunge (recuerden a Kurt Cobain, el que está en los cielos) y lo neoconservador (recuerden a Bush, el que está en la Casa Blanca). Asistimos, pues, al nacimiento del grungecon,neologismo que propongo para designar lo que se presume como nueva llamada ética y estética de los neocons sometidos al baño de realidad y humildad que es hoy la empantanada guerra de Iraq. El calcetín agujereado de Wolfowitz, con claros ecos de nuestro Tàpies, se inspira en el arte pobre y sugiere austeridad y ascetismo para los años venideros, lo cual viniendo del presidente del Banco Mundial son pistas que no deben ignorarse.
Ustedes quizás piensan que todo esto es broma, pero no. También José María Aznar, en el año 2000, adornó una de sus muñecas (no recuerdo si la derecha o la izquierda) con una pulsera de artesanía selvática que le daba un aire a medio camino de los perriflautos callejeros y el Coronel Tapioca. Tuve la suerte y el honor de contemplar aquella pulsera en directo, durante la campaña de las elecciones generales que Aznar ganó holgadamente. Desgraciadamente, el líder del PP se adelantó a su tiempo y aquel intento de grungecon no cuajó. En cambio, Wolfowitz ha tenido el don de la oportunidad y llega de la mano del cambio climático, lo cual casa bien con el calcetín aireado.

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