AUNQUE las elecciones en Estados Unidos no están ni tan siquiera a la vuelta de la esquina -4 de noviembre del 2008-, se están produciendo estas semanas los primeros movimientos serios en la presentación de aspirantes por parte de demócratas y republicanos. El complejo sistema norteamericano de designación de candidatos hace prácticamente imposible aventurar quiénes serán los que logren llegar hasta el final y ser designados oficialmente aspirantes a la Casa Blanca. En ambos bandos la batalla aparece abierta. Por el lado demócrata está la candidatura de Hillary Clinton que, al menos mediáticamente, lleva varios cuerpos de ventaja al resto de los competidores. La senadora por Nueva York ha reforzado su perfil más centrista en los últimos tiempos para tratar de ganar la batalla en la América profunda, algo que hace un tiempo parecía imposible. Por el lado republicano, las cosas están aún menos claras ya que candidatos con una aparente fuerza electoral como el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, con una gran imagen pública por su actuación en los sucesos del 11-S, aún no han anunciado si concurrirán. Si Hillary y Giuliani acaban superando todas las pruebas que tendrán en los próximos meses, las elecciones que cerrarán en cualquier caso la era Bush acabarán siendo las más interesantes de los últimos tiempos.
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