Vieja política. En una considerable parte de los municipios asturianos, los cabezas de lista de los principales partidos siguen siendo los mismos. Algunos llevan varias legislaturas como alcaldes. Tan maravillosamente bien lo deben estar haciendo que, salvo excepciones, no hay renovación en las candidaturas. Vieja política, acaso son muchos los regidores que empezaron su tarea con proyectos ambiciosos y loables. Sin embargo, no es menos probable que los enconamientos, los clientelismos y el afán acomodaticio predominen a día de hoy en la política municipal astur.

Vieja política. La tarea se ha profesionalizado tanto que cada vez es mayor la distancia entre los ciudadanos y sus teóricos representantes. De algunos primeros ediles no se sabe ya si tuvieron algún cometido laboral antes de dedicarse a la política, y puede sospecharse que, fuera de ella, engrosarían las listas del paro.

Vieja política. Fiebre en estos meses previos a la campaña. Afán por dejar claro que tienen toda la ilusión del mundo por culminar determinados proyectos (casi siempre de cemento) en la siguiente legislatura. Ellos están al servicio de los ciudadanos. Sus oponentes, al contrario, siempre defienden oscuros y bastardos intereses. Burdo maniqueísmo el que venimos sufriendo.

Vieja política. Hojas vecinales subvencionadas al servicio de quien les paga. Amanuenses dispuestos a defender lo indefendible. Quienes osen hacer crítica a determinadas decisiones son considerados ipso facto enemigos.

Vieja política. Mimo a colectivos que pueden nutrir de votos a la candidatura en cuestión. En el ámbito local, como en otros más amplios geográficamente, los partidos son cada vez más meras maquinarias electorales. Se ambiciona el poder como sustantivo, casi nunca como infinitivo.

Vieja política. A veces, en los más sórdidos escenarios, hacer política es dar rienda suelta a rencores que llevan tiempo enquistados, en lugar de plantear problemas y de apuntar las soluciones correspondientes. Rencores de quienes están en el poder y en la oposición, simétricamente repartidos en la mayor parte de los casos.

Vieja política. Sumisión por encima de todo a quienes son sus señoritos, es decir, a aquellas personas que, en último término, decidirán si van a repetir o no como candidatos. Recuerden ustedes, por ejemplo, aquel verano en que unos cuantos alcaldes del occidente asturiano protestaban por la lentitud de las obras de la autovía de La Espina. Desde que cambió el Gobierno de Madrid, se diría que todo va bien, aunque, por ejemplo, la segunda calzada de Llera a Grao lleve un año sin que un solo obrero se haya puesto a trabajar en ella. Valga este botón como muestra.

Vieja política. A veces, con ser preocupante, no es el estancamiento el mayor problema de unos cuantos alcaldes. En ocasiones, el mencionado marasmo deriva en un endiosamiento deplorable que llega incluso al extremo de que más de uno haya llegado a considerarse un intelectual de altos vuelos escribiendo en programas de fiesta o en la sección de cartas al director acerca de asuntos que ignora del todo. Haciéndolo, además, con un estilo que podría igualar en cursilería al personaje principal de la obra más conocida del padre Isla.

Vieja política. La ignorancia más insultante. Se desconoce el viejo principio del ser y el parecer de la mujer del César, aplicable a familiares y amigos de primeros ediles de unos cuantos Ayuntamientos.

Vieja política que, paradójicamente, arrastra años y años problemas sin resolver, como por ejemplo, los saneamientos en muchos pueblos, entre ellos, éste desde donde escribo. Tengo mucho interés por conocer los programas de los distintos partidos y ver si figura entre las tareas a acometer en la próxima legislatura.

Vieja política. Abstención de ciudadanos que cada vez acuden menos a los colegios electorales. Falta de voluntad de los centros de decisión de los partidos para que la política municipal tenga vida, tenga pulso, y sea algo más que propaganda y clientelismo.

Vieja, arcaica política.