IDEAS Y DEBATES

Ante el debate energético que debería existir en la sociedad actual y todavía más en el futuro con la clara evidencia respecto al carbón -que puede volver a resurgir como posible energía complementaria del futuro- con un petróleo y gas natural del cual se conoce su agotabilidad y sus posibilidades y las energías alternativas que llegan mucho menos que hasta donde quisiéramos, la opción nuclear es técnicamente hablando las más segura, la más limpia y la más barata. Sin embargo le queda la asignatura más importante: que la sociedad la acepte, la haga suya como buena y necesaria.

La sociedad es la que debe decidir si acepta o arrincona la opción nuclear aunque para ello debería existir información adecuada al alcance de todos. No puede ser que un grupo organizado chille en contra de algo frente a una inmensa mayoría que calla, y se les da la razón o se haga lo que los más gritones proponen. Pasaríamos del mundo de la razón y la buena conducta al imperio del grito, a la dictadura del chillido.

La energía nuclear, desde su inicio en la década de los sesenta y setenta del siglo XX, ha tenido mala prensa pues se la relacionaba injustamente con la bomba atómica que en 1945 destruyó Hiroshima y Nagasaki y posteriormente a los accidentes de Three Mile Island en 1979 y Tchernobil en 1986, este último debido a la dejadez y falta de seguridad del imperio soviético. Pocos dijeron que la opción -mejor dicho-solución posible fue una reacción lógica a la primera crisis del petróleo de principios de los setenta y que no de todos los países pero sí muchos desde los Estados Unidos hasta Francia pasando por todos los países occidentales que eran precisamente los más pudientes y también la comunista por aquel entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. ¿Dónde estaban los actuales y nuevos ecologistas protestando contra las inseguras, ineficaces y poco controladas centrales nucleares del entorno soviético?

La energía nuclear es una opción clara y concreta. No puede ser impuesta por nada ni por nadie pero tampoco puede ser juzgada irresponsablemente y, lo que es más grave, sin un juicio justo, esto es, con pruebas concluyentes, con datos fiables. En pocas palabras, con severidad y seriedad porque nos estamos jugando el bienestar o malestar energético de una civilización, la nuestra y la del futuro, donde la electricidad que es energía se nos hace tan imprescindible como el pan, el agua y los alimentos.

Parece increíble que algo tan serio, tan definitivo para nuestras vidas se esté llevado tan ligeramente. Puestos a prohibir podríamos prohibir el automóvil a costa de nuestra movilidad, los medicamentos por causas medioambientales en su producción o cualquier alimento por mil y un motivos. Prohibir, limitar, racionar, restringir cuando hay causas mayores que lo aconsejen puede plantearse como hipótesis pero antes de tamaña decisión deben acometerse estudios previos plenos de luz, debate, datos, argumentos, pros y contras. Todo con la máxima rigurosidad y al final, si alguien se equivoca o acierta, que sea plenamente consciente tanto en sentido positivo como negativo.

La sociedad, y no los políticos y tampoco las compañías eléctricas, deben decidir sobre la energía nuclear. Se ha llegado tan lejos respecto a todo lo nuclear que ni puede resolverse por los cauces normales y lógicos, esto es, el Parlamento que se siente mediatizado, carente de información técnica fiable y secuestrado por el ambiente antinuclear provocado por unos pocos.

La sociedad debe armarse de valor y especialmente de argumentos para tomar tan importante decisión y debe optar, arriesgarse, decidir, algo con lo que no está acostumbrada. Por una vez, bien alto y bien claro, deberá decidir a favor o en contra de una energía que es más barata que las demás, que puede ser más segura si se obliga a ello y que seguro es más limpia. Debe resolverse, sin embargo, satisfactoriamente el tema de los residuos. Además, otra pregunta definitiva ¿qué alternativas hay? Muchas, seguro y más en el futuro pero no tenemos la posibilidad de despreciar una que existe y tenemos a nuestro alcance.

Hoy, esta mañana, está a nuestro alcance. El resto, apartando lo conocido y lo probable, son simples hipótesis que para tomarlas en serio primero deberían venir acompañadas de información y perspectivas de funcionamiento real, no simulado. Con el bienestar de los pueblos y sus comodidades actuales, especialmente los menos favorecidos, no debería jugarse irresponsablemente. La energía nuclear no es la solución al problema energético mundial, pero sí parte de una solución que será la suma de muchas posibles energías nuevas y antiguas que entre todas harán posible las necesidades crecientes de energía que demanda el mundo, especialmente el más subdesarrollado y pobre al cual algunos quieren condenar para siempre. Y como punto final puede ayudar a combatir el cambio climático.

El Gobierno abrió en noviembre del 2005 una mesa de diálogo sobre la evolución de la energía nuclear. Es hora que la sociedad se lo tome con la seriedad y rigor necesario. La energía es y será un problema de futuro con el que no puede jugarse alegremente. Es necesario información y decisiones serias.