El Delegado del Gobierno en Asturias, Antonio Trevín Lombán, es un hombre gélido, frío y distante, que como Javier Fernández y otros personajes que alcanzan en estos momentos gran poder en el Principado de Asturias, no lleva dentro de su estructura psicológica la capacidad de sentir los resortes de la política con mayúsculas, esa de la que en el Principado de Asturias apenas existen ya cargos institucionales que puedan decir que la vivieron alguna vez.
Hemos sostenido muchas veces ya, que el hecho de que el PSOE empiece a estar controlado por personajes que tuvieron edad para vivir la Transición en primera línea, y que la vivieron en realidad dedicados a las labores del hogar, revela que ese partido ha caido en manos peligrosas para la democracia, porque no es razonable tener entre cuarenta y cincuenta años, decir que se está en la izquierda, y no haber militado contra el franquismo, pues hay ciertas vocaciones que nunca pueden ser tardías, sin resultar sospechosas.
Trevín no estuvo en lo que había que estar, hasta que la cosa empezó a merecer la pena, desde un punto de vista que tiene muy poco que ver con el interés general, y por eso es un hacha, eso sí, pues se puede decir que es todo un fenómeno para tejer la urdimbre sobre la que se elabora la trama de la política, cuando de lo que se trata es de cohesionar al grupo a base de intereses puros y duros.
Lo demostró y lo demuestra en Llanes y en el oriente de Asturias, donde ha sido capaz de poner a desfilar a los que todavía tienen la Internacional como himno, en pos de solares, recalificaciones y grandes urbanizaciones negociadas con este, ese o aquel multimillonario, que dará al partido todo lo que tenga que dar, menos las gracias, pero además, entre el partido y los multimillonarios, también hay oscuros espacios que crecen. Porque lo peor que puede suceder, si puede suceder, siempre sucede.
Cándido González Carnero y Juan Manuel Martínez Morala, son dos personajes muy diferentes entre sí, que tienen un elemento esencial en común. Al contrario que Trevín, al contrario que Javier Fernández, al contrario que el propio presidente Vicente Álvarez Areces –que sí tiene una historia personal en la Transición, pero ésta para no dormir- dedicaron su vida a la causa de los trabajadores, los pobres, los humildes, los marginados, los que no tienen voz. Es decir, toda su vida han sido profundamente coherentes con su militancia, y hasta tal punto lo han sido, que ahora mismo están procesados, a instancias de los desertores de la noble causa de la emancipación de los que menos tienen, convertidos en agentes del capitalismo más rapaz y depredador.
Morala y Carnero estorban para que se puedan desarrollar urbanísticamene los solares de los astilleros, que ya están preparados, uno en manos de una empresa que no existe en la realidad, Pymar, y el otro se acaba de entregar a una oscura empresa privada, con todo el ánimo de engañar –hace dos meses decían que Vulcano era el futuro y ahora que ya le quitaron el solar al Estado, tiran hacia delante sin guardar las formas siquiera-, pues todavía está fresca la memoria ciudadana, para recordar cuando el verano pasado, todos repetían que la privatización de Juliana era el futuro para Izar, y en unos pocos meses, ese futuro ya no cuenta.
Acaban de privatizar Izar y ya hay que desmantelar la nueva Juliana, y eso que decían que la privatización garantizaba esto, lo otro y lo de más allá. Su jeta es ilimitada. ¿En cuánto le regalaron el solar a Vulcano? ¿No se justificó la entrega del solar en condiciones risibles porque garantizaba la continuidad?
El diario El Comercio de Gijón, la ciudad en la que empieza mañana el primero de los dos juicios encadenados contra estos sindicalistas, se ha encargado de demostrar que sí hay una relación profunda, entre el procesamiento de Carnero y Morala, y las operaciones desarrolladas por los interesados en culminar los negocios que inició, como alcalde gijonés, en la bahía de El Musel, el hoy presidente del Principado, siempre apoyado por los responsables de la coalición Izquierda Unida, implicados en dichos negocios hasta las cachas, a través de algunos de sus más conocidos agentes, introducidos directamente en el mercado de la promoción inmobiliaria convertida en plataforma para la financiación ilegal de la política.
A lo largo de la última semana, El Comercio hizo desfilar en fila india, por sus páginas, recitando la misma melodía, al secretario de los socialistas gijones, José Manuel Sariego, al secretario general de la UGT, Justo Rodríguez Braga, al del sector del metal, Eduardo Donaire, y todavía este mismo sábado entrevistaba a los dos propios que Donaire y Braga tienen en Naval Gijón, impartiendo la doctrina del traslado de los astilleros, como solución a una crisis creada, entre otros muchos factores, por la desvergonzada dilapidación de recursos públicos, en operaciones incontroladas y locas, sin ningún criterio empresarial, en un puro expolio desatado sobre una industria que en realidad ya está condenada al cierre, desde el mismo día en el que el hoy presidente del Principado, comenzó la creación de dos playas delante de las dos grandes factorías navales que quedan en el centro de Asturias.
Se han fundido miles y miles de millones de pesetas en esta carnavalada que tenía como único objetivo culminar el gran pelotazo de la bahía de Gijón.
Este martes empieza el juicio contra Carnero y Morala, acusados de no se sabe qué confusos daños que causaron al patrimonio público, mientras que el Delegado del Gobierno en Asturias, Antonio Trevín, lider del sector del PSOE conocido como la Tercera Vía, y el más ligado por lo tanto a la UGT del Metal, impulsa desde El Comercio, el desalojo de unos astilleros que se acaban de privatizar, hacia una ignota aventura que disfrazan de traslado de la actividad industrial al puerto del Musel. Una pura cortina de humo para esconder el aroma del gran asalto al patrimonio público.
¿Pueden estar pidiendo las autoridades políticas asturianas, el encarcelamiento de dos líderes sindicales que defienden el patrimonio colectivo mejor que nadie, y a la vez malbaratar ese patrimonio a la vista de todo el mundo?
Los mismos que acusan a Carnero y a Morala de hacer daño a los bienes públicos, por culpa del maldito semáforo, están impulsando un atraco de dimensiones pavorosas al patrimonio público. Quienes impulsaron la privatización de Izar a Vulcano –una empresa en quiebra-, libre de cargas, para pedir ahora que se saquen las plusvalías a ese solar en una confusa operación para la que el Estado ni tan siquiera tiene fondos, son los que realmente están asaltando los bienes colectivos, con cifras de vértigo en juego, y a la vista de todo el mundo.
¿Es que no nos estamos dando cuenta de que los mismos que están asaltando la caja común en la bahía de Gijón pretenden mandar encima a la cárcel a los que protestan, por eso, por protestar?
¿Queda sangre roja en las venas de la izquierda asturiana? ¿Sólo fluye dinero por ellas?
Los asturianos que conservan la dignidad, están apoyando este Manifiesto a favor de estos dos mártires de la libertad, en una tierra sojuzgada por las más turbias mafias económicas.

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