Exponíamos aquí que los socialistas gijoneses sólo podrían votar «sí» o en blanco en la asamblea del partido celebrada ayer para que las bases refrendaran la lista electoral de mayo. Pues bien, resulta que en las horas previas al cónclave llegó una circular de los altos mandos del partido en la que se imponía que el «no» también fuera puesto a disposición de los militantes. Se ve que algunos reclamaron lógica, por lo menos. Queda feo que a uno le pregunten por algo y le digan:

-Sólo puede decirme que bien, o callarse.

-¿Y si quiero decir que mal?

-A ver la ballena.

Habíamos interpretado que tal eliminación del voto negativo suponía una cautela inapropiada que transformaría cualquier votación en un simulacro democrático. Pero, finalmente, en PSOE pudieron votar con el «kit» completo de respuestas. Un triunfo más de la democracia.

Con todo, la candidatura encabezada por Felgueroso obtuvo lo esperado: un amplio respaldo, con el 75 por ciento de votos afirmativos. Votaron en total 572 militantes, lo que significa que 429 refrendos han bastado para empujar la lista de quienes podrían gobernar una ciudad con 270.000 habitantes.

Evidentemente, serán las urnas las que mostrarán la suma de apoyos de los gijoneses al PSOE, y ésa será la base de su representación, pero a lo que vamos es a que los partidos, «instrumento fundamental para la participación política» -Constitución Española, artículo 6-, son un islote minúsculo en medio de la sociedad. Ello, por supuesto, no es exclusivo del PSOE, pero, en esto, la democracia no avanza, sino que retrocede, a la vista de los datos de afiliación en partidos.

Volviendo al 75 por ciento de apoyos, lo restante es una cuarta parte del partido que, al parecer, discuten el mano a mano de Felgueroso y Sariego en la confección de la lista. No obstante, la cohesión del PSOE gijonés parece recia. El poder arma mucho. En cambio, la oposición desarma, como puede comprobarse con el PP de Pilar Pardo, cuyo 30 por ciento de disidentes vuelve hoy a los tribunales.