Gabino de Lorenzo ha pedido disculpas por haber tratado de enterrar al Real Oviedo antes de muerto, promoviendo al mismo tiempo un recambio que no cuajó. Obligado cada temporada a hacer borrón y cuenta nueva, puede que el aficionado logre olvidar aquella operación fallida. Quien no olvide, también puede perdonar. Con tal de avanzar hacia la salvación económica y deportiva, muchos aficionados, empezando por los actuales gestores del club, estarán dispuestos. Aquí paz y después y gloria. Pero la operación no sólo fue un fracaso deportivo. Fue, sobre todo, una vergüenza ciudadana que no convendría olvidar para evitar que pueda repetirse. Entre agosto y septiembre del 2003 se produjo en Oviedo una especie de abducción colectiva que llevó a muchos miembros ilustres de la tan afamada sociedad civil ovetense a renunciar a su voluntad y someterse al dictado que marcaba el Poder. Por la oficina del Café Español, centro de captación de socios del Oviedo ACF, pasaron deportistas, políticos, empresarios, funcionarios y hasta oviedistas que no dudaban en mostrar orgullosos su nuevo carnet. El tiempo demostró que muy pocos sentían algo por sus colores. Lo que mostraban no era una afiliación deportiva, era una renuncia a su voluntad individual, un sometimiento que adquirió entonces tintes grotescos por la cantidad de conciudadanos que descubrimos que estaban dispuestos a dejar en casa su dignidad. Una ciudadanía que se siente orgullosa de su talante liberal, mostró entonces lo fácil que resulta someterla. Es lo que no olvidaremos de todo aquel aquelarre quienes no somos aficionados al fútbol.

Nacho Montserrat. Periodista.