Para Mahmud Ahmadineyad, su guerra no sólo es contra Estados Unidos y el mundo occidental. También lucha en su propio país. El presidente iraní se ve inmerso en una oleada de críticas y ataques que le llegan desde diversos frentes: la universidad, la jerarquía religiosa y política, los medios de comunicación, la calle. El ultraconservador Ahmadineyad, convertido por EE. UU. en su bestia negra directa, se enfrenta en Irán a una campaña en su contra, fomentada incluso por los propios medios de comunicación estatales.

Las últimas andanadas las firman dos de sus antecesores, Mohamed Jatami y Hachemi Rafsanyani. Y la anterior, el gran ayatolá Husein Ali Montazeri, un disidente con peso, ya que fue el delfín del ayatolá Jomeiny, el fundador de la República Islámica de Irán. Antes de ellos lo habían hecho Akbar Alami, importante diputado moderado, y Husein Marachi, portavoz de un partido político. O la prensa: duras críticas de periódicos como Jomhouri Eslami o Hanshahri.Y en diciembre, la dureza contra Ahmadineyad vino de los estudiantes universitarios.

Es un camino que va creciendo desde que se ha hecho evidente en Irán que el actual presidente - elegido en agosto del 2005 con un programa populista que prometía revertir los beneficios del petróleo a las familias, erradicar la pobreza y acabar con el desempleo- está fracasando en sus proyectos y, en cambio, llevando al país a una situación de evidente riesgo por su enfrentamiento con EE. UU. y Occidente. Aunque Estados Unidos se ve como el enemigo a muerte, hay evidente inquietud en Irán por la arrogancia con la que Ahmadineyad desafía constantemente a Bush y a los dirigentes occidentales.

"Ahmadineyad, símbolo de los prejuicios y la corrupción", "Abajo con los dictadores" y "Los mentirosos deben irse" son algunos de los lemas con los que los universitarios acogen la escasa presencia del presidente iraní en sus aulas. En diciembre, los choques entre grupos que lo criticaban y otros que lo defendían convirtieron la Universidad Amir Kabir en un campo de batalla, que acabó con varios estudiantes hospitalizados.

Mientras Ahmadineyad alababa la "tolerancia" de su régimen, en contraposición a la "dictadura" de épocas anteriores, los radicalizados estudiantes pidieron libertad y lucha contra la corrupción. El reformismo que lideró la universidad iraní con el anterior presidente Rafsanyani se ha visto coartado por las medidas represivas - detención de estudiantes, involución, medidas contra la mujer- tomadas por la actual Administración.

"En estos momentos es necesario ser cauto, tener una visión a más largo término, hablar con más prudencia", advirtió ayer Rafsanyani.

"Yo condeno firmemente este acto", afirmó el viernes Jatami, en referencia a la conferencia internacional negacionista sobre el holocausto judío celebrada en Teherán. "Hay que saber actuar con inteligencia contra el enemigo y no provocarlo; los extremismos no sirven para los intereses de la sociedad", dijo el ayatolá Montazeri, quien se preguntó ante la "presión internacional" a la que se enfrenta Irán si no sería preferible "la apertura del espacio político" y la "liberación de prisioneros políticos".

"Algunas provocaciones y el aventurismo del presidente no se corresponden con nuestra política exterior", avisó el lunes el diputado Alami en el Parlamento. "Aquellos que definían como bravata el envío de nuestro proyecto nuclear al Consejo de Seguridad para que nos sancione deben ahora responder de sus actos", dice Marachi, portavoz del Partido de los Reconstructores. El 23 de diciembre el Consejo de Seguridad acordó sanciones económicas contra Irán por su programa nuclear. Pese a ello, el Gobierno anunció ayer que ha comenzado a instalar tres mil centrifugadoras para enriquecer uranio.

Las críticas alcanzan asimismo a la política económica del Gobierno, en un Irán castigado por la inflación. Pese a que oficialmente no supera el 13%, en asuntos sensibles para la población -alquileres de pisos y comida- los precios han subido hasta un 50%. Sin embargo, el presidente se permitió el pasado domingo, al presentar los presupuestos al Parlamento, afirmar que los precios son más bajos de lo que publican los medios y recomendó a la gente que compre las cosas "al vecino" y no en las tiendas, que suben los precios. En un país donde el pequeño comercio es el eje central de la vida ciudadana, las críticas han sido constantes desde entonces, incluso a través de la televisión estatal y de la agencia oficial de noticias Irna.