Cuando José Antonio Girón comenzó a construir en Gijón, parroquia de Cabueñes, el gran sueño fascista de un desmesurado centro de enseñanza, mayor aún que El Escorial, mayor que ningún otro edificio de la España irredenta –todavía no se ha construido nada más grande-, destinado a ser la "Universidad de los obreros uniformados", hubo algún gran beneficiario de las correspondientes adjudicaciones de obra, que vestía camisa azul, cuyos descendientes todavía se están gastando las plusvalías de la piedra que no era piedra, el cemento que no era cemento, y los materiales que daban dos y tres vueltas al ruedo, antes de colocarse por fin en alguno de los infinitos rincones en los que la llamada Universidad Laboral disfraza la humildad de la mayoría de sus materiales de pega, con la vocación de eternidad de las grandes obras de la antigüedad, que por cierto, también tuvieron en su evolución, momentos estelares para el camelo arquitectónico, para construir grandiosos monumentos de ladrillo y hormigón, revestidos con chapa de piedra.

La arquitectura del naciente franquismo emulaba a la Roma decadente que ya no podía aportar los bloques de travertino necesarios para la inmensidad de las obras públicas imperiales. La España arruinada por la Guerra Civil, ansiosa de símbolos, sólo podía emular los fastos de un imperio decrépito, recurriendo a la gran arquitectura de pega. Encima había algunos por allí que ya desangraban, en tan temprana fecha, las obras de un régimen que tenía por delante largo recorrido. Las buenas costumbres de nuestro país, nunca se pierden. Y ahora menos que entonces, en estos tiempos en los que hay tanta gente empeñada en demostrar que la característica esencial del franquismo no era precisamente la corrupción.

Tras una larga agonía que coincidió con los años finales de la dictadura, en los que se cuidaba y mantenía la Laboral con un cierto orden y concierto, el edificio entró en una época de desatención, cuando no de decrepitud, que coincidió con los tiempos finales de lo anterior y los germinales de lo que tenemos ahora, en los que se personificaba en la “Uni” buena parte de los males del régimen de Franco, para convertirse en un edificio poco menos que maldito, rodeado por una siniestra leyenda negra, que impedía que los demócratas asturianos se dignasen echar una mirada sobre aquella pirámide de frialdad arquitectónica y corrupción, comparable tan sólo a la mítica Ensidesa, en la que entraban también, “los que no valían”, con los famosos camiones que hacían un circuito digno del pajarito de un reló de cuco.

Los estudios de FP se redujeron al mínimo por la explosión universitaria del desarrollismo y de los nuevos tiempos democráticos –en este país todos licenciados-, y el edificio se fue despoblando, carente de iniciativas que le dieran un nuevo impulso, con la excepcional atención que se le dedicó al teatro, gracias a aquel magnífico Festival de Cine Infantil que allí promovió Isaac del Rivero, que fue desnaturalizado y definitivamente trasladado al centro de la Ciudad, al Jovellanos, dejando la Laboral al cuidado de los fantasmas de su pasado, que vagaban por allí arrastrando vetustas hormigoneras, mientras por aquí y por allá, se caía alguna placa entre yugos y flechas, dejando al desnudo el humilde ladrillo que se micronizaba entre el cemento tocado por la aluminosis.

El alcalde tansformador de Gijón, el alcalde que creó playas, recreció murallas, trasladó puertos pesqueros, se reinventó la Torre del Reló y elogió el horizonte con un chillido de hormigón que se pudre por dentro por efecto de la brisa marina, Vicente Álvarez Areces, se negó en todo momento a darle a la Universidad Laboral el destino que pedía el edificio. Gijón clamaba porque la “Uni” fuese eso, la “Uni”, y no la decrépita ruina en la que Areces mantuvo el complejo durante todo su mandato como alcalde, obsesionado por las obras de nueva planta, por el Campus de Viesques, en las inmediaciones de Cabueñes, de donde salió mucho, muchísimo ladrillo, y un sinfín de solares gestionados a mayor gloria del campestre “campus” que avanzaba hacia Cabueñes, mientras preparaba su asalto, con Sergio Marqués -que ahora va de lider "asturianista"- y las maletas de su Autovía Minera mediante, a la presidencia del Principado (ahora vuelven a utilizar a Marqués en otra operación para dividir el voto conservador).

A partir de entonces, con Areces en Suárez de la Riva, la cosa cambió. El presidente de la naciente Asturias de los mil años, necesitaba una sede adecuada a la grandiosa magnificencia de su régimen, para instalar la caja de resonancia de sus pompas, y así, nada más llegar, y tras despistar un poco reservando un solar en el Parque Tecnológico de Llanera, más que nada para que no lo pudiesen comprar otros, se tiró en plancha a por la Laboral en cuanto pudo, para convertirla en la sede de su televisión, la más fantástica, grandilocuente y pomposa sede de una televisión jamás vista en el mundo entero, y el que diga que exageramos, que explique por qué, aportando un caso similar que no se da ni en la peor de las tiranías bananeras.

A alguien se le ocurrió bautizar aquello como La Ciudad de La Cultura y la Tecnología, pero quien quiera que fuese, si no fue personalmente Vicente el Presidente, nunca se molestó en explicar en qué consiste eso, sino es otra cosa que un desmadre integral. Da igual, aquí vale todo. Hoy, la Laboral es una auténtica pesadilla, el producto de una noche loca de hombres, mujeres, vino, carreteras y motor: cafeterías, restaurantes, uno o dos hoteles, un gran plató de público con aspecto de teatro, para la televisión; un gran plató cultureta, con aspecto de sala de exposiciones, con gerenta de lujo incluida que a nada viene por aquí -¿para qué va a venir?-, para la televisión; unos enormes jardines para hacer programas de televisión al aire libre; y para completar el pastel, algún centro universitario, un despacho para su mujer –la de Tini, claro-, y por supuesto, los estudiantes y los profesores de FP fuera de allí, a la puta calle, porque eso de la FP, ya se sabe que no son estudios dignos de un caché como el que tienen los patanes que están diseñando esto, entre los que está un arquitecto del partido, inhabilitado para ejercer, tal y como inútilmente se denunció en la prensa.

A los señoritos del arecismo les molesta la FP, los estudios técnicos que habilitan a los profesionales de los que más necesitados está Asturias. Areces, que echó a los estudiantes de FP de sus espacios, en un tinglado de nuevos ricos patanizados a base de huera palabrería, en el que sobra sitio por todas partas, tenía que echar de allí a la gente que estudia una profesión en la que las manos se manchan de grasa, para meter allí televisión, kultura, tecnología, I+D+I, sinergias mil y payasadas varias.

Recomendamos encarecidamente que lean este artículo de Edmundo Pérez, que atinadamente publica hoy La Nueva España de Gijón, ahora que se está viviendo la polémica por esos estudiantes de FP que se tienen que marchar de la Laboral, para que Areces meta allí sus fantasías tecnológicas, sus pretextos de vía estrecha para ir a las pomposas Conferencias de Presidentes a vender que él desarrolla en Asturias eso que llaman I+D+I, porque metió en lo que él mismo denomina La Ciudad de la Cultura y la Tecnología, sin que nadie sepa en qué consiste tal cosa, unos cuantos empleados de la Thyssen de Mieres, que ahora dicen todos que son del "Centro Mundial de Investigación de ThyssenKrupp Elevator", en otro tinglado que suena al enésimo camelo de cuantos vamos sufriendo con resignación cristiana, año tras año, a estos embaucadores profesionales que saben de nuestra paciencia infinita para con sus majaderías.

Dice Edmundo Pérez: “Noticia tremenda: el metal necesita cuatro mil profesionales cualificados para afrontar su carga de trabajo. Soldadores, caldederos, montadores, ajustadores, torneros, tuberos, electricistas... son algunas de las profesiones con mayores necesidades. No hay técnicos cualificados para cubrir un mercado de trabajo de 7.600 empleos”.

¿Sabían ustedes que se está echando de la Universidad Laboral a los estudiantes que necesita el mercado laboral de especialistas del metal, para llenar aquello de gilipolleces, mientras en Asturias se despilfarran cantidades ingentes de dinero de formación que se van a los sindicatos y a la patronal, para cubrir gastos, mientras los especialistas que necesitan las empresas no aparecen por ningún sitio? ¿Alguien lleva la cuenta de lo que se ha gastado aquí en formación para el sector del metal? ¿Podemos permitir que con ese despilfarro de recursos de formación a la vista se trate a patadas a los estudiantes del sector?

¡Qué banda!

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