Mientras usted lee este diario tal vez la tensión, la violencia y la rabia joven estén poblando de nuevo las calles de Alcorcón, azuzadas por el llamamiento de grupos xenófobos que han estado enviando mensajes por internet y móviles toda la semana para que "la furia española caiga sobre ellos y se vayan antes", a raíz de los graves incidentes que se produjeron entre jóvenes de distintas nacionalidades el último fin de semana. Alcorcón es una ciudad dormitorio de más de 160.000 habitantes en la periferia sudoeste de Madrid. La población inmigrante, sobre todo latinoamericana, ha crecido de un 3,8% en el año 2000 a más del 13% en el 2006, pero no hay indicios de que haya más racismo allí que en el barrio donde usted vive. Sin embargo, ha recabado la atención mediática a raíz del enfrentamiento que se produjo el pasado sábado entre decenas de jóvenes con palos y navajas, tanto españoles como inmigrantes en los dos bandos.

Todo empezó por una pelea entre dos chicas el jueves anterior: una española con novio dominicano y una mexicana con novio boliviano. La española recibió, su novio dominicano quiso vengarla y al final fue el boliviano el que le rompió la cara. Entonces el dominicano movilizó a sus compañeros de instituto, la mayoría españoles, que asediaron el domicilio de un amigo del boliviano que resulta ser también dominicano. Y ahí empezó la violencia. Todo este lío étnico es significativo porque, como se ve, la interpretación de españoles contra latinoamericanos no se ajusta a los hechos. En cambio, lo que sí es un dato es el enemigo designado por los enfurecidos alborotadores: los latin kings, banda a la que según ellos están afiliados el boliviano y su amigo cercado en su domicilio. Los latin kings son una pandilla de jóvenes latinoamericanos nacida en las calles de Nueva York y extendida mediante redes de inmigración a toda Latinoamérica. Y ahora, desde hace unos años, a Madrid y a Barcelona. Como otras pandillas semejantes, como los ñetas (originalmente surgidos en Puerto Rico y con una fuerte presencia en Ecuador y alguna entre los jóvenes inmigrantes ecuatorianos), no son necesariamente violentos.

Según me informa uno de los principales expertos en el tema, el profesor Eduard Vinyamata, se trata ante todo de culturas juveniles propias que viven en torno a sus valores compartidos y a sus redes de apoyo mutuo. En condiciones de pobreza, como en Ecuador o en los guetos estadounidenses, suelen entrar en el mundo de la delincuencia como forma de vida. Pero en España, donde tienen educación y sus padres trabajan y viven con normalidad, constituyen sobre todo un modo de vida y de autoafirmación. En cierto modo son formas específicas de sociedad civil cuya distancia con la sociedad depende en buena parte de cómo reaccionen las instituciones. Por ejemplo, en Catalunya, por iniciativa de la Generalitat y con una inteligente política de los Mossos debidamente asesorados por expertos, los latin kings, los ñetas y otras pandillas se han constituido como asociaciones legales y son interlocutores de la Administración, con quienes solventan problemas e incluso controlan a sus propios excitados. En cambio, en Madrid son vistos con prevención por parte de la policía y por tanto sus reacciones son menos previsibles.

Claro que en el caso de Alcorcón la policía sostiene que no hay latin kings y que la violencia no tiene nada que ver ni con pandillas ni con xenofobia, que es un tema de macarrillas.Pero los jóvenes, mayoritariamente españoles, que invadieron las calles y se liaron a porrazos y navajazos con quienes identificaban como enemigos lo tenían muy claro: iban a por los latin kings, según decían ellos y sus mensajes, y hablaban de liberar las instalaciones deportivas del centro de jóvenes que la susodicha pandilla habría ocupado (en realidad, parece que les cobraban a los críos más pequeños por dejarles jugar en esas instalaciones). Y los jóvenes del lugar suelen saber lo que pasa. Pero como hay latinoamericanos en ambos bandos es muy posible que estemos asistiendo a conflictos entre pandillas y sus redes de influencia y apoyo, más que a choques étnicos. Porque habiendo investigado personalmente estos temas en los lugares de origen de estas pandillas en Los Ángeles y Nueva York, la forma como estalló el conflicto es típica: agresiones a las novias que hay que vengar como sea porque la regla número uno es que cada pandillero protege a su chica. La regla número dos es que la pandilla protege al pandillero. Yla número tres, que la pandilla existe como forma de apoyo de los jóvenes frente a una sociedad que no les comprende y frente a otras pandillas rivales con las que compiten en captar nuevos reclutas. También la territorialidad es clave. El ocupar unas calles o unas instalaciones se convierte en forma de expresión de su poder. Y por eso el conflicto es territorial: traspasar la frontera o echarlos de un lugar es detonante de violencia.

Ahora bien, lo que en un primer momento parece ser un fenómeno de enfrentamiento entre pandillas está siendo manipulado por grupos ultras y neofalangistas para atizar un movimiento xenófobo que se extiende en las mentes de las personas. ¿Y qué mejor forma de hacerlo que definir un enemigo pandillero y extranjero, con sus símbolos, su lenguaje y su propia cultura que además tiene la osadía de imponer su presencia en los institutos y centros juveniles? La violencia se alimenta a sí misma y enciende la mecha atroz de la venganza. El mensaje por móvil que provocó la concentración del último sábado decía así: "A las 6 todo Alcorcón en las canchas donde el centro de jóvenes. Gente del barrio está muriendo. Movilízate. Alcorcón unido jamás será vencido. Pásalo". El resultado fue un joven español (ajeno a todo el lío) gravemente herido de navaja y otros varios de distintas nacionalidades heridos de consideración, choques con la policía, detenidos y una rabia incontrolada en cientos de jóvenes. Las frustraciones de la vida concentradas en un enemigo semiimaginario calificado de invasor por los racistas de siempre. Y así es como la mezcla de la rebeldía joven, de los enfrentamientos pandilleros, de la xenofobia latente y de la provocación del fascismo que no cesa desembocaron en un alcorconazo que puede reproducirse hoy y mañana, allí y aquí. O aprendemos a convivir en la sociedad multiétnica en que nos hemos convertido de forma irreversible o tendremos que aprender algo peor: acostumbrarnos a la violencia como forma de relación con el vecino.