En el momento en que Kofi Annan abandona sus funciones como secretario general de las Naciones Unidas, ¿qué balance podemos hacer de su actuación al frente de la organización mundial? ¿Hay que decir que ha fracasado en la medida en que las Naciones Unidas no han desempeñado plenamente el papel que les correspondería en el curso de estos diez últimos años?
Piensa uno, claro está, en la guerra de Iraq, desencadenada sin una votación favorable del Consejo de Seguridad. Es más, 11 países de 15 se opusieron a ella sin poder impedirla. Sin embargo, Kofi Annan no es en absoluto responsable de eso. Al contrario, intentó por todos los medios hacer que se respetaran los derechos de la organización internacional en un contexto extremadamente difícil dada la obstinada determinación de emprender la operación militar. Y lo menos que cabe decir es que el curso de los acontecimientos ha venido más bien a dar la razón a los adversarios de la guerra.
También podemos hablar del fracaso de la reforma prevista para el 60º aniversario de la ONU. Kofi Annan creyó posible poner en marcha una gran reforma relacionada sobre todo con la ampliación del Consejo de Seguridad y el aumento del número de miembros permanentes con el fin de reflejar mejor las realidades geopolíticas actuales y no las de 1945. Se produjo un consenso en una gran mayoría de países, pero la oposición de ciertos estados miembros (Estados Unidos y China) impidió la aprobación de dicha reforma, que habría reforzado la legitimidad de la ONU; y eso es sin duda lo que quisieron impedir los detractores de la reforma. No obstante, Kofi Annan, en unas circunstancias extremadamente difíciles en la medida en que el multilateralismo se hallaba en crisis, ha logrado que la organización mundial siguiera actuando, haciendo oír su voz. Ha logrado que no se pasara la página del multilateralismo y que las Naciones Unidas sigan siendo un lugar y una baza esencial en el plano estratégico.
¿Acaso podía hacer más cuando el principal miembro de las Naciones Unidas, la primera potencia mundial, no juega al juego del multilateralismo, que considera un freno insoportable al ejercicio de su propio poderío? La gran paradoja reside en que Kofi Annan fue el candidato de los estadounidenses cuando accedió al cargo en 1996. En efecto, los estadounidenses habían vetado la renovación del mandato de Butros Butros-Ghali, que contaba con el beneplácito de los otros 14 miembros del Consejo de Seguridad. Ahora bien, el curso de los acontecimientos hizo que Kofi Annan, con objeto de preservar los derechos de la organización, se opusiera con energía a Estados Unidos en numerosas ocasiones. En su discurso de despedida pronunciado el 11 de diciembre criticó con dureza al Gobierno de Bush dando a entender que Estados Unidos pisoteaba sus valores fundadores en la lucha contra el terrorismo. Nadie pone en duda que Kofi Annan habría preferido trabajar con el padre del actual presidente estadounidense, quien durante su estancia en la Casa Blanca alabó los méritos de las Naciones Unidas y del nuevo orden mundial basado en el multilateralismo y el derecho internacional.
Kofi Annan tampoco habrá visto a lo largo de sus dos mandatos avance alguno en la resolución del conflicto palestino-israelí. Aunque también aquí vemos que se trata del fracaso de las grandes potencias más que de las Naciones Unidas como organización.
El surcoreano Ban Ki Mun, nuevo secretario general de la ONU tras su toma de posesión del 1 de enero, se estrena en un contexto muy difícil. Ban es un hombre de consenso, con una buena reputación en el plano moral y profesional. Corea del Sur ha sabido poner de manifiesto en los últimos tiempos que posee una diplomacia independiente. Ban tendrá que estar a la altura de su tarea, que es inmensa, y tendrá que enfrentarse a numerosos problemas y desafíos.
Decir que hay dificultades debido a la actitud de algunos miembros permanentes que no hacen nada por ayudar a la organización internacional constituye un eufemismo. Sin embargo, el unilateralismo desenfrenado de Estado Unidos acaba por debilitar no sólo a las Naciones Unidas; también tiene como efecto debilitar a los propios Estados Unidos mediante un aumento de su impopularidad. De modo que no sólo están en crisis las Naciones Unidas, lo está el multilateralismo, y la crisis del multilateralismo repercute naturalmente sobre las Naciones Unidas. El unilateralismo de Estados Unidos produce émulos, porque no puede haber unilateralismo unilateral,lo que ocurriría si sólo hubiera una sola potencia.
El secretario general de la organización mundial tiene un papel esencial, pero una tarea extremadamente difícil; por lo tanto, a Ban Ki Mun le hará falta mucho talento, mucha perseverancia, para conseguir llevar a buen puerto su misión, que es de interés general.
P. BONIFACE, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París. Traducción: Juan Gabriel López Guix.

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