Se acerca la hora de la verdad para Endesa, y para quienes optan al control de la gran empresa eléctrica española, porque el próximo día 2 de febrero se han de conocer las ofertas finales que Gas Natural y E.ON presentarán a los accionistas en su pretensión de hacerse con el control de la compañía como resultado de una legítima batalla financiera y empresarial, pero también de una turbia lucha política en la que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha jugado, y muy fuerte, del lado del nacionalismo catalán —a través de la OPA de Gas Natural que tantos problemas le ha traído a La Caixa—, bien como parte del pago de sus acuerdos políticos sobre el nuevo Estatuto de Cataluña, bien como revancha frente al grupo de empresas estatales que fueron privatizadas en tiempos de José María Aznar y que este Gobierno ha querido colocar a su favor, tal y como nos lo confesó el propio Zapatero en una charla informal en el Congreso de los Diputados al afirmar que en este grupo de empresas el presidente de Endesa, Manuel Pizarro, era “el jefe”.

Semejante apreciación, que presupone un elogio de liderazgo de Manuel Pizarro, no es cierta porque no estamos hablando de un holding y porque tanto Francisco González, presidente de BBVA (quien ya sufrió y ganó otra embestida de la Moncloa), como César Alierta, presidente de Telefónica, no tienen jefes, y eso por citar sólo dos casos emblemáticos. Aunque está claro que Pizarro se merece hoy el mayor de los elogios porque, en primer lugar, ha impedido el desguace de la compañía que pretendía Gas Natural, ha defendido los intereses de los accionistas de Endesa y ha puesto el valor de la acción —como consecuencia además de una gestión impecable— en unos niveles de rentabilidad excepcionales. Y ahora, una vez más, serán los accionistas quienes decidan el futuro de la compañía ante las ofertas que se presentarán en los próximos días y que conocerán el 2 de febrero. Aunque de aquí hasta entonces vamos a asistir a toda clase de maniobras orquestales en la oscuridad por parte del Gobierno y de sus aliados. Primero Gas Natural y ahora Acciona, empresa esta última que se presenta como independiente aunque todo apunta a que está jugando del lado de la Moncloa y del nacionalismo catalán. Y puede también que con acuerdos previos y secretos, que serían ilegales, con Gas Natural y otros operadores, e intentando forzar el apoyo de Caja Madrid, para que Zapatero y sus amigos acaben ganando la partida, lo que está por ver.

Y llama la atención en todo esto el comportamiento de este entrometido habitual (en FCC, Endesa y otras aventuras) que parece ser Juan Manuel Entrecanales, líder de Acciona. Quien, además de buscar con gran habilidad —y ello hay que reconocérselo— un beneficio inmediato de su inversión por la revaloración —gracias a Pizarro— del 21 por ciento de las acciones de Endesa que compró, quiere a estas alturas presentarse ante el total de los accionistas de Endesa como caballero blanco (más bien parece el caballero negro del Gobierno) en la presunta defensa de la españolidad de una compañía que sus aparentes aliados, Zapatero, los nacionalistas catalanes y Gas Natural pretendían desguazar. Y que además levante la bandera del patriotismo español un Entrecales que no quiso defender el españolismo de Airtel para dar su particular pelotazo con Vodafón, siguiendo el modelo y la tradición de las muy grandes familias financieras de España, que tienen el patriotismo en la cartera pero no en el corazón. ¿O es que Entrecanales adora a este Gobierno del PSOE sostenido en el poder por sus aliados nacionalistas de ERC y PNV?

Al final mandará el mercado, es decir, los accionistas, inversores y fondos, que si están en Endesa es porque la compañía va bien, porque Pizarro les ha dado unos dividendos espectaculares y les ha subido la acción hasta límites insospechados. Y también porque en el complejo y cada vez más difícil mercado energético internacional —y no digamos en el gasístico, visto lo que ocurre en Rusia, Argelia y América Latina— lo que prima son las grandes empresas capaces de garantizar los grandes contratos de materia prima y no los pequeños consorcios de especulación política, financiera, que tarde o temprano acabarán siendo absorbidos por los grandes en el mundo global en el que estamos. Y si, por ejemplo, Entrecanales es tan patriota y español, y no uno de los caballeros negros —que no blanco— de Zapatero y del nacionalismo catalán y de otros posibles aliados que aún están por aparecer en torno a Gas Natural, pues que presente su propia OPA por el cien por cien de la compañía, subiendo el precio y ofreciendo dinero y no papelitos, una vez que la primera oferta de poco más de 20 euros por acción de Gas Natural se quedó desbordada por la de E.ON y por el mercado bursátil, donde ya se acerca a los 40 euros, y está a la espera de que se abran de una vez por todas las ofertas de los dos aspirantes.

Estamos en una economía liberal, en un mercado europeo donde el Gobierno ha hecho todas las trampas e irregularidades posibles manipulando la CNE —que ha sido llevada a los tribunales europeos por prácticas contra la competencia— y en un ámbito de clara libertad financiera donde los accionistas son los amos de la situación, e imaginamos que no los tontos que estén dispuestos a aceptar ofertas que, por ejemplo, incluyan el pago en papelitos u otras acciones, en lugar de la mejor de las ofertas en dinero. Y sorprende que tanto Gas Natural como Acciona estén presionando a Caja Madrid para que se una a una operación pilotada por La Caixa, el PSOE y los nacionalistas catalanes, y en contra de lo que tiene que ser el primer compromiso del presidente Blesa, que es la rentabilidad de la entidad que lidera. Y si de españolismo se trata, ahí está Manuel Pizarro, quien, tras dejar de lado las más tentadores ofertas personales de los competidores en curso, supo mantener con mano firme el timón de la nave y la unidad de la compañía frente a lo que ha sido y es una operación política. Un pago en especies al nacionalismo catalán por una parte, y una extraña cuestión de “honor” o cabezonada de Zapatero que, por lo que se ve, sigue en el empeño de conseguir el “final feliz” que se autoprometió delante de la canciller Merkel, a la que también engañó, porque cuando dijo eso parece que ya andaba trotando por los jardines de la Moncloa el caballero negro de Acciona.

Aunque si de caballeros y caballos se trata, ahí tenemos a Manuel Pizarro, quien, bien a caballo —como está representado don Francisco Pizarro en la plaza mayor de Trujillo— o a pie, se merece una escultura en la puerta de Endesa por todo lo que ha hecho por la compañía, empleados y accionistas. Dando ejemplo de entereza y capacidad y haciendo frente a unas intrigas financieras y políticas tan impresentables como turbias y lejanas de la legalidad. La hora de Endesa está cerca; Pizarro hizo honor a lo que representa su apellido y, sobre todo, a su responsabilidad empresarial. Lo que también debe ser tenido en cuenta por los accionistas, porque existe una tercera opción: dejar las cosas como hoy están.