PERSPECTIVA INTERNACIONAL

Estados Unidos asegura que "no hay más alternativa que la energía atómica"

"No hay alternativas al petróleo. No hay otras opciones". Más claro, imposible. Las petroleras reaccionaron ayer de esta forma ante la creciente demanda de reducir las emisiones y de invertir en energías renovables.

El presidente de Exxon, Rex W. Tillerson, recordó que el consumo de petróleo para el 2030 se incrementará un 50%. Y que, para aquel entonces, los combustibles fósiles representarán aún un 20% del consumo. Su tesis es que por mucho que algunos sectores modifiquen sus fuentes de aprovisionamiento energético, el crecimiento económico en los países en vía de desarrollo y en particular de Asia seguirá fomentando la demanda de crudo. "Nosotros estamos aquí para servir al mercado", explicó.

Pese a que en las últimas semanas se había especulado sobre un cambio de estrategia de Exxon frente al debate sobre el cambio climático, Tillerson descartó que su compañía tuviera que intervenir directamente y, en cambio, optó por pasarle la pelota a la industria automovilística.

En su opinión, hay que mejorar la eficiencia de los motores, que en los últimos años ha mejorado tan sólo un 1% (un mensaje que tiene una clara alusión a la industria estadounidense de Detroit). "De aquí a diez o treinta años las cosas no serán como la gente imagina", dijo en respuesta a las previsiones más catastróficas sobre cambio climático.

Por su parte, el consejero delegado de Shell, Jeroen van der Veer, dijo que a las petroleras no les corresponde el papel de intervenir sobre las emisiones. "Es tarea de los gobiernos elegir la mezcla energética que consideren más oportuna", afirmó. En este sentido, el máximo ejecutivo de Shell cree que las energías alternativas no son un apuesta ganadora. "Lo que funciona es el combustible que es limpio, barato y conveniente.

Y el mercado ya ha elegido que lo mejor es la gasolina, que se puede encontrar en todos los sitios - a diferencia del hidrógeno- y que sigue siendo más barata que muchas de las renovables", indicó.

Van der Veer coincidió en que en los próximos 20 años se consumirá más petróleo y más gas. En cuanto a las fuentes de energía alternativas, sus comentarios fueron tajantes y utilizó una metáfora gastronómica. "Cuando uno no sabe qué cocinar, tiene la tentación de poner muchos ingredientes en la olla. Pero si la comida al final huele mal, entonces es mejor tirarla a la basura".

Tampoco el escepticismo que despertó el pasado miércoles entre los asistentes a Davos el desarrollo de la energía nuclear parece haber encontrado mucha acogida entre los gobiernos. El secretario de Energía de Estados Unidos, Samuel W. Bodman, dijo que en 20 años se prevé un aumento del consumo de energía eléctrica en el mundo del 50%. Para ello, admitió, no ve "más alternativa que la energía atómica", con la construcción de centrales de tecnologías más avanzadas.

En el debate intervino también el presidente del gigante ruso Gazprom, Alexander Medvedev. "No entiendo por qué todo el mundo parece temer a Gazprom", exclamó. En todo caso, Europa parece estar destinada a tener que negociar con él. Medvedev aseguró que la dependencia del Viejo Continente de Gazprom pasará en los próximos años del 26% al 33%. O sea, según él, Europa consumirá cada vez más gas por mucho que intente potenciar recursos de origen más limpio.

Las petroleras parecen preocupadas por seguir haciendo sus negocios. Tillerson estimó que Iraq, que en la actualidad produce poco más de dos millones de barriles diarios, podría duplicarlos hasta los cinco millones y superar los niveles anteriores al conflicto bélico, dependiendo de "la seguridad del terreno". "Sus reservas son inmensas y su potencial es enorme", subrayó.