Por fin no una mala noticia. Una noticia proveniente de un país lejano que cundió tanto en la prensa escrita como en la televisada. Lo malo es que, como suele ocurrir en casos parecidos, no sabremos nada más. No habrá seguimiento, que sería lo más interesante.
En efecto, ¿qué será de la muchacha que después de 19 años perdida en la jungla de Camboya ha reaparecido, a los 27, como un animal silvestre? El presupuesto es bastante raro: la niña guardaba bueyes a los 8 años en un paraje perdido cuando la que se perdió fue ella. Su padre creyó que había sido atacada por algún animal salvaje y no hubo más. Hace pocos días se encontraron a una mujer que se apoderaba de arroz en una plantación. Apresada, resultó ser una chica totalmente silvestre que no entiende ningún idioma. No sabe hablar y sólo emite gruñidos. Un capataz ha dicho que era su hija, reconocible por una cicatriz que tenía en un brazo. Se confirmará utilizando el ADN. Mientras tanto la chica ya ha intentado escapar otra vez a la jungla. Rechaza la vida doméstica y no quiere lavarse ni vestirse. Esto último, sin embargo, podría acreditarla como ya civilizada. Son muchísimas las personas que se desnudan, por menos de nada, lanzándose como espontáneos a un campo de fútbol o simplemente como signo de protesta en medio de una plaza. "¿Por menos de nada?". Hay alguna revista que paga muy buen dinero publicando desnudos de ciertas famosas y famosillas, como la maestra de escuela que en su viaje de novios a Cancún fue acusada injustamente de narcotraficar y eso le valió unos días de popularidad. Suficiente para que le ofrecieran una buena suma por desnudarse.
A la noticia procedente de Camboya, de cuya selva emergió esta chica llamada Rochom P´ngieng, se añade lo que podrían ser antecedentes históricos. Esa información se remonta nada menos que a Rómulo y Remo, los dos hermanos amamantados por una loba y a quienes la mitología atribuye la fundación de Roma. También afirma la noticia que la historia registra unos cien casos, como el del muchacho encontrado en un bosque cerca de Toulouse, hace tres siglos, y que dio lugar a la película de François Truffaut L´enfant sauvage. En realidad, todos los casos no son homologables, ni científicamente fiables. Nos han llegado a través de relatos y leyendas más cercanos a la novela que a la realidad. Novela, sin otro propósito, es el personaje de Rudyard Kipling, el cantor del colonialismo inglés. ¿Su personaje, Mowgli, se acercó a la realidad? Seguramente algunos elementos verídicos podía haber. De todas maneras dio pie a otro ejemplar no citado en la aludida noticia y que no hace tantos años alcanzó un predicamento universal. Cuando salió la novela Tarzán no adquirió ningún vuelo especial. Estaba yo cursando el bachillerato cuando La Vanguardia publicó un capítulo diario del libro Tarzán de los monos. Leí las entregas y como hablé de ello a unos compañeros de clase, desde aquel día tenía que contarles, a la hora del recreo, los sucesivos episodios de Tarzán. No fue el libro, sino la película, lo que adquirió un renombre universal. En el filme tuvieron el acierto de designar como intérprete de Tarzán al campeón olímpico de natación Johnny Weissmuller. Las escenas natatorias en aguas quietas entre helechos y ramajes constituyeron una imagen que recuerdan los fieles de las filmotecas. Tanto éxito tuvo la película que hubo una segunda, e incluso una tercera, hasta que la repetición acabó con ellas. Años atrás ocurrió un fenómeno parecido con los filmes de Sean Connery, Agente 007, que después se adocenaron con banales repeticiones.
Pero no se trata de una película lo acontecido en Camboya. El caso es interesante porque se tiene a mano un ejemplar rarísimo de una persona que ha vivido sin contacto humano y por sus propios medios. Se ha discutido a veces qué sería de una persona crecida en solitario hasta llegar a la edad adulta. Ya en el siglo XVIII Jean-Jacques Rousseau, desde la confortable Suiza, escribió un ensayo, Emilio o la educación, que constituyó un escándalo. Sostenía Rousseau que las personas malas o difíciles sólo lo son debido a la acción coercitiva a que se ven sometidas desde su niñez en nuestra sociedad. Hubo mucha discusión si la enseñanza, entonces más dura que ahora, constreñía el espontáneo desenvolvimiento de la persona y la llevaba a rebeldías o sordos rencores que sólo los psiquiatras podían diagnosticar. El estudio de la niña camboyana quizá podrá demostrar, contra la opinión de Rousseau, que la persona no educada acaba siendo ni mala ni buena. Es simplemente un reflejo de lo animal. ¿Qué piensa la camboyana? Es difícil pensar sin haber aprendido a hablar. ¿Hablamos porque pensamos o pensamos porque hablamos? La falta de habla -que puede ser incluso con gesticulado manual- hace que la camboyana no pueda explicarnos nada de lo vivido por ella. Tampoco entiende lo que se le dice y, por consiguiente, no tiene respuestas a las preguntas, que no le alcanzan. Si no se escapa otra vez a la jungla, a sus padres, sean o no legítimos, se les hará muy difícil enseñarle un lenguaje, que, en todo caso, se reducirá a monosílabos, pero carente de coherencia. El habla es el pensamiento y sin el pensamiento ¿se vive con el instinto animal?
Sería curioso, pues, saber cómo se desenvuelve ahora la vida de Rochom P´ngieng. Qué es de ella y de su entorno. Pero es muy probable que ni dentro de unos meses, ni de unos años, sepamos nada. Las noticias las dan, especialmente las agencias internacionales, cuando son sorprendentes y nuevas. Después no hay seguimiento. Se busca otra noticia que impresione al lector. Vale la sorpresa, pero no el estudio.

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