El portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Eduardo Zaplana, sigue echando un pulso al presidente de su partido, Mariano Rajoy, en la crisis valenciana planteada en el seno de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), la cuarta Caja de España y por lo que se ve “el banco de Zaplana”. O la entidad financiera que el ex presidente de la Comunidad Valenciana presuntamente ha utilizado desde hace tiempo en operaciones políticas, financieras, empresariales y mediáticas propias o de su entorno. Y que, al parecer, pretende seguir utilizando a través de sus hombres en el PP de Alicante para que Francisco Camps, el actual presidente de Valencia, no tenga control alguno sobre la citada entidad financiera valenciana y de paso no descubra los tejes y manejes del que fue su predecesor en el cargo. Un Zaplana sobre el que además existen toda clase de sospechas de corte financiero y empresarial que van desde la crisis de Terra Mítica al monstruo de Seseña de su amigo el Pocero, donde al parecer, y extrañamente, también aparece la CAM, además de un largo rastro de Zaplana y de sus más íntimos y notorios colaboradores.

En los últimos días se había descubierto que la facción zaplanista del PP alicantino había pactado con el PSOE el reparto y relevo de los puestos claves de la CAM —se habló incluso de una negociación entre Zaplana y José Blanco—, lo que abrió una de las más serias crisis del PP valenciano por causa de la indignación de Camps, que recurrió a Rojoy para hacer frente a semejante traición y deslealtad. Y fue entonces cuando el presidente del PP dijo, en el Foro de ABC, que mientras él fuera el presidente de este partido una parte del PP —en alusión a los zaplanistas valencianos— no pactaría con otro partido en la CAM, en este caso el PSOE. Pues a pesar de esta advertencia Zaplana y su gente siguen con la intriga y la traición a Camps. Y todo ello con la ayuda explícita de El Mundo y la COPE y provocando en la dirección nacional del PP un problema que hace tiempo que debió ser solucionado por Rajoy, con la salida de Zaplana del cargo de portavoz del Congreso y de los órganos de dirección del partido.

Y ya veremos cómo acaba todo esto tanto en Madrid como en Valencia, porque sólo le falta a Rajoy, en plena tensión nacional sobre el atentado de ETA y sus secuelas, que Zaplana ponga en crisis al PP nacional y al valenciano en vísperas de la campaña de las elecciones autonómicas y municipales. Y esto le pasa a Rajoy por no haber impuesto en su día su autoridad tanto en Valencia como en Madrid, donde Zaplana también actuó en la guerra sin cuartel que la liberticida Esperanza Aguirre lanzó contra el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón. Empeñados como estaban el clan zaplanista de convertir a Aguirre —a la que también llevaron a sus mascaradas liberales de Cádiz— en la presidenta del PP nacional y candidata a la presidencia del Gobierno si Rajoy perdía las elecciones en el 2008, o incluso si se cansaba y dejaba el cargo antes de dicha convocatoria.

Hace tiempo que en la dirección del PP se viene diciendo que Zaplana está en horas bajas frente a Rajoy, a pesar de que pretendió unir su suerte a la de Acebes, con el que montó aquella foto gaditana de los presuntos liberales —y al que le colocó a la Cayetana de El Mundo, que es de su clac—, una vez que Piqué se atrevió a pedir en público el relevo de los dos por estar muy ligados al Gobierno de Aznar que gestionó mal el 11M y llevó el PP a la derrota. Ambos dos, Zaplana y Acebes, son los que han impuesto en el PP la teoría de la conspiración del 11M, y el valenciano tuvo que ser desautorizado o silenciado más de una vez por Rajoy, que además sabe cómo las gasta con sus medios de comunicación afines, la COPE y El Mundo, a los que Zaplana ha ayudado política y económicamente desde que fue presidente de Valencia, como él ha reconocido alguna vez en privado.

Para colmo de sus deslealtades a Rajoy y al PP, Zaplana mantiene abierta una guerra descarada con el presidente valenciano, Camps al que, al parecer, pretendió utilizar como vulgar marioneta cuando le sucedió en el cargo una vez que Zaplana fue llamado por Aznar a Madrid para ocuparse de la cartera de Asuntos Sociales —Ministerio desde donde condecoró a Paco el Pocero de Seseña—, cargo al que se resistía porque aspiraba a mucho más, a una vicepresidencia o al Ministerio de Exteriores o algo así. Es más, en realidad Zaplana se resistía a dejar Valencia, de donde fue sacado por Aznar con toda la intención por dos motivos: porque había montado un virreinato en el PP —como aún se ve, al menos en Alicante— y porque en la Moncloa se temían el estallido de alguno de los escándalos económicos que ya empezaban a sonar (recuérdese el famoso viaje de Zaplana y sus amigotes, Fefé, Boluda y Pérez, en el avión de Buygues a París para una negociación sobre Aguas de Valencia).

Veremos cómo acaba el episodio de la CAM porque, de un tiempo a esta parte, Rajoy no parece estar para ninguna clase de bromas, por más que Zaplana cuente con sus dos guardaespaldas mediáticos y se dice que, también, con el apoyo de Aznar o de Botella, porque en su pandilla de amigotes también figura el yernísimo Agag, con quien a buen seguro Zaplana habrá hecho mangas y capirotes y alguna escapada de las suyas, como la famosa de Sicilia cuando lo pillaron en valenciana compañía, o en Cannes, etc.

En la sede central del PP de la calle Génova se conocen muchas de las andanzas de este personaje y también sus máximas aspiraciones a suceder en su día a Aznar —aunque no estaba en la troika Rajoy, Rato, Mayor— y ahora a Rajoy, por más que tanto él como sus medios afines hayan puesto como pantalla a Aguirre, aunque en privado se mofan de ella —“la tonta de Aguirre”, llegó a decir unos de los famosos publicistas— y han llegado a pensar que el posible sucesor de Rajoy sería el propio Zaplana, que durante estos años ha hecho de duro del PP asumiendo un protagonismo excesivo. Y jugando claramente a la contra de los que podían ser sus competidores naturales en esta presunta carrera de la sucesión de Rajoy, si llegara a celebrarse, como son Rato o Gallardón. En realidad, con quien se lleva bien Zaplana y su hombre/pantalla (productor) Pérez es con el vicepresidente de Aguirre, el chino Ignacio González de la papada, con el que estos dos se fotografiaron en Las Ventas, y de los que se dice que hacen de todo menos lo que deben cada vez que se reúnen, amen de enviarse rijosos correos electrónicos de alto voltaje.

Veremos qué pasa y cómo termina lo de la CAM, pero no sería nada de extrañar que si Zaplana tuviera que escoger entre la dirección del PP y la pasta de la Caja de Ahorros se fuera con la pasta, a vivaquear y entre otras cosas posibles a hacer negocios con Agag.