En los mismos días en que este periódico publicaba un editorial felicitándose por la recuperación del turismo (Gran año turístico,22/ I/ 07) y reclamando "nuevos estilos de turismo que complementen el clásico de sol y playa", en la prensa europea florecían en efecto algunas nuevas modalidades. No las clásicas de sol y playa, pero tampoco las clásico-modernas que sugería el mismo editorial - "turismo gastronómico, cultural, deportivo, ecológico, médicoresidencial..."- sino otra cosa. Y es que el turismo adelanta que es una barbaridad.

Tomemos, por ejemplo, Llandewi-Breffi. Esta aldea galesa de tan bonito nombre y más habitantes de cuatro patas que de dos (tiene 600 almas y miles de ovejas) vegetaba apaciblemente hasta que a alguien de la BBC se le ocurrió crear un personaje de nombre sonoro, Dafydd (David, en galés), hacerlo gay y colocarlo en esa aldea de nombre no menos pintoresco: Dafydd sería, y con ese apodo se ha hecho popularísimo, "el único gay de Llandewi-Breffi". Como ya se sabe que en el País de Gales hay minas y como los mineros son personajes casi tan pintorescos como los gays, aparecen también en la serie - Little Britain-unos cuantos mineros bebiendo cerveza a la puerta del pub de Llandewi-Breffi. Desde entonces ha habido en Llandewi-Breffi un verdadero boom turístico, nos cuenta The Independent (19/ I/ 07), el cual, la verdad sea dicha, no ofrece cifra alguna de visitantes, pero esgrime una prueba irrefutable: el año pasado el cartel con el nombre a la entrada del pueblo fue robado seis veces.

Una variante de lo mismo nos la da Rosslyn Chapel, cerca de Edimburgo, una iglesia cuyos visitantes rondaban los 30.000 al año hasta que Dan Brown situó en ella el desenlace de El código Da Vinci:el número de visitas subió de un de un día para otro a 50.000, y a 85.000 el año pasado, tras el estreno de la película. Y sin esperar a la que prepara la hija de Margaret Thatcher bajo el precioso título La guerra de mamá,otro destino turístico en alza, siempre según The Independent (18/ I/ 07), son las Malvinas. A sus alicientes de toda la vida: campos de golf con vistas espectaculares, sellos que los coleccionistas atesoran y habitantes con alas que multiplican por 168,5 a los que tienen piernas (2.967 humanos, 500.000 pingüinos), se añaden ahora los escenarios de famosas batallas, y el hecho emocionante de que los únicos vuelos directos desde Inglaterra sean vuelos militares, a cargo de la RAF...

Añadan pues a la lista de turismos posibles el bélico, el cinematográfico, el televisivo... Aunque lo mejor de Llandewi-Breffi es que la serie no se ha rodado nunca allí, y en cuanto a los mineros, no existen, porque en Llandewi-Breffi no hay minas, aunque las haya en Gales. ¿Qué más da? La frase Nid Dafydd yw´r unig hoyw yn Llandewi-Breffi (Dafydd no es el único gay en Llandewi-Breffi, en galés) queda divina estampada en camisetas, y la tienda de souvenirs de Llandewi-Breffi, que de hecho es la tienda de todo (no hay más que una) los vende con la misma abundancia con que en Illiers-Combray, el pueblo de Proust, se venden madalenas, en Córcega bolígrafos, pañuelos y mecheros con la imagen de Napoleón y en Grecia platos pintados con la estampa de Zorba el griego (en realidad, un actor inglés, Anthony Quinn) bailando el sirtaki (falsa danza popular inventada en 1964 para que la bailara Quinn en la película). Y es que más que bélico, televisivo, cultural o cualquier otra cosa, el turismo, como casi todo, es principalmente una actividad imaginaria.