LOS DÍAS VENCIDOS
Prestigio y salario
Los últimos decenios del siglo pasado fueron para muchas familias la primera ocasión de que alguien de su familia accediera a los estudios universitarios. La universidad había dejado de ser aquel espacio medieval del trivio o del cuadrivio y también había abandonado el carácter elitista que impregnó el "alma mater" durante buena parte del siglo XX, cuando los universitarios eran hijos de las clases poderosas y de familias que podían prescindir del sueldo de los jóvenes. Hoy, afortunadamente, es un lugar de libre acceso y los títulos que expide son frágiles papeles que certifican unas ciertas habilidades pero que ya no son el salvoconducto a una vida de privilegios. La licenciatura se ha quedado corta. Hay que complementarla con masters, publicaciones y estancias con salarios infravalorados en universidades extranjeras. Una carrera es, hoy, simplemente eso: la disponibilidad de pasarse la vida corriendo para llegar antes que el compañero de estudios.
Esta semana hemos asistido a la constatación de una reducción de las matrículas en el ámbito de la filología. La filología catalana ha sido tal vez la más vistosa, pero también las filologías hispánicas han experimentado un notable retroceso. Las humanidades languidecen. Se hablaba hace unos años de los estudios de informática y de cómo los alumnos más brillantes de las nuevas tecnologías eran tentados y empleados por las empresas ofreciéndoles sueldos apetitosos a cambio de renunciar a culminar sus estudios. Pero hoy ya no queda ni eso. Las empresas ya no logran cubrir las plazas de informáticos y los estudios de la llamada sociedad de la información sufren una reducción de las matrículas. "Falta de prestigio", aducen.
Pero no basta con eso. En el mundo de la sociedad de la información ha crecido la idea del dinero fácil. ¿Cómo se consigue este objetivo? Los empresarios de las nuevas tecnologías aplican tácticas viejas: salarios bajos y tarifas elevadas. Así cualquiera. Y los salarios bajos han disuadido a más de un estudiante. Su modelo era Bill Gates y unas espabiladas puntocom les han proletarizado. No es la universidad. Es la voracidad explotadora de empresas de beneficio rápido las que han provocado esa caída del prestigio.
El alma de charol
Qué quiere la Guardia Civil? Ya no se dirigen a la población sino a sus gobernantes. El grito de rigor "¡Alto a la Guardia Civil!" se dirige en esta ocasión a casi 170 años de tradición militar del instituto armado y al Gobierno de Zapatero. Realmente los rituales de la protesta ya no son exclusivos de nadie. Los guardias civiles quieren ser eso, civiles. Desean equipararse al resto de cuerpos policiales y olvidar la amenaza permanente del "ordeno y mando". García Lorca, en uno de sus versos, decía que tenían el alma de charol. Una manifestación uniformada indica que el alma existe. Y que las bases del militarismo están puestas en cuestión. Cuando la disciplina como muestra de eficacia llega a la Guardia Civil y sus peticiones son jaleadas por un filósofo y por un sindicalista es que algo está cambiando y no sabemos hacia dónde.
Siega
En el suelo de la peluquería yacen mechones de cabellos enfriados. Hasta hace un momento eran el marco de la mirada. Ahora parecen tallos cortados. Y en el interior del cráneo quedan semillas de ideas que ya no germinarán.

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