ÁFRICA Y LA GLOBALIZACIÓN

Una docena de guerras y conflictos armados de diversa intensidad azotaban África hace seis años, cuando se constituyó en Porto Alegre (Brasil) el Foro Social Mundial, que ahora se reúne en Nairobi (Kenia). Hoy, el único de gran dimensión es el de la provincia sudanesa de Darfur, que brotó poco antes de que el Gobierno de Sudán y los secesionistas del sur firmaran un acuerdo de paz histórico que ponía fin a treinta años de guerra. Aunque en el vecino Chad persiste la lucha guerrillera y Somalia sigue descomponiéndose, Costa de Marfil, Congo, Sierra Leona, Liberia y Uganda se hallan en vías de pacificación. La Unión Africana - con Nigeria como potencia- creó en el 2004 un Consejo de Seguridad para la prevención y la solución de conflictos.

Es la hora de la sociedad civil, y algunos observadores señalan un cierto avance junto con la democracia - al menos formal-. El proceso es irregular y tan diverso como los 53 países que forman el continente. En Liberia se atribuye un balance positivo al primer año de gestión de la presidenta Ellen Johnson Sirleaf. En Arusha (Tanzania), un tribunal de la ONU juzga a los implicados en el genocidio de Ruanda de 1994 (800.000 muertos), pero grupos de supervivientes están denunciando amenazas por actuar como testigos. En Etiopía se ha juzgado y condenado por genocidio y crímenes contra la humanidad a la cúpula del Derg, el régimen comunista que se cobró cientos de miles de vidas durante el terror rojo (aunque el dictador de Zimbabue, Robert Mugabe, se niega a extraditar al asilado Mengistu Haile Mariam para que cumpla cadena perpetua). Este juicio, seguramente un hito en la historia africana y mundial, no fue sin embargo acompañado por una vocación democrática por parte del Gabinete del primer ministro Meles Zenaui, que ante las elecciones del 2005 desató una fuerte represión, precedida por una reforma de la ley de prensa especialmente restrictiva.

Así, al mismo tiempo que se da un desarrollo de los medios de comunicación, éstos soportan el control de los gobiernos - muy sensibles con las denuncias de corrupción-, incluso de aquellos que, por otra parte, se esfuerzan en combatir el subdesarrollo y las desigualdades. Según un estudio de la Ethiopian Economic Association, una razón principal para la fuga de cerebros africanos a Occidente es la falta de libertades.

En el Foro de Nairobi abundan las organizaciones africanas empeñadas en el desarrollo de la sociedad civil. Parte de su función es, desde luego, presionar a los gobiernos. Dos premios Nobel de la Paz, el obispo sudafricano Desmond Tutu y la ecologista keniana Wangari Maathai, han denunciado que la mayoría de los miembros de la Unión Africana ha incumplido un acuerdo suscrito en el 2001 según el cual dedicarían a salud el 15% del presupuesto nacional. "Unos 40 millones de africanos han muerto" al no cumplirse los compromisos, dijo Tutu. "Esto supera el total de muertes de las guerras africanas y los conflictos globales, incluidas las dos guerras mundiales". Noticia reciente, sin embargo, es que el Gobierno de la República de Congo distribuirá gratis antirretrovirales a los enfermos de sida. En el 2001, 39 multinacionales farmacéuticas tuvieron que retirar - ante la presión pública mundial- su demanda contra Sudáfrica por la producción de genéricos. Ahora, la suiza Novartis mantiene el mismo pulso legal con India.

En el Foro Económico Mundial que comienza mañana en Davos - y del cual el Foro Social es la Némesis- una red de ONG presentará un premio a la "empresa más irresponsable", con dos candidatas por su actuación en África: Trafigura y Bridgestone/ Firestone. La primera, por el vertido de residuos tóxicos en Costa de Marfil, y el fabricante de los neumáticos estrella en la fórmula 1, por su plantación de caucho en Liberia, en la que se trabaja - denuncian- en condiciones "similares a la esclavitud".

Según las agencias africanas de noticias, días atrás se hablaba más en la calle del Mundial de fútbol del 2010, que se celebrará en Sudáfrica, que del Foro Social. Es normal... Pero la cita de Nairobi ha servido para lanzar una campaña de la Confederación Sindical Internacional con el fin de presionar a la FIFA. Ya que habrá que construir cinco estadios nuevos - y reformar otros tantos-, al menos que se garantice a los trabajadores condiciones y salarios decentes.