EL proyecto polÃtico de Zapatero es tan errático que cuantas más promesas electorales deje sin cumplir, tanto mejor. No hay más que recordar la que ha liado con las reformas territoriales: maldita la hora en que se le ocurrió prometer que aceptarÃa cualquier estatuto que le enviase el Parlamento catalán. Al final tuvo que desmentirse a sà mismo, pero el proceso abierto con tamaña irresponsabilidad ha dejado daños irreversibles en la estructura del Estado. Por eso más vale no recordarle otros compromisos, a ver si hay suerte y deja quietas algunas de las pocas cosas que aún siguen funcionando medio razonablemente, como es el caso de la Guardia Civil.
Si la Guardia Civil dejase de ser militar se resolverÃa sin duda una curiosa paradoja nominal, pero es bastante probable que empeorase el servicio público que la mantiene como una de las instituciones mejor valoradas de España. El éxito de la Benemérita -cuyas virtudes acabaron liquidando el recelo de los republicanos, primero, y de los felipistas después- reside en su capacidad de abnegación, en su disciplina, en su fiabilidad y, sobre todo, en su rigurosa lealtad al Estado, cuya cohesión vertebra de forma significativa, a veces exclusiva, en miles de poblaciones rurales. Todo eso puede quedar en entredicho si se convierte en un cuerpo funcionarial y sindicalizado, transformación que sin duda satisfarÃa a muchos de sus integrantes como los que el sábado se manifestaron vestidos de verde en Madrid, pero dudosamente redundarÃa en beneficio de los ciudadanos. La desmilitarización y reforma de la Guardia Civil es un viejo cliché progre al que no pudo sustraerse el Zapatero-candidato pero, al igual que ocurrió con sus antecesores, la experiencia pragmática del poder ha persuadido al Zapatero-presidente de que ciertas cosas estaban bien organizadas antes de que él decidiese reinventarlas desde su arrogante adanismo.
De modo que, por sugestivo que resulte ver a varios miles de picoletos gritando «Zapatero, embustero» por las calles, en este caso es preferible hacer la vista gorda ante el incumplimiento. Con este presidente especializado en desbaratar todo aquello sobre lo que pone las manos, lo más práctico es procurar que se olvide de que todavÃa quedan algunas instituciones ajenas a su experimentalismo reformista. Y si hay que recordarle el programa electoral, que sea en el párrafo referido a la polÃtica antiterrorista, donde se comprometÃa a persistir en el Pacto por las Libertades para derrotar a ETA. Eso tampoco lo ha cumplido, y es bastante más importante.
A la Guardia Civil es mejor no menearla mucho. Habrá que mejorar sin duda las condiciones de los agentes, pero lo sustancial conviene no tocarlo. Que en un año de mandato que le queda, y sin Bono de cortafuegos, este hombre es todavÃa bien capaz de dejarla hecha unos zorros. Zapatero no es que sólo acierte cuando rectifica -por lo general, también desatina en las correcciones-, sino que el único modo de que no yerre consiste en que se esté quietecito. Mejor no darle ideas, no vaya a ser que se las tome en serio.

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