El expolio de las riquezas de la República Democrática de Congo (RDC) es peor que la colonización; entonces la depredación ya funcionaba, pero no a la escala actual. Este expolio lo ha destruido todo, el potencial humano, el económico y el cultural", recalcaba en agosto a este diario, en Kinshasa, Eugène Banyaku Lwabe, profesor de la facultad de Económicas.
Por una tajada de las inmensas riquezas de su subsuelo - se ha tildado a este país de "escándalo geológico"-, Ruanda y Uganda, apoyadas por señores de la guerra locales y con el visto bueno de Washington, desencadenaron en 1998 una guerra en la RDC. Al Gobierno congoleño de Laurent Desiré Kabila le respaldaron Angola y otros países africanos, en espera también, claro está, de fuertes recompensas.
Pese a los cuatro millones de muertes, la mayoría civiles, el conflicto (de 1998 hasta el 2002) fue silenciado en Occidente, más si cabe que el de Chechenia. Los enfrentamientos dejaron, además, cientos de miles de desplazados, muchos de los cuales todavía malviven en polvorientos campamentos de chozas levantadas con palos y harapos; dejaron miles de mutilados y, sólo en la capital, unos 30.000 niños de la calle, ex niños soldados algunos. Y muchas de las bandas armadas de cada señor de la guerra siguen en pie.
Los apocalípticos efectos de la guerra se cebaron en un Congo ya maltrecho por más de treinta años de la dictadura de Mobutu (1965 a 1997); por cierto, un puntal de Occidente en el África negra. El país tiene la red viaria destrozada, los servicios - la electricidad o el agua corriente- flaquean, y la sanidad y la enseñanza funcionan a mínimos.
Estas lacras inciden en una población - 60,7 millones de habitantes- empobrecida, un 75% de la misma vive con menos de un dólar por día, y con una esperanza de vida que ha descendido a 43 años, sumergida en el paro o el subempleo. Los enfrentamientos acabaron de dividir profundamente a la RDC. Y la vieja corrupción campea a todos los niveles de la Administración.
La transición pactada entre el presidente Joseph Kabila, nombrado a dedo tras el asesinato de su padre en el 2001, y sus enemigos - el prougandés Jean-Pierre Bemba y el protegido de Ruanda Azarias Ruberwa- no pudo, no supo o no quiso reenderezar la trágica situación del Congo. Las tareas que le quedan al ahora sí elegido Kabila y al principal opositor, Bemba, son pues ingentes. Dado que los hombres armados de ambos políticos todavía se enfrentaron entre la primera vuelta de las elecciones presidenciales y parlamentarias del pasado 30 de julio y la segunda del 29 de octubre, y que en el este del Congo persisten escaramuzas, los analistas concluyen que la estabilidad no está garantizada.
Kabila se halla ante numerosos retos, entre ellos desarmar a todas las guerrillas; cortar la corrupción y reordenar la economía para que los congoleños disfruten, por lo menos en parte, de los beneficios de las riquezas naturales. Un plan para integrar a las bandas armadas en el ejército y policía o para subvencionar a los que decidan reintegrarse a la vida civil ya existe, e incluso ha comenzado a aplicarse. En el terreno económico, el profesor Banyaku, ministro en un tiempo con Mobutu - "era un cargo técnico", se justifica- aboga por reorganizar las inmensas posibilidades agrícolas. "El desastre en la agricultura hace que un 60% de los congoleños estén mal alimentados y eso propicia un déficit intelectual", recalca.
Respecto al crudo es tajante: "Tenemos el 60% de los recursos que necesitamos, pero van directamente a los barcos petroleros... Las multinacionales se llevan el 90% de los beneficios y no pagan impuestos". "En minería ya tenemos un código, pero no se aplica. En metales y piedras preciosas, el Estado ha perdido casi todo derecho de explotación. Y sobre el cobre, una de las mayores reservas del mundo, el cobalto con el 50% de la producción mundial, el estaño, el zinc... tenemos equipamientos vetustos de los años sesenta. Y en cuanto al coltán utilizado en aeronáutica, medicina nuclear o teléfonos móviles se lo han venido llevando los señores de la guerra directamente al exterior", agrega. Banyaku recuerda la usurpación de la riqueza forestal, que además destroza el ecosistema africano. Ante este panorama, es difícil intuir el fin de ese robo internacional.

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