Son una nueva clase. Permanecían callados, en silencio; pero, cuando han aparecido, simplemente arrasan. Su capacidad de compra se torna increíble. Son depredadores. Las dos nuevas figuras del inmobiliario son Portillo y Bañuelos. El primero protagonizó el viernes su último pelotazo.
Los sabuesos de la CNMV deben estar ya investigando todo lo que se menea en torno a las tres empresas implicadas en la operación, porque Inmocaral subió un 11%, Colonial un 9% y Riofisa avanzó un 5%. Alguien sin duda lo sabía, con lo que será necesario husmear incluso en las operaciones de días anteriores.
Es curioso el nuevo fenómeno bursátil del sector inmobiliario. Cuando se anuncia una compra, sea vía ampliación de capital, apalancamiento o intercambio, directamente suben la que hace la OPA y la ‘opada’. Sin duda, existe en estos casos una expectativa que roza el delirio de los inversores. Son esas cosas que no se entienden en los mercados, como el exuberante tirón de Astroc. Cuanto más compras, más subes. Éste parece ser el nuevo aserto de los inmobiliarios que revolucionan el parqué español.
Lo mismo pasó con Metrovacesa: después de dos OPAs a una media de 80 euros la acción, el título se fue a 132. Si algún experto en la teoría de los castillos en el aire lo entiende, que lo explique y lo extienda por favor a todo el sector, donde, a medida que se habla de desaceleración económica, se producen compras más compulsivas y subidas más inexplicables.
Está siendo un fin de etapa que parece una eclosión de personajes, empresas y operaciones increíbles pero ciertas.
Desde que, en diciembre de 2005, Luis Portillo vendió su participación en Metrovacesa, todo ha sido coser y cantar. De la Inmocaral que ganaba poco menos de un millón de euros y capitalizaba 1.000 millones a una inmobiliaria por nacer que va camino de superar un valor en bolsa de 14.000 millones de euros, ha pasado escasamente un año y medio. Menos de 24 meses ‘surfeando’ en el apalancamiento, las ampliaciones de capital y, sobre todo, muy bien acompañado de otros ricos que se están forrando igual que él. Ventas por valor de 1.200 millones, beneficios de casi 300 millones y activos por 5.000 conformarán el nuevo grupo del sevillano, siempre bien acompañado por otros como Nozar, Reyal, Alicia Koplowitz y José Ramón Carabante, como convidados, nunca de piedra, en estas impresionantes aventuras.
No tuvo bastante con los 3.500 millones para comprar Colonial, sino que se gastó otro tanto en hacerse con el porcentaje de Acciona en FCC y, por si faltaba algo, estos 2.000 millones de euros de Riofisa.
Mario Losantos puede dedicarse si quiere a la filantropía y a la poesía, porque ha vendido después de que la acción haya ganado un 145% en bolsa. Esto sí que ha sido un poema escrito en la chequera, con letra indeleble y olor a euro recién sacado del horno del nazareno, del sevillano más intrépido de los últimos tiempos en los mercados financieros.
Estas operaciones recuerdan aquellos tiempos de la burbuja de Internet, aunque ahora hay activos. Sin embargo, las valoraciones, ahora y antes, dan vértigo. Hasta que el apalancamiento aguante.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados