Los dirigentes de Batasuna hablan de su patria como Fuerza Nueva hablaba de la suya. Ninguna diferencia en ese sentido entre Arnaldo Otegi y Blas Piñar, más allá de los años de diferencia y el rastro de asesinatos endosables a los gudaris de Otegi. Ayer difundieron un comunicado para decirnos que el problema del Gobierno de Zapatero -el "conflicto", dicen ellos-, no es con la izquierda abertzale -léase nacionalismo que acojona, y no por sus ideas- sino con Euskal Herria.

Es la moraleja del comunicado hecho público para calificar de "política" y "represiva" la sentencia del Tribunal Supremo que el viernes proclamó como incontestable verdad judicial la naturaleza terrorista del brazo juvenil de ETA. Primero, Jarrai; después, Haika; y finalmente, Segi. El nombre es lo de menos, pues la semántica también jugó en este caso a favor de los cachorros de ETA para burlar la legalidad.

Cachorros de ETA. La expresión se ajusta a la realidad. Expertos en la lucha antiterrorista y agentes de los servicios de información del Estado saben perfectamente que casi todos los miembros de ETA, "legales" o "ilegales", detenidos o por detener, pasaron antes por las organizaciones juveniles de Batasuna y encontraron en el terrorismo callejero -kale borroka, dicen ellos- su mejor escuela en el aprendizaje de acciones de mayor cuantía.

De momento, sólo tenemos el fallo y la ira consiguiente de los cachorros, que este fin de semana se han entregado con redoblada energía a la práctica del vandalismo callejero. A la espera de conocer esta semana la sentencia en su integridad y los razonamientos de la misma, tal parece que el Tribunal Supremo ha asumido las tesis policiales sobre la verdadera naturaleza del brazo juvenil de ETA, al considerarla, a efectos penales, claro, como una organización "terrorista" y no una asociación "ilícita", como sentenció la Audiencia Nacional en 2005.

En todo caso, sólo Batasuna y el nacionalismo vasco en conjunto pueden haber visto la decisión del Supremo como una venganza del Estado por el atentado del 30-D o una expresión más del "conflicto" del Gobierno central con Euskal Herria. La inmensa mayoría de los ciudadanos españoles, aquí y ahora, en nombre del sentido común y no de tal o cual afinidad política, la han recibido como una excelente noticia. De esas que te devuelven la fe en el normal funcionamiento de un sistema y no en el discurso del gobernante de turno. El discurso es ocasional, el sistema es permanente. ETA, por las malas -como otros nacionalistas vascos por las buenas-, no está a favor ni en contra de Zapatero, que pasará antes o después, como pasaron González y Aznar, sino que impugna abiertamente dicho sistema.

Por tanto, no es el minuto y resultado de un confuso "proceso" de "paz", sino la condena de estos 23 cachorros aventajados de ETA y su encarcelamiento -las fuerzas policiales están en ello- lo que nos reconcilia con el Estado de Derecho, cuya única receta es el cumplimiento de la Ley. Lo normal y lo previsible es la actuación contra quienes violan el Código Penal. No hace falta anunciarlo, y menos en relación con la marcha de cierto "proceso" elaborado en los laboratorios del poder político. El lugar del terrorismo sólo pueden ser las comisarías, los juzgados y las páginas de sucesos. No las mesas negociadoras con el Estado, salvo que el objeto de la negociación sea el propio desarme de los terroristas.