SECRETOS Y MENTIRAS

El hecho de que durante dos legislaturas consecutivas CiU haya ganado las elecciones pero que haya tenido que sentarse en los bancos de la oposición ha avivado el debate del modelo Cambó o Companys, Duran o Mas. De momento, todo está abierto.

Nacido en 1952 en Alcampell, un pequeño pueblo de la provincia de Huesca de la zona limítrofe con Cataluña conocida como la Franja de Ponent, el joven Josep Antoni Duran Lleida estudió el bachillerato en un internado y, posteriormente, se licenció en Derecho por la Universitat de Lleida, centro del que fue profesor de Derecho Civil. Diplomado en las comunidades europeas por el Ministerio de Asuntos Exteriores, también estudió periodismo en la Universitat Autònoma de Barcelona.

De muy joven, en 1974, se vinculó a las juventudes de UDC, el histórico partido de los democristianos catalanes, de las que fue el primer presidente en 1977. En 1980 fue elegido en Roma miembro del comité ejecutivo de las Juventudes Democristianas Europeas y es miembro del consejo nacional de Unió Democràtica de Catalunya desde 1976. En 1982 fue elegido presidente del comité de gobierno de UDC, cargo por el que fue reelegido un año después, aunque disputas internas le llevaron a abandonar el puesto en 1984. No obstante, en 1987 fue elegido nuevamente presidente del comité de gobierno. Desde entonces, ha sido reelegido para el cargo en los distintos congresos de la formación democristiana y desde diciembre de 2001 es el secretario general de la federación de Convergència i Unió. A pesar de su confesado miedo a volar en avión, Duran ha viajado a los cinco continentes en representación de UDC o bien en misiones empresariales organizadas por su partido.

En las legislaturas de 1982, 1986 y 1989, las de las mayorías absolutas del PSOE, fue diputado del Congreso y fue uno de los diputados españoles designados para representar a España en el Parlamento Europeo hasta que se realizaron las primeras elecciones en 1987.

En junio de 1996, con su estrella cada vez más ascendente, Pujol lo designa presidente de la parte catalana de la comisión de transferencias Estado-Generalitat. Ocupó este cargo hasta febrero de 2001. Tras las últimas elecciones de Pujol, en noviembre de 1999, finalmente Duran entró en el Consell Executiu al ser nombrado conseller de Governació i Relacions Institucionals, una nueva cartera de claro cariz político creada expresamente para él.Entre sus competencias tendría las relaciones con los grupos parlamentarios, la reorganización territorial y la negociación de las transferencias pendientes. Dimitió en febrero de 2001 después de que Pujol optara por Artur Mas como su sucesor. Duran había perdido la batalla en la Generalitat. Pactó volver al Congreso de los Diputados y fue elegido en marzo de 2004.

La carrera de Duran era imparable. Estuvo años y años preparándose.Consiguió cohesionar su partido en torno a su figura y logró que UDC fuera algo más que la muleta democristiana de Convergència.Marcó perfil y territorio propio, lo que provocó que se granjeara enemigos políticos en CDC. En Unió se rodeó de un equipo cohesionado, del que han formado parte o aún forman parte Josep Sánchez Llibre, Jordi Casas, Vicenç Gavaldà y Eugeni Pérez-Moreno, aunque estos dos últimos romperán las relaciones tras estallar el caso Treball, por el que desde el Departament de Treball de la Generalitat se concedían subvenciones a empresas de formación de empleo vinculadas al partido democristiano.

Ese fue el lastre que acabaría con sus opciones de convertirse en el sucesor de Jordi Pujol como líder de CiU y candidato de la federación nacionalista a la Generalitat. Como compensación Duran se iba a convertir en el secretario general de CiU, en la cara pública de la federación nacionalista ante el resto de España. Desde que Miquel Roca abandonó el puesto de líder del grupo catalán en el Congreso, sus sucesores habían sido una mala copia del antiguo hombre fuerte de Jordi Pujol. Ni Joaquim Molins ni Xavier Trias dieron la talla. Pero Duran sí. Estaba convencido de que con una buena gestión en Madrid se ganaría el apoyo del establishment de Cataluña no para liderar CiU ni para convertirse en presidente de la Generalitat, objetivos que tenía manifiestamente perdidos.

El único beneficiario del maremágnum que vive CiU tras su pírrica victoria en las autonómicas de noviembre parece ser Josep Antoni Duran Lleida, presidente del comité de gobierno de Unió y secretario general de CiU, aseguran fuentes próximas al partido. Y se lo piensa cobrar: exige confeccionar en solitario las listas de las próximas elecciones generales y que el equipo electoral de Artur Mas no intervenga en la campaña.

De momento, mientras los adictos a Mas cierrran filas y le defienden antes de que nadie les ataque, Duran puede exhibir el trabajo realizado en Madrid como líder del grupo catalán. De lo que ocurra en Madrid, precisamente, puede depender el futuro de la federación nacionalista. Por eso Duran quiere controlar todo el proceso.

A pesar de que Duran es el único que lo reconoce en público, fuentes próximas a la dirección de CiU aseguran que sus miembros se han convencido por fin de lo que parecía una obsesión para muchos: con la jubilación política de Jordi Pujol las mayorías absolutas en el Parlament no volverán en muchos años. Y, lo que aún es peor para su futuro, mientras el tripartito compuesto por el PSC, Esquerra Republicana e Iniciativa sumen 68 escaños, nadie les desalojará del Palau de la Generalitat.

Las encuestas más recientes, realizadas en todo el territorio español, y a las que ha tenido acceso Duran, vaticinan una victoria electoral del socialista José Luis Rodríguez Zapatero pero por muy escaso margen. Tan escaso, que en el Congreso de los Diputados podría reproducirse una situación a la catalana: que, a pesar de que haya una fuerza política que gane las elecciones en votos y en escaños, si se queda muy lejos de la mayoría absoluta, podría verse como CiU, victoriosa en los comicios, pero condenada a la oposición.

Los soberanistas de CDC creen que Duran está obsesionado por ser ministro en virtud de un pacto de esas características con el PP. Pero lo cierto es que el dirigente democristiano ha dado sobradas muestras de que puede llegar a acuerdos en cuestiones de Estado tanto con Mariano Rajoy como con Zapatero.

Duran y los suyos creen que la campaña de Madí es una de las principales responsables del resultado electoral de noviembre, por eso quiere controlar también la campaña: ni DVD, ni contratos ante notario ni fórmulas mágicas.

Además, en la nueva joven guardia de Convergència ha empezado a calar la sensación de que tienen un topo de Duran infiltrado entre sus filas. Todas las miradas se dirigen a Antoni Fernández Teixidó, el más pragmático de los vicesecretarios de CDC. Lo cierto es que Duran cuenta, de momento, con el apoyo del establishment que ve a los soberanistas de Convergència como una versión liberal de ERC.

felix.martinez@elmundo.es

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