ASUNTOS URBANOS
Los mejores guionistas han utilizado en múltiples ocasiones la realidad, los avatares de la vida cotidiana, para inspirarse en la elaboración de alambicados y complejos enredos en los que los humanos somos protagonistas. Ha sido así desde siempre y, por mucho que nos parezca irreal, la verdad nos muestra una y otra vez que generalmente la realidad de la calle puede ser más increíble que la propia ficción. La historia del teatro y del cine está repleta de ejemplos y, sin necesidad de remontarnos a dioses de la escena como Shakespeare, Lope de Vega o Brecht, vivimos en la actualidad en los escenarios de medio mundo el irrefrenable éxito de Jordi Galceran, El mètode Grönholm,una afinada crítica social que ironiza sobre el cruel y despiadado mundo laboral de hoy en día, cuya inspiración la obtuvo el autor, según ha confesado en múltiples ocasiones, de una noticia en los periódicos. Como me consta que Galceran sigue siendo un contumaz lector de diarios, yo le aconsejaría que con el material recopilado esta semana en el Vivir disponga los cimientos de una nueva obra maestra que incluye drama, desvergüenza, hartazgo y desfachatez. Me refiero, como no puede ser de otra manera, al cada vez más increíble episodio vivido por Carles Veirat, el propietario de un piso en la calle Urgell, en Barcelona, que se limita a contener su rabia aporreando la puerta de su casa porque cuatro personas habitan en él ilegalmente. Estas cuatro personas, a su vez, se instalaron en la finca tras alquiler el inmueble a una mujer que, al saber que el piso de Veirat acababa de vaciarse, había cambiado la cerradura de la puerta y les cobró 1.200 euros por dos meses de alquiler en dinero negro, por supuesto. Los okupas, chilenos y sin papeles, han sido timados por uno de esos truhanes modernos que acechan en cada esquina y Veirat aglutina desesperación al comprobar que la justicia no le ampara (¿para qué queremos entonces la justicia?), que quien vive ilegalmente en su casa sigue haciéndolo, y que, para más inri, los okupas de su piso - presos también de desesperación- le denuncian ante los tribunales por vulnerar su intimidad.Tomarse la justicia por cuenta de uno mismo nunca será un valor que el sistema democrático deba defender, pero la situación que vive Veirat se instala de lleno en el absurdo. Si la ley no ampara a quien tiene razón sin ningún tipo de fisuras, sólo estaremos fomentando la injusticia con mayúsculas y, por supuesto, el retorno al Far West.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados