La historia de la Unión Europea tiene una larga nómina de dirigentes que parecen gigantes en comparación con los que pueblan el paisaje actual. En los años ochenta del siglo XX, Mitterrand y Kohl movieron Europa. Kohl reunificó Alemania, y Mitterrand, a cambio de aceptar el nuevo mapa, le arrancó el tratado de Maastricht. En los años setenta, Giscard y Schmidt pusieron las bases de la unión monetaria y reforzaron el eje París-Bonn sobre el que ha girado Europa. En los sesenta, De Gaulle y Adenauer sellaron el pacto francoalemán. Y en los cincuenta, después de la crisis de Suez, Guy Mollet, escaldado en el canal egipcio, aceleró la fundación de la Unión Europea.

Mollet, primer ministro de Francia entre enero de 1956 y junio de 1957, ha dado mucho trabajo a los historiadores. Primero, porque su gobierno fue el último formado por el Partido Socialista francés de la época, conocido por las siglas SFIO; y segundo, porque el suyo también fue el último gabinete estable de la IV República, víctima del conflicto argelino. Pero Mollet es especialmente significativo porque estableció unas bases de la política exterior francesa que a menudo se atribuyen en exclusiva al general Charles de Gaulle.

En 1956, cuando la Administración Eisenhower hizo fracasar la aventura colonialista de Suez, británicos y franceses aprendieron dos lecciones distintas. Washington presionó a franceses, británicos e israelíes para que pusieran fin a su intervención (no autorizada por la ONU) contra Egipto, que acababa de nacionalizar el canal. Y Londres, con la libra esterlina por los suelos, terminó arrojando la toalla. Hay dos versiones de cómo se llegó al desenlace. Una, defendida por el historiador William Hitcock, dice que Anthony Eden, primer ministro británico, llamó por teléfono a Mollet, entonces reunido con Konrad Adenauer, para comunicarle su decisión. Y Mollet, dice el historiador, afirmó a su interlocutor alemán: "Ahora es el momento de construir Europa". Otra versión, apuntada por Yves Boyer y Julian Lindley-French, dice que a quien Eden telefoneó fue a Christian Pineau, ministro de Asuntos Exteriores francés, y que Konrad Adenauer, en el despacho de Pineau, sentenció: "Europa será vuestra venganza". Lo cierto es que, independientemente de quién se pusiera al teléfono, británicos y franceses aprendieron cosas opuestas de la crisis. Para Londres, el fiasco demostró que siempre debería estar junto a Washington en las crisis internacionales. París aprendió todo lo contrario, como confirmó la guerra de Iraq.

Ahora, una investigación de la BBC ha revelado que, un mes antes de Suez, Mollet propuso a Eden, sin éxito, la unión de los dos países, idea que en 1940 lanzó Winston Churchill pero fue ignorada por Francia. Mollet, atribulado por la guerra de Argelia y la crisis económica, sugirió a continuación que Francia ingresara en la Commonwealth, lo que habría supuesto que Isabel II fuera aceptada por los franceses como jefe de Estado.

Esta propuesta fue rechazada porque Eden fue persuadido por sus asesores de que después de Francia llamarían a la puerta Bélgica, Holanda, Alemania e Italia. Los británicos, pues, ya fueron euroescépticos avant la lettre,aunque el entusiasmo europeísta tampoco parece haber mejorado. Henri Soutou, profesor de la Sorbona, ha dicho que "si la unión hubiera sido propuesta recientemente, Mollet habría acabado en los tribunales". Los europeístas deberían levantar un monumento a Suez.