Aseguran que Tony Blair y José Luis Rodríguez Zapatero no salen de casa sin haberse leído la última encuesta de su gabinete. Consta además que entre las mil preguntas que se plantean, ahora se averigua cuáles son las palabras que más gusta oír a la gente... Por ejemplo, se pregunta qué suena mejor: ¿Diálogo?¿Firmeza? ¿Unidad? ¿Paz? ¿Derrota? ¿Pacto Antiterrorista? Y les piden que las valoren, las puntúen y las ordenen de más simpática a más antipática. Y si, pongamos por caso, la palabra diálogo resulta especialmente agradable, el señor Blair o el señor Zapatero, venga o no venga a cuento, pronuncian esa palabra pregunten lo que les pregunten los periodistas, como si se tratara de un abracadabra,con efectos mágicos en los índices de intención de voto. Seguramente la palabra diálogo tiene mucha simpatía entre los entrevistados por la Moncloa, porque esta semana el presidente del Gobierno la ha pronunciado un millar de veces, sobre todo después del debate parlamentario del lunes, cuando podía parecer un concepto que el atentado de Barajas habría convertido en obsoleto. Pues no. ¿No abominaba Mariano Rajoy del diálogo?, pues dos tazas.

Del debate parlamentario del lunes sobre ETA, de las declaraciones del presidente del Gobierno posteriores a ese debate, de sus reuniones con el lehendakari Ibarretxe y del sondeo que publica hoy La Vanguardia podemos extraer una conclusión paradójica e interesantísima. La consigna estratégica en la Moncloa es "el PP, cuanto más facha, mejor". Zapatero desempeñó el lunes a la perfección el papel de víctima, como un presidente cargado de buenas intenciones agobiado por el instinto asesino de los terroristas y el instinto mezquino de los que le quieren quitar la silla a cualquier precio. Y puestos a tener al PP y a Rajoy dispuestos a saltarle a la yugular en cualquier circunstancia, Zapatero ha decidido ponerle las cosas fáciles a su rival y se ha cogido a la palabra diálogo como a un clavo ardiendo, porque es el concepto que marca más nítidamente la diferencia con su contrincante ante la opinión pública.

El sondeo dirigido por el profesor Santamaría que este diario publica hoy deja bien claro que la sociedad española en su conjunto no está especialmente entusiasmada con el Gobierno que tiene, ni tampoco con su presidente. Por mucha mercadotecnia política que se utilice desde el poder, la gente tampoco se chupa el dedo y observa que Zapatero no lo hace todo bien e incluso algunas cosas le salen bastante mal. Ahora bien, esa misma sociedad - la mayoría- tiembla sólo de pensar que pudieran gobernar los otros. Desde este punto de vista, el gran mérito de Zapatero no es lo que es, sino lo que no es. La gran aportación política de Zapatero es impedir que gobierne el PP y mientras el PP siga demostrando ese ardor guerrero que le caracteriza, los socialistas continuarán viviendo de rentas. Por eso, aunque no lo puedan confesar, los estrategas del PSOE valoran la contribución a sus intereses de esos núcleos de influencia del PP que empujan a Rajoy a subirse al monte y procuran darles árnica o provocarles directamente, porque en seguida pican. Lo primero que hacen por la mañana es poner la Cope, y gritan para sus adentros: "¡Viva Federico!"