"Los diamantes son para siempre", de David Dusster en La Vanguardia
En Sierra Leona no hay que hacer grandes prospecciones para encontrar diamantes. Basta con cavar en los depósitos aluviales del río que atraviesa Koidu, una ciudad cercana a la frontera con Liberia. Los chavales se esfuerzan con la pala y cobran menos de un dólar diario por una jornada larga y sudorosa bajo el calor apenas atemperado por las colinas. Y cuando se sospecha que han encontrado algún tesoro entre los montículos de gravilla, una patrulla de guardianes los rodea para asegurarse de que no sea extraviado.
"Si no conseguimos que la riqueza de los diamantes repercuta en Sierra Leona, no hay alternativa", asegura Fah James Tongo, responsable local de la Alianza de los Diamantes para la Paz (ADP), una iniciativa civil para evitar los abusos en esta industria que aporta cada año alrededor de cien millones de dólares a las arcas del Estado.
El crecimiento económico de Sierra Leona fue del 7% en el último año, pero, a pesar de ello, la pobreza sigue afectando a tres cuartas partes de la población y el gran maná bajo tierra, los diamantes, causante de los grandes males que han sacudido a esta nación, sigue sin rendir cuentas, atrapado en una trama de explotación y contrabando. La tarea por delante es enorme, según la ADP, pues hay que tomar las medidas necesarias para que los réditos de los diamantes reviertan en las comunidades y no alimenten guerras, además de que dejen de favorecer el trabajo infantil y el deterioro ambiental. "Esto es África, no tenemos mucho dinero, pero si la Alianza fracasa, ¿cómo se va arreglar todo esto?", se pregunta Tongo.
"Los diamantes son para siempre" y "La guerra no es la solución", se lee en las camisetas que se venden en las tiendas del aeropuerto de Freetown, una de las dependencias modernizadas gracias a la masiva ayuda internacional obtenida en los últimos cinco años, alrededor de 800 millones de dólares. Sierra Leona ya no es, según el índice de desarrollo humano de la ONU, el país más pobre del mundo, pero sigue siendo el penúltimo del ranking,en el que supera a Níger. Durante la pasada década, Sierra Leona fue uno de los puntos de origen de los llamados diamantes de sangre,donde la guerra era el catalizador para llevarlos a los mercados mundiales.
Si hay diamantes, hay armas. Y la desmovilización y desarme de las milicias han sido una de las prioridades del Gobierno. La campaña de entrega de armas continúa y el Programa de Desarrollo de la ONU, que supervisa el proceso, ha declarado libres de armas 19 de las 149 jefaturas regionales. "Estamos intentando crear confianza entre la población; antes la policía era una institución altamente politizada y la gente tenía miedo de ir a la comisaría a denunciar un delito", comenta Mohamed Kamara, coordinador del proyecto Armas por el Desarrollo, que garantiza una suma de dinero para invertir en proyectos sanitarios o educativos a las comunidades que entregan las armas a la policía.
Las recientes huelgas en las universidades denotan el malestar que se está apoderando de Sierra Leona. Los cascos azules se han retirado este año y los empleos que generaba indirectamente este contingente de 15.000 personas se han resentido. La comunidad internacional está reduciendo su presencia y los sierraleoneses continúan con unas infraestructuras deficientes (una carretera principal asfaltada hacia el norte, pero sin suministro de electricidad) y sin expectativas de empleo. El FMI ha aplaudido los ajustes presupuestarios, pero reconoce que el peso de la deuda y la pobreza son muy importantes.
Las elecciones previstas para el próximo julio, que según la ONU precisan de una donación de ocho millones de dólares para que se puedan celebrar con normalidad, serán una prueba del grado de estabilidad del país, en un continente donde las citas electorales suelen disparar las luchas clánicas por la influencia en el poder. El presidente, Ahmad Tejan Kabah, ha renunciado a la reelección, algo insólito en África, y cederá sus favores al actual vicepresidente, Salomon Berewa. Pero el futuro de Sierra Leona continúa dependiendo del control de las armas y de los diamantes.
