Haciendo gala de su talento político, más que de su talante ideológico, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Oviedo ha expresado ya su apoyo a los trabajadores de la fábrica de loza de San Claudio. La dirección de la centenaria compañía ha presentado un plan de viabilidad que consiste básicamente en despedir al 90% de la plantilla. Su argumento es que los salarios de sus trabajadores le cuestan mucho, lo que, unido al descenso de ventas, ha colocado a la empresa al borde de la quiebra. Sin embargo, a tenor de lo que han dicho dos de los ediles del PP ovetense, Jaime Reinares y Agustín Iglesias Caunedo, el único problema de la fábrica de loza radica en la falta de apoyo por parte del Principado. En la rueda de prensa que ofrecieron, con la vajilla de San Claudio sobre la mesa, al más puro estilo chavista, sus únicos reproches fueron para el Ejecutivo asturiano. No hicieron una sola mención a la gestión de Alvaro Ruiz de Alda, quien, como propietario de la compañía, alguna responsabilidad tendrá. Desde el punto de vista del liberalismo económico, el plan de la empresa es impecable, llevarse la producción a países con sueldos míseros y dejar en Asturias la gestión y comercialización. Lo que ya no concuerda con las tesis de ese liberalismo del que tanto se enorgullece Gabino de Lorenzo es la propuesta que hacen sus concejales. Que las arcas públicas acudan en ayuda de una empresa privada en ruinas es más propio de regímenes socialistas que capitalistas. Cuando se trata de atizarle al oponente, algunos políticos parecen dispuestos a sacrificar su ideología.

Nacho Monserrat. Periodista.