AUNQUE los precios de la vivienda siguen siendo desorbitantes y están fuera del alcance de una gran mayoría de los ciudadanos - sobre todo de los jóvenes, entendiendo por ese calificativo, al menos, a los menores de 35 años-, algunas noticias algo mejores que en el pasado reciente empiezan a producirse. El incremento en España durante el último año ha sido inferior al 10%, algo que no sucedía desde el año 2000, en que empezó una curva imparable que tuvo su techo en el 2003, cuando creció un 18,5% por encima del año anterior. Claro que más que hablar de optimismo en materia de precios en la vivienda, mejor sería hacerlo de menor pesimismo, ya que en números redondos el crecimiento viene a ser algo así como el triple del IPC. Es muy probable que los dos incrementos tiendan a converger, algo significativo, porque contribuirá a rebajar la presión alcista, aunque el problema de fondo seguirá subsistiendo. La vivienda es infinitamente cara y la entrada de los jóvenes en el mercado laboral no les ofrece una esperanza para acceder a ella. No creo que la solución venga de iniciativas como la expropiación de pisos vacíos tras un cierto tiempo para colocarlos en el mercado de alquiler, sino de mayores garantías -que han de ser totales por parte de la Administración- para los propietarios que quieran alquilar y de una apuesta decidida por los pisos de alquiler por parte de las administraciones, con un papel importante de las cajas de ahorros.
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