El Banco de España frenó ayer en seco la expansión internacional de las cajas de ahorros. Miguel Ángel Fernández Ordóñez no lo pudo decir más claro: sólo se autorizarán compras en el exterior “caso por caso” y de forma gradual. Y siempre que el objetivo no sea simplemente ganar tamaño, sino aumentar la solvencia financiera de la entidad adquiriente.

Aún más. Para el gobernador del banco central, la expansión internacional de las entidades de ahorro “es una alternativa válida para cajas de suficiente dimensión, ya que puede fomentar la diversificación de los riesgos y de los ingresos percibidos”. ¿Qué quiere decir esto leyendo entre líneas? Pues según fuentes que conocen bien el funcionamiento de las cajas, el Banco de España está queriendo lanzar el mensaje de que sólo las grandes cajas de ahorros -la Caixa o Caja Madrid- tienen músculo financiero suficiente para abordar la compra de entidades financieras en el sector.

El resto, según el Banco de España, no estaría hoy por hoy en condiciones de salir de compras, algo que desde hace años reivindica un número creciente de cajas de ahorros españolas, que cuentan con la suficiente liquidez como para entrar “a saco”, según esas fuentes, en los países del Este, el espacio económico donde existen mayores oportunidades de inversión.

Las palabras de Fernández Ordóñez suponen un auténtico jarro de agua fría para el sector, que ya divisa el progresivo agotamiento de su principal fuente de ingresos en los últimos años: el crédito hipotecario; por lo que ha puesto sus ojos en el exterior como estrategia para aumentar de tamaño. Sin embargo, el gobernador subrayó ayer que la entidad que quiera comprar en el extranjero debe saber que su inversión “implica perfiles de riesgo más complejos”, sin poner en peligro sus niveles de solvencia.

Una cuestión de tamaño

Otro de los instrumentos para ganar dimensión pasa por retomar el proceso de fusiones iniciado a últimos de los años 80, pero ayer también en este punto Fernández Ordóñez quiso dejar las cosas claras. El gobernador dijo, durante la presentación de un libro editado por la Fundación de Estudios Financieros sobre el futuro de las cajas, que el Banco de España sólo aceptará operaciones de concentración si “se plantean entre cajas con un escaso solapamiento geográfico y sectorial”. Es decir, que parece descartar la autorización de fusiones entre cajas de ahorro situadas en un mismo ámbito regional, ya que normalmente sus oficinas están situadas en los mismos núcleos de población. “La impresión general es que hoy existe un cierto grado de saturación de oficinas en el mercado interior”, dijo el gobernador.

Otra de las vías elegidas en los últimos años por las cajas de ahorros para aumentar su tamaño es la constitución de carteras industriales que les permitan aumentar su fortaleza financiera. Pero ayer, también en este punto, el gobernador del Banco de España puso alguna matización. Fernández Ordóñez dijo que las “participaciones empresariales” no sólo ofrecen oportunidades, “sino que también incorporan riesgo adicional”. “¿Hasta qué punto compensa introducir volatilidad adicional en un negocio tan cambiante como en el bancario”, se preguntó en voz alta Fernández Ordóñez ante la plana mayor de las cajas de ahorros españolas y el presidente de la AEB, Miguel Martín.

La posición crítica del Banco de España sobre la creación de grandes grupos industriales ya viene del anterior gobernador, pero las plegarias de Jaime Caruana a favor de una desinversión ordenada, nunca obtuvieron resultado. Fernández Ordóñez, sin embargo, vuelve a la carga, por el momento con algo más de éxito, ya que la Caixa -primera cartera industrial de España- ha anunciado su intención de colocar en Bolsa una parte de su conglomerado. Con el dinero que obtenga podrá fortalecer sus recursos propios, la verdadera obsesión del Banco de España, tal y como repitió ayer hasta la saciedad el gobernador.

Plácete a las cuotas participativas

Ordóñez dio la bienvenida a cualquier instrumento que permita fortalecer los recursos propios de las cajas, como las llamadas cuotas participativas (acciones que generan derechos económicos pero no políticos), pero siempre que sirvan para aumentar los beneficios de la caja emisora de esos activos. Es decir, que de lo que se trata no es sólo de aumentar el capital o las reservas, sino que además crezcan los beneficios para aumentar la solvencia de las entidades de ahorro.

Según Mafo, lo que tienen que hacer las cajas es potenciar lo que denominó “disciplina de mercado” que no es otra cosa que someterse al mismo juicio que se aplica a los bancos, cuyos resultados son escrutados por los analistas en aras de conocer su verdadera solvencia. Dicho en otros términos, que el mercado debería evaluar los beneficios que presentan las cajas, lo que ayudaría a dotar de mayor credibilidad su cuenta de resultados.