TRANSBORDO, MONCLOA

Quién dijo que el Estado de derecho se rinde o se achanta ante el terrorismo? Cuando acaben los juicios que ahora mismo están abiertos o pendientes de celebración, habrán sido juzgados 138 activistas, entre ellos Arnaldo Otegi. Ayer, otros 23 miembros de Jarrai-Haika-Segi fueron condenados por el Tribunal Supremo, lo cual eleva la lista a 161. Esas organizaciones han sido consideradas terroristas. Y quien llevó este último caso al Supremo no ha sido un partido político, sino la AVT y la Fiscalía. Anotemos el dato de la Fiscalía -que pidió unas penas más altas que las dictadas por el Supremo-, porque se ha creado una corriente de opinión que afirma que esta institución es una especie de brazo legal de Zapatero para cumplir difusos pactos de no agresión a los violentos.

El Estado de derecho no sólo funciona, sino que revisa al alza una sentencia de la Audiencia Nacional de hace año y medio, cuando no estaba en marcha el proceso de paz. El problema ahora no es ése. El problema es que esas organizaciones juveniles son, efectivamente, una parte de ETA. El problema siguiente es que hay mucho nacionalismo vasco -en su gobierno y en la ilegal Batasuna- que considera que estos juicios tienen una raíz política. Y el problema final es combinar estas importantes decisiones judiciales con el diálogo que también ayer se invocó en Euskadi en dos ocasiones previas a la sentencia: en las palabras del lehendakari y en la resolución de condena del atentado, que no fue votada por el PP ni las comunistas de las Tierras Vascas.

Ahí está el lío. En el momento de escribir esta crónica, el sindicato LAB ya habló de "vuelta de tuerca peligrosa" y "estrategia de venganza". Ya resucitó los conceptos de "leyes de excepción" y "estrategias de persecución". Estamos en lo de siempre: para la izquierda radical, una decisión del Supremo no se hace por la aplicación objetiva de la ley, sino para oprimir al pueblo vasco. Piensan que Zapatero manda en los jueces como en su Consejo de Ministros. En esas falacias llevamos todo el periodo democrático y sobre esos engaños -lamentablemente admitidos por algún miembro del Gobierno de Ibarretxe- se han querido justificar atentados y crímenes. Hoy mismo o mañana oiremos decir que la sentencia del Supremo es una venganza por el atentado de Barajas. Ya lo verán.

Como pueden observar, no hay día sin sobresalto. Y que nadie se llame a engaño. Con todas las causas judiciales que hay abiertas, los acontecimientos se seguirán produciendo como se produjeron ayer: mientras la clase política habla de un vaporoso "diálogo democrático", los jueces seguirán aplicando las leyes, porque nadie las ha cambiado ni está anunciado que las vaya a cambiar.

¿Tiene asumido esto el señor Ibarretxe, al margen de sus discretos idilios con Zapatero? ¿O va a poner a su portavoz, Miren Azkarate, a reclamar nuevamente el cambio de determinadas leyes y de una política penitenciaria "que atenta contra los derechos humanos"? Es una buena duda para terminar la semana. Sólo se le puede añadir un ingrediente: en Euskadi, ningún partido nacionalista puede acudir a la campaña electoral del mes de mayo sin decir esas cosas. Así es la política vasca, qué le vamos a hacer.

El anterior

Por si les interesa el estado anímico de José María Aznar, que siempre ofrece alguna pista política: está dicharachero; come poco; presume de su nueva imagen de pelo largo y teñido; no tiene preocupación económica; manifiesta una ostensible lejanía de la política nacional y... habla bien de Rajoy. Esto último les parecerá a ustedes absolutamente obvio. Pues sólo les digo una cosa: hace sólo unos meses, no lo era. No era tan obvio, quiero decir.

El temido

Si ustedes preguntan a un directivo del PP de Mallorca qué político les inquieta más, no le darán el nombre de ningún socialista o nacionalista de las islas. El hombre que más les alarmó esta semana, por la capacidad de convocatoria que demostró en Palma, por el discurso, por el lenguaje usado y por cómo gustó a la audiencia, fue Albert Rivera. Un dirigente del PP comentó: "Que no se les ocurra hacer aquí una sucursal de Ciutadans".

El discurso

Improvisaciones, no. Por primera vez desde que está en el Gobierno, Rodríguez Zapatero decidió hacer un discurso en consonancia con la opinión pública. Por eso el Partido Socialista efectuó una encuesta el jueves 11 y el viernes 12 de enero. Y la mayoría de los encuestados dijeron lo que después le oyeron al presidente. Visto el resultado, sólo hay una cosa clara: los entrevistadores tropezaron con pocos militantes del Partido Popular.