Artur Mas tiró de su vena pedagógica ayer en Antena 3 para insuflar sentido común en tiempos turbulentos. Para que sea posible un nuevo proceso de paz con ETA, dijo el presidente de CiU, la organización terrorista tendrá que ir más allá de declarar una tregua que se pasa por el forro según le convenga. Y en la mesa de negociación - añadió- los malos deberán ver que enfrente se sientan los buenos, TODOS los buenos: lo contrario es dar motivos de regocijo permanente a los etarras. Sobre la primera premisa hay consenso generalizado: hasta el secretario general del sindicato abertzale LAB, Rafa Díez Usabiaga, lo dice alto y claro: con bombas no hay tregua, algo que también suscribe Arnaldo Otegi aunque con sus habituales circunloquios y ambigüedades. La segunda premisa tiene miga: ¿se puede pedir unidad a los demócratas en este momento?

La impresión, generalizada también, es que no: al menos hasta que las urnas contribuyan a disipar la neblina.

Mariano Rajoy pudo no medir bien el alcance de su catilinaria contra el presidente Zapatero, como demuestra la piña entre socialistas y demás grupos de oposición que va a abortar las iniciativas parlamentarias populares. Pero las intenciones de Rajoy eran lo suficientemente nítidas como para que asistieran a la puesta en escena todos los líderes regionales de su partido, desde la tribuna de invitados. Fueron testigos, y a la vez destinatarios de su transformación. Porque Rajoy se transfiguró en la tribuna de oradores: tras escuchar lo que le pedía una parte importante de su partido y de sus votantes, aparcó las formas de quien ya ha tenido responsabilidades de Gobierno - y aspira a volver a él-, y se lanzó a la yugular del adversario como el camino más corto hacia el éxito electoral.

Quizá tuvo razón Zapatero al señalar, en su réplica, que a Rajoy se le recordará más por sus palabras y su actitud el 15-E que por su trayectoria en los distintos gobiernos de José María Aznar. Sólo el tiempo lo dirá: pero hay señales en el aire que barruntan una nueva forma de ejercer el liderazgo y la oposición por parte de Rajoy: al gobierno, ni agua, ni en el fondo ni en las formas. Por cierto, que a muchos les ha resultado difícil de entender que Rodríguez Zapatero no tuviera prevista la feroz andanada de Rajoy, y que por eso su réplica resultara tan bronca y deslavazada.

Desconozco si Rajoy durmió bien o mal aquella noche, pero sí sé que despertó igualmente peleón a la mañana siguiente. Lo dijo ante los micrófonos de Onda Cero: "Para ser presidente es necesario algo más que ser español y tener dieciocho años", y el PSOE rugió de rabia. Qué extraño. Tanto en la prensa nacional (en la megaentrevista de El País con su director, Javier Moreno, y antes con Juan José Millás), como en la internacional, el propio Zapatero ha declarado que prefiere ser un buen demócrata a un gran líder (véase la revista Time,septiembre del 2004).

Uf, qué peligro: como ejercicio de humildad y cántico a la democracia no está mal, pero hay momentos, como éste en el que estamos viviendo, en que los ciudadanos exigen liderazgo a sus líderes. Ysi ese liderazgo no se percibe, corres el peligro de que hasta Felipe González te dé lecciones en público sobre estrategia antiterrorista.

Quiero ser presidente

¿Qué hace falta para ser presidente? Según Mas, algo intangible de lo que carece Montilla. Ser presidente de la Generalitat, para el líder convergente, es algo más que ser un gestor al estilo empresarial: la línea sobria por la que definitivamente parece haber apostado el socialista. Mas habló del prestigio, el nivel y el liderazgo que merece Catalunya, mucha finezza para dejar meridianamente claro que, a su juicio, el actual president no da la talla.

La alegre pandilla

Los presidentes autonómicos darán o no la talla, pero cuando se juntan y van en autobús todos juntos al Senado se les deben despertar instintos adolescentes. El episodio de la grabación subrepticia del lapsus de Zapatero - accidente por atentado-, ya de por sí chusco, adquirió ayer niveles delirantes: el presidente cántabro acusó al riojano de haberse escapado al baño para filtrar la noticia.

El ojo que todo lo ve

Otro presidente cuestionado: el del Real Madrid, Ramón Calderón, ejemplo de lo caro que se paga hablar sin ser consciente de que el Gran Hermano siempre está ahí. Pero las lenguas se aflojan incluso cuando los protagonistas saben que están siendo grabados. El GH de Channel 4 ha provocado un incidente diplomático entre India y Gran Bretaña por el trato racista que está sufriendo una estrella de Bollywood en el programa. Los diplomáticos sufren, los patrocinadores huyen, pero los audímetros explotan.