LA LUCHA ANTITERRORISTA
A José Luis Rodríguez Zapatero sólo se le altera el pulso la lectura de las encuestas. Es un verdadero obseso de los sondeos. Ésa es una de las leyendas que circulan por Madrid, en círculos que se dicen bien informados de lo que se cuece, a fuego lento, en el complejo de la Moncloa.
Zapatero es un populista democrático, apuntábamos el otro día. Un radical-socialista atento a los impulsos más visibles de esa nueva sociología española que tan bien reflejan series televisivas como Los Serrano y Aquí no hay quien viva.La España que va tirando medianamente bien y que se escaquea del estrés implorando, medio en serio, medio en coña, un poquito de por favor. Es la España de Fernando Tejero, portero socialdemócrata y galdosiano. Es la España, no del todo mayoritaria, que pone de los nervios a ese nuevo liberalismo viril que cree, como antaño los carlistas y después los marxistas de buena familia, que el mundo debe ser regido, sin excusas, por unas elites sabiondas y rectilíneas.
"Nosotros no tenemos muchos periódicos a nuestro favor, pero, si acertamos, tendremos de nuestro lado a los ciudadanos", suele repetir Zapatero a sus ministros cuando las cosas parecen muy complicadas en el rompeolas, circunstancia que apenas ha amainado en los últimos tres años. Amado o simplemente respetado en las periferias hispanas, en el Madrid bronco y bravío, Zapatero es un marqués de Esquilache permanente. ¡A por él!
Horas antes de que se iniciase el debate sobre el atentado de Barajas en el Congreso, entraba en la Moncloa la primera encuesta exhaustiva sobre los efectos del bombazo. Conclusión, según fuentes enteradas: ligero aunque apreciable desgaste de la credibilidad del presidente, mantenimiento electoral del PSOE después del bajón de noviembre y estancamiento crónico de la oposición, que corre el riesgo de quedar atrapada por la caricatura del Doctor No. Por el manto de Spectra: un frente cejijunto deseoso hasta el insomnio de que España empeore.
Otros sondeos de urgencia publicados ayer dan a Zapatero-Esquilache como ganador del debate del lunes. Ojo al dato. Admitamos la existencia de un crónico navajeo en los circuitos periodísticos madrileños, desde hace décadas realquilados en el ático oligárquico. Desde antes de los tiempos de Franco, la prensa madrileña - "¡nuestra centralita quedó ayer colapsada!"- es la principal reguladora de las relaciones de fuerza en el Gran Cafarnaúm. Su pugna nunca cesa. Hoy, por ejemplo, existe una lucha vivaz por el liderazgo intelectual del centroderecha. Rajoy, ora centrista, ora estoy hasta las narices, pronunció una dura pieza oratoria el lunes, pero no siguió el consejo de todos sus augures. Los despechados ayer le bajaron el pulgar, ¡Mariano, has estado fatal!
Lo cual no quiere decir que el enrevesado cuadro político sea del todo reducible a los enredos domésticos de las derechas y a la sociología blanda de las izquierdas progresistas.
Zapatero, entendámonos, no sólo habla para regalar los oídos de Fernando Tejero y demás patulea de Aquí no hay quien viva.El presidente del Gobierno está obligado estos días a pensar en los psicópatas del otro lado de la muga, el bicho terrorista, porque corre el riesgo de que España EFE vuelva a la Edad de Plomo: a un atentado cada quince días. Y Rajoy no es una marioneta ilustrada en manos de dos avispados ventrílocuos. Hay en el PP un cálculo astuto, profundo y arriesgado: si maniobra bien; si presiona los nervios adecuados; si consigue romper la conjunción PSOE-PNV, Zapatero el leve podría verse abocado a convocar esas elecciones anticipadas de las que ahora abjura.

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