EL RUNRÚN

Una de las primeras previsiones que los periodistas culturales han anotado en sus agendas para este año Bond (por 007) es la del próximo San Fermín. No es que Hemingway vaya a resucitar ni que en esta edición los mozos vayan a participar en los encierros con un libro abierto en la mano. La noticia anunciada con siete meses de adelanto es la publicación (en inglés) de la séptima (y última) novela del ciclo Harry Potter. J. K. Rowling y sus boyantes editores han anunciado su aparición por San Fermín, aunque el motivo de su elección es estrictamente aritmético. Como resulta fácil colegir, el siete de julio de este año será representado en todos los calendarios (incluso los que invierten el orden de día y mes) por un mágico 7/ 7/ 7 que realza y da esplendor a la novela número 7 del mago que marcará a varias generaciones de lectores. Seguro que, ya puestos, en las librerías inglesas y norteamericanas el disparo de salida de este séptimo volumen se dará a las 7 de la tarde con 7 minutos y 7 segundos para así completar la mágica serie de siete sietes. Probablemente, cuando se acerque este San Fermín tan simétrico otras propuestas intentarán hacerle sombra. Qué sé yo, tal vez los amantes del séptimo de caballería o el club de fans de Siete novias para siete hermanos convoquen un concurso de billar. Pero cabe reconocer que los promotores de Harry Potter han golpeado primero.

El año pasado ya vivimos otro uso comercial de una fecha singular. El seis de junio (cuyos guarismos 6/ 6/ 6 concordaban con el legendario número de la bestia) fue el día escogido por los chicos del marketing cinematográfico para el estreno mundial de un remake de La profecía.La película obtuvo mucha promoción suplementaria por la vía numerológica, aunque eso no evitó que luego pasara con más pena que gloria por las pantallas. En lo que llevamos de siglo XXI, la moda de las fechas singulares se ha consolidado en el sector publicitario como una estrategia de primera magnitud para sobresalir en la tupida jungla mediática. Aún recuerdo la gozosa celebración del Día universal de la simetría que algunos amantes de lo especular celebramos el 20 de febrero del 2002 en muchas partes del mundo, gracias a una convocatoria espontánea difundida por la red. En Barcelona, algunos aficionados a los palíndromos sincronizamos nuestros relojes digitales en la Casa del Llibre y, llegado el momento supremo, congelamos todos sus guarismos para que refulgiesen: 20: 02 del 20/ 02 del 2002. Los usos del 6/ 6/ 6 y del 7/ 7/ 7 no son tan altruistas, pero igualmente demuestran que la necesidad de la singularidad crece de un modo directamente proporcional a la deseable extensión de la pluralidad.

Por eso no es nada extraño que ya hace meses el señor Wang Qishan, alcalde de Pekín, anunciase que la ceremonia de inauguración de los próximos Juegos Olímpicos se iniciará a las ocho de la tarde del día ocho del ocho de dos mil ocho. Es decir, el 8/ 8/ 8 a las 8. Y añadió que el 8 es un número afortunado entre los chinos, ya que en cantonés se pronuncia fa, y fa es también enriquecimiento o fortuna.¿Qué pasará el 9/ 9/ 9, que en catalán denota una triple novedad? ¿Quién se lo pide? Seguro que en Vic los lectores de El Nou 9 ya deben de estar dándole vueltas al asunto.