En un país en el que cualquier futbolista de medio pelo o alguna peluquera vilipendiada en su luna de miel con aires de tertuliana cotizan mucho más que la gran mayoría de los investigadores, la motivación, situación laboral y futuro profesional de éstos debería constituir un debate nacional, con casi tantas horas de televisión como las que se dedica al fútbol o a la vida de los pseudofamosos convertidos en materia prima televisiva y de las revistas.

“Cuando le digo a la gente a qué me dedico, la mayoría me responde que debo ganar un montón de dinero”, afirma Silvia Modamio, investigadora de la Unidad de Genética Molecular del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid. “Pero es todo lo contrario”.

Modamio es, junto con Ana Montero y Silvia Mansilla, una de las ganadoras de las bolsas de investigación posdoctoral dirigidas a jóvenes investigadoras españolas convocadas por el Programa L’Oreal Unesco for Women in Science.

Jóvenes con dificultades

Ningún objetivo científico para el futuro tendrá sentido si no hay investigadores suficientes, pero los jóvenes valores de la ciencia en España se encuentran con dificultades que, en algunos casos, conducen al abandono de su carrera. Ana Montero, que trabaja en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Madrid, señala que el momento crítico se produce después de la tesis doctoral: “Ahí se pierde a muchos científicos que abandonan y deciden dedicarse a otra cosa”.

La investigadora lamenta asimismo que “las carreras científicas están basadas casi exclusivamente en el sacrificio de los investigadores”, con una gran dificultad para compaginar la vida profesional y la personal. Montero señala también como uno de los problemas de los investigadores españoles la imposibilidad para desarrollar una carrera a largo plazo y las casi nulas esperanzas que muchos científicos tienen para hacer de ésta un modo de vida.

Silvia Mansilla, que investiga en el Instituto de Biología Molecular de Barcelona, coincide al detectar todas estas dificultades, una situación laboral que se reduce a enlazar contratos temporales y becas: “Resulta muy difícil consolidar la carrera, porque te plantas con 30 años y nunca has cotizado a la Seguridad Social”.

Margarita Salas, una referencia para las científicas españolas y Premio Jaime I de Investigación, suele repetir que “la gente joven en España no se puede incorporar al sistema de ciencia y tecnología como debería hacerlo” y añade que “hay jóvenes que se quedan fuera y otros que están en una situación precaria. Salvo excepciones, es muy difícil desarrollar una investigación de calidad para la cual están capacitados”.

Ana Montero cree que “irse al extranjero continúa siendo la mejor solución, aunque esto tampoco asegura nada”, y coincide básicamente con Silvia Mansilla, que está convencida de que “si se quiere continuar en este ‘negocio’, no hay más remedio que salir al exterior”.

Por lo que se refiere a la situación de la mujer en la investigación de nuestro país, las tres premiadas confirman que en los laboratorios la gran mayoría son mujeres. Según el estudio Mujer y Ciencia 2006 de Eurostat, en España el 36% de los investigadores son féminas, frente al 29% del resto de la UE. Y si se analizan los puestos de responsabilidad se observa que los hombres ocupan el 80% de los cargos de mayor rango.

El gran objetivo sería favorecer la incorporación de científicos creando una contratación laboral indefinida, como en cualquier otro sector de la sociedad, y conseguir que los salarios y las condiciones de trabajo dejen de estar un tercio por debajo de lo que ofrecen otros países y determinados organismos investigadores, como el Instituto Max Planck, de Alemania, o el Centre National de Recherche Scientifique (CNRS) francés.

El presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Carlos Martínez Alonso, estimaba recientemente que España necesita unos 60.000 científicos, aunque “nuestra Universidad no parece que sea el caldo de cultivo del que saldrán los investigadores que necesitamos”.

Una encuesta de la Unidad de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Fundación BBVA muestra que los médicos y científicos ocupan el primer lugar en el nivel de confianza que los jóvenes españoles tienen en los diferentes grupos profesionales. Sin embargo, un 53% asegura que no le gustaría trabajar en la investigación científica, ya que esta carrera es considerada difícil; los salarios no resultan atractivos y el trabajo del investigador exige más esfuerzo que la mayor parte de las profesiones.