Meses atrás, al sucederse varias oleadas de robos, la autoridad nos saturó de peregrinas explicaciones, basadas en el sistema Tura, dama gubernamental para quien la verdad residía en sus enérgicas declaraciones a la radio. Bien: nos decían que se trataba de hechos imprevistos, accidentes aislados, alarmas sólo psicológicas, de unos pocos malhechores del Este que estaban de paso, de falsas percepciones de indefensión pues la policía que patrullaba era numerosa, que Madrid tenía la culpa porque los Mossos esto y aquello... Pero nada de eso se ha revelado cierto, pues varias zonas de la Costa Brava, de Tarragona, y Sant Cugat junto al Cap i Casal, se han estabilizado como pasto permanente de bandas de asaltantes a domicilio, de irrupciones asesinas, sin que mossos ni mosses las hayan anulado, con lo que la gente ya no tiene más remedio que emigrar a otras zonas, pues al fin resulta fácil para los delincuentes desactivar la vigilancia privada. Y lo mismo podría repetirse sobre el ambiente de varios distritos de Barcelona, donde la seguridad, la limpieza o el silencio nocturno siguen notándose sobre todo por su ausencia.
Es a partir de ahí, y de otras historias de decepción o desespero ciudadano como deben valorarse por ejemplo la abstención electoral, el desprestigio de la política, la caída de la empatía popular en relación con los conceptos altisonantes con que se pretende sublimizar la vida colectiva, tales izquierda,nación,participación.Hubo una época reciente en la que ninguna gran idea emitida oficialmente ya no cundía entre el pueblo, y me remito al último franquismo o a la prédica religiosa sobre todo referida a la moral, todo se había desgastado, convertido en farisaico circunloquio. Sólo así se entiende que a la muerte del dictador se cambiara de régimen con tranquilidad o casi de un día para otro. Existían unas fachadas, sin duda, pero eran de teatro, detrás únicamente quedaban polvorientos andamios.
Y no se crea que esto fue excepcional: en 1931 España ya se acostó monárquica y se levantó republicana,y más recientemente se derrumbaba en Europa con apacible parsimonia el tenido por gigantesco y férreo sistema soviético: es que estaba hueco. "Todo aquí es falso", se decían poco antes Gorbachov y Shevardnadze en una playa del mar Negro. Aunque nosotros no hayamos llegado a ello, pero cuando el río suena... Y suena: la mayoría de la gente vota opciones que son las que menos cuentan en el ambiente habitual de la charla política y de las elucubraciones intelectualoides. Una de las cuales consiste en afirmar que quien vive en una torrecita es un pequeñoburgués y que si se la escalan, que se joda.

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