TRIBUNA
El Royal Ueno Museum de Tokio acaba de clausurar una exposición retrospectiva sobre Dalí que en apenas tres meses ha congregado a medio millón de personas. Exactamente a 502.332. Incluso durante los días de vacaciones de Año Nuevo, que los japoneses pasan en familia, las colas han sido interminables, con promedios de 6.000 visitas al día. La dalimanía ha invadido Japón y los medios de comunicación han dedicado amplio espacio al artista; de hecho, dos de los organizadores de la muestra han sido el diario Asahi Shimbun (13 millones de ejemplares de difusión) y la cadena Fuji TV. Hace 25 años, Japón pudo ver otra antológica del artista (entonces fue patrocinador el otro gran diario del país, el Yomiuri Shimbun),que se exhibió en el Isetan Museum of Art de Tokio, y posteriormente en dos museos de Osaka e Hiroshima.
La exposición ha contado con 104 piezas, que incluían óleos, acuarelas, dibujos y objetos pertenecientes a partes iguales a los fondos de la Fundació Gala-Salvador Dalí y de la Dalí Museum de Saint Petersburg (Florida), que han colaborado eficazmente para que pudiera llevarse a cabo esta retrospectiva, la primera que ha podido contemplarse después de las dos grandes exposiciones que se organizaron con ocasión del centenario del nacimiento del artista. Los organizadores destacaron que, tras Gaudí, Dalí se está convirtiendo en el segundo gran icono del arte catalán en Japón, lo que viene advirtiendo Ramon Boixadós, presidente de la fundación que lleva el nombre del artista ampurdanés, quien ha visto cómo el número de visitantes nipones crecía por encima de otros en el que se ha convertido en el tercer museo del país, tras el Prado y el Reina Sofía.
No deja de ser curioso que Dalí fuera un apasionado de Gaudí durante toda su vida, como lo testimonia su conferencia en la capital catalana de 1935, donde reivindicó la Catalunya "surrealista en la anarquía" y la de "las sublimes y demenciales arquitecturas convulsivas de Gaudí y del Modern Style". Igualmente significativos son dos artículos que publicó en Vogue y Paris--Match en los que ejercía de guía de Barcelona, empezando por los edificios gaudinianos de la Pedrera, la Sagrada Família y el Park Güell, "este tipo de arquitectura delirante, verdadera música débussyana solidificada". Sin olvidar otra charla dada en el Ateneu en 1950, donde defendía que la espiritualidad catalana tenía cuatro puntos cardinales: "Ramon Sibiuda, Ramon Llull, Antoni Gaudí y… Salvador Dalí". En ella identificaba la "arquitectura blanda de Gaudí" con su objetualidad igualmente blanda, de la que los relojes-camembert de la Persistencia de la memoria son el ejemplo más celebrado. Asimismo, se ha teorizado que, igual que Gaudí quiso ser enterrado en la cripta de la Sagrada Família, Dalí deseó ser inhumando en su propio templo, el Teatre-Museu de Figueres.
Dalí se interesó por Japón y le complacían sobre todo dos pintores, Kitagawa Utamaro, un artista de escenas eróticas del siglo XVIII, que reflejó las prostitutas de Yoshiwara, y Katsushika Okusai, un pintor y grabador del XIX, especializado en libros ilustrados y cuyos dibujos coleccionaban Monet, Degas y Toulouse-Lautrec. Y en el fondo del taller de su casa de Portlligat hay una sombrilla japonesa que nadie sabe cuándo ni dónde adquirió, pero que daba un aire exótico a una residencia tan mediterránea, y que hace que los visitantes japoneses se pregunten si alguna vez el artista estuvo en Tokio. En cualquier caso, Gala supo cumplir, entre otros, el papel de geisha.

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