La exposición Offjectes que se presenta hasta el 15 de abril en el Museu de les Arts Decoratives muestra la producción de los nuevos diseñadores, estructurada en torno a una serie de conceptos básicos, seleccionados por Óscar Guayabero. El texto de introducción del catálogo, Offjectes, conceptes i dissenys per a un canvi de segle,se adscribe en una línea de suave reivindicación generacional, a partir de unas premisas conceptuales, aderezadas con citas selectas, de Achille Castiglione a Ferran Mascarell.

Una de las ideas de base es que los nombres que se dieron a conocer en los ochenta han representado un obstáculo para la promoción de los jóvenes valores del diseño, que han sufrido las consecuencias de la falta de una verdadera industria y que han tenido que inventar su propio espacio en un territorio híbrido entre el diseño industrial y la creación poética, la obra artística y el gag. A algunos, el taburete-balancín de Ana Mir o los juguetes de Martí Guixé les parecerán una especie de broma. Sin los medios para acceder a la fabricación en serie, estos diseñadores plantean su trabajo de manera irónica, fabricando objetos ingeniosos, que circulan por medios alternativos y que situados uno junto a otro en una exposición (y aderezados con los comentarios pertinentes de Guayabero) dan algo parecido a una sensación de plenitud creativa.

Desde hace algún tiempo, el Museu de les Arts Decoratives organiza exposiciones de pequeña escala, atrevidas y de mucha calidad, sobre moda, diseño y cerámica contemporánea. No estoy seguro de que este espíritu exquisito e iconoclasta sea compatible con el planteamiento de la nueva sede, situada frente al centro comercial Barcelona Glòries y al pirulo luminoso de la torre Agbar.

Lo que más me gusta de la propuesta es que parte de la perplejidad. En los últimos años han aparecido una serie de iniciativas interesantes, pero ¿cómo agruparlas? En función de su desnudez, de la idea del kit montable, de su factura portátil, de la reivindicación del ornamento, de la recuperación de la naturaleza en forma de placebo, del humor, del mimetismo, del reciclaje. Algunas de las piezas estrella de la exposición son La siesta,el botijo de Alberto Martínez y Raky Martínez con forma de botella de agua mineral; Wellcome,de Xiu Xiu Design, la mesa felpudo para poner los pies; Coolsex, la toallita para masturbadores de Diego Ramos, o el divertido mondadientes de oro para colgarse del cuello que Marc Monzó titula Paliyo.

Offjectes refleja una situación de precariedad que encaja con la literatura que practican Marc Romera, Jordi Puntí o, de manera más desinhibida, Manel Zabala y Empar Moliner. Ninguno de estos autores, que yo sepa, se ha dedicado a hacerse la víctima ni a escribir manifiestos haciendo el quejica porque los de la generación anterior les cierran el paso. Como los diseñadores de Offjectes,se interrogan sobre la condición contemporánea y buscan nuevos argumentos que les permitan dar cuenta de las contradicciones de la vida de hoy.

Al otro lado están los que se quejan por sistema y que, a partir de un uso oportunista de ciertas premisas (excelencias, militancias políticas y altas culturas incompatibles con la cultura de masas), tiran para otro lado: convierten la reivindicación en acritud y, en lugar de crear sus propios medios de expresión para seducir al público, se pasan el tiempo lanzando anatemas y reclamando un trato preferente que no justifica su falta de talento. Estos sí que están off.