Se especula con más relevos que el de Justicia y la posible entrada de Duran Lleida en el Gabinete

Los últimos acontecimientos políticos han derribado el pronóstico de que Zapatero era imbatible por Rajoy, porque el liderazgo del presidente se ha deteriorado bastante, y porque el líder del PP se ha sacudido su habitual letargo para aparecer como un político duro e implacable, aunque ello le aleje del centro. Pero hace meses nadie le daba al PP la menor oportunidad de victoria en el 2008, y ahora —así lo dicen las encuestas— todo es posible, incluso que el PSOE mantenga la victoria entre los dos, pero ya no con la certeza de un tiempo atrás sino con muchas interrogantes. Y, además, pendientes todos de lo que pueda hacer ETA. Y ésta es, guste o no a unos y a otros, la novedad que parte de la crisis política nacida tras la bomba de ETA y del desencuentro final entre el PSOE y el PP.

En el entorno del presidente Zapatero lo saben, como conocen la depresión y falta de ánimo de su presidente, y hay dirigentes y ministros del actual Gobierno que estarían a favor de una iniciativa política espectacular que le dé ánimos al presidente y que, de paso, transmita a los ciudadanos la idea de una recuperación de liderazgo y también de estabilidad, una vez que los últimos meses han ofrecido un panorama de confusión, desconcierto y fracaso, especialmente en el Estatuto catalán y en la negociación fallida con ETA, dos iniciativas del presidente que han funcionado bastante mal. Por ello, quizá no convendría descartar ahora una inminente e importante crisis de Gobierno, aprovechando la oportunidad que se presenta por causa de la anunciada candidatura del ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, a la presidencia de Canarias, y ello a pesar de que Zapatero, en su fatídica rueda de prensa del pasado 29 de diciembre, sólo anunció el inmediato relevo del titular de Justicia.

La insistencia premeditada con la que el director del diario pro gubernamental El País, Javier Moreno, le preguntaba el pasado lunes a Zapatero sobre la posibilidad de incluir a corto plazo en el seno de su Gobierno a algún ministro nacionalista —el sueño de Duran Lleida de CiU— no es fruto del azar, o de una simple curiosidad periodística. Sino que más bien apuntaba una idea, o incluía el proyecto de algunos publicistas del Gobierno y de ciertos dirigentes del PSOE de la necesidad de hacer una reforma en profundidad del Gabinete para afrontar los diez meses que quedan de la legislatura hasta los comicios generales del 2008, dando imagen de fuerza y estabilidad, dejando fuera del Ejecutivo a ministros que restan más que suman, y poniendo en valor a otros que, como el titular de Interior, Rubalcaba, parece haber asumido en las últimas semanas la doble función de vicepresidente político y portavoz del Gobierno.

Que Zapatero necesita un revulsivo, algo nuevo que rehaga y refuerce su deteriorado liderazgo eso no lo duda nadie ni dentro ni fuera del Gobierno o del PSOE, o incluso de su habitual aparato de propaganda. De ahí la insinuación del El País, que imaginamos que mira más a CiU que al PNV. Entre otras cosas porque Zapatero le debe a Artur Mas una compensación por su apoyo a la reforma del Estatuto, y porque la presencia de CiU en el Gobierno de España, además de dar buena imagen y más estabilidad al Gobierno —como se la dio Pujol al último gabinete de González y al primero de Aznar— le serviría al PSOE para limitar la influencia y la constante presión de ERC a la que tanto alude el Partido Popular, y a Zapatero para mantener y desarrollar su nueva y entusiasta relación con el PNV de José Jon Imaz, con quien los dirigentes de CiU mantienen una excelentes relaciones.

Sin olvidar que esta novedosa presencia de CiU en el Gobierno de España pondría en apuros el discurso del PP sobre las posibles consecuencias rupturistas de la reforma de los Estatutos y de la “bilateralidad” de la relación de Cataluña con el Estado. De igual manera que semejante oportunidad sería muy bien acogida por los medios financieros y empresariales catalanes que, desde el inicio de la OPA de Gas Natural con Endesa y la reforma del Estatuto catalán, se han visto inmersos en la batalla política y dañados en sus intereses, como ya ocurrió con la batalla del cava, la penetración de La Caixa en el territorio español y su presencia en el sector estratégico y energético español.

En principio —en la citada entrevista del diario El País—, Zapatero decía que no descarta esta presencia de ministros nacionalistas en su Gobierno, pero luego no daba señales de que ésa pudiera ser una oportunidad inmediata. No sabemos bien si para despistar a la opinión pública y publicada o si, por el contrario, porque él no está a favor de una iniciativa que, por otra parte, podría traerle consecuencias negativas en el PSC catalán después de la caída de Maragall y en vísperas de las elecciones municipales, donde el tripartito de José Montilla pretendería renovar en la Alcaldía de Barcelona el pacto a tres que selló en la Generalitat. Aunque también es sabido que Montilla organizó su equipo de Gobierno tripartito de espaldas a Zapatero, lo que le deja manos libres al presidente para hacer lo mismo.

Quizás esa proximidad de las elecciones municipales sea el mayor obstáculo para dar entrada a Duran Lleida —quien por cierto le está creando bastantes problemas a Mas en CiU— dentro del Gobierno de Zapatero. Pero también es verdad que el presidente y el PSOE algo tienen que hacer antes de que ETA reaparezca, y mientras se deteriora la imagen y sobre todo la capacidad de iniciativa del presidente del Gobierno. Y si no es contando con la presencia de CiU en el Gobierno de España, sí al menos renovando varias carteras de los ministros más desgastados y menos notorios —Trujillo, Álvarez, Sevilla, Calvo, Caldera, Espinosa y Moratinos—, al margen de la obligada marcha de López Aguilar.

Cierto es que el Gobierno tiene abiertos tres frentes importantes que merecerían un mayor y nuevo impulso: el de la lucha contra ETA que lidera Rubalcaba cada vez con más protagonismo, una vez que los negociadores del presidente han quedado fuera de juego; el de la eficacia en ciertos departamentos en cuestiones de gran impacto en el electorado, como emigración, obras públicas, agricultura y vivienda, donde aparecen más que tocados los ministros Caldera, Álvarez, Espinosa y Trujillo; y en política exterior —la cartera a la que aspira Duran Lleida—, donde el Gobierno no sólo tiene el problema de las relaciones con Estados Unidos, sino que además ha perdido pie e iniciativa en Europa y América Latina.

La tentación del presidente era, sin duda, dejar las cosas como están en el Gobierno, pero las cosas o la política han cambiado mucho en los últimos días y tanto Zapatero como el Gobierno y el PSOE están necesitados de algún nuevo impulso o novedad, y como tienen encima de la mesa la crisis del Gabinete, lo menos que cabe imaginar es que ésta es una excelente oportunidad. Además, si el presidente se ha atrevido a abrir una negociación con ETA sin las garantías imprescindibles, ¿por qué no se atrevería a una crisis del Gobierno e incluso a la incorporación de algún ministro nacionalista y catalán?

La última reforma del Gobierno tuvo lugar por causa de las discrepancias del ex titular de Defensa, José Bono, y a ella se añadió el cese inesperado por solitario de la ministra de Educación, San Segundo, facilitándose de paso una movilidad interna que permitió la llegada de Rubalcaba a Interior, en pago por su buen hacer en la reforma del Estatuto de Cataluña. Y suponemos que para ayudar en el entonces ya deteriorado e incierto proceso de negociación con ETA que acabó tan mal. Ahora estamos ante la segunda oportunidad de relevos en el Gobierno y veremos si sólo afecta a Justicia, o si se extiende por otros departamentos, como sería lógico y de esperar.

En el PP también se esperan cambios

En realidad, los esperados relevos importantes en el Ejecutivo no son sólo una necesidad imperiosa del Gobierno de Zapatero, sino que también debería extenderse a la jefatura del PP, donde el protagonismo de Acebes y Zaplana ha dañado el liderazgo de Rajoy, y tiene más que ver con el pasado de Aznar que con el tiempo nuevo y electoral que ahora se avecina y en el que el presidente del Partido Popular se juega su última oportunidad. Sin embargo, y a pesar de que la necesidad de estos dos relevos empieza a ser un clamor entre dirigentes y militantes del PP —recuérdese la pública alusión que hizo hace tiempo Josep Piqué—, el presidente de los populares se resiste a moverlos. Y puede que, entre otras cosas, porque de hacerlo utilizará el congreso ordinario del PP previsto para el próximo otoño y en el que, si le salen bien las elecciones autonómicas y municipales de la primavera, Rajoy se presentará como dueño y señor del partido y sin la tutela de José María Aznar.