LA LUCHA ANTITERRORISTA
El atentado de ETA en Barajas ha disgustado a algunos sectores de Batasuna. Seguro. No es la primera vez que ocurre. En ocasiones anteriores hubo incluso protestas públicas. Ocurrió, por ejemplo, cuando ETA mató al primer militar, cuando mató a Gregorio Ordóñez o al ertzaina Joseba Goikoetxea. Pero ETA sabe cómo acallar ese tipo de protestas de los fieles: con un segundo asesinato. Tras el segundo crimen del mismo tipo que suscitó las protestas, ya nadie levanta la voz. Queda asumido. En esta ocasión, ni siquiera ha habido críticas públicas de Batasuna o de alguno de sus dirigentes. La única expresión de sorpresa ha sido por el comunicado etarra del día 9 en el que se anuncia al mismo tiempo que se mantiene la tregua y que la banda está dispuesta a atentar.
Con ese doble pronunciamiento contradictorio, el texto del comunicado del grupo terrorista puede perseguir dos objetivos también contradictorios: por un lado, calmar, de momento, a los sectores de la izquierda abertzale más desconcertados con la promesa de que continúa en vigor el proceso iniciado el 22 de marzo del 2006; por otro, hacer que el Gobierno no pueda aceptar la continuidad de ese proceso debido a las amenazas expresas contenidas en el escrito de la organización terrorista.
El atentado del 30 de diciembre, visto con los ojos de la banda, supone una demostración de fuerza tan importante, que ahora puede permitirse el lujo de permanecer varios meses inactiva. ETA sabe que el Gobierno y la sociedad española han percibido el mensaje amenazador que transmitió con el coche bomba de Barajas y que el impacto de esta acción terrorista no se diluirá fácilmente y menos todavía con los partidos políticos enfrentados.
Durante tres o cuatro meses - hasta las vísperas de las elecciones locales- ETA puede estarse quieta, dando satisfacción a aquellos de sus seguidores que quieren que continúe la tregua. Alo largo de ese tiempo, sin que nadie intervenga para frenar o acelerar acontecimientos, se irán produciendo numerosos hechos sobre los que ETA estará vigilante: el Tribunal Supremo decidirá sobre los casos de Segi o de las herriko tabernas;Otegi - que tiene una condena en firme pendiente de cumplir, otra recurrida ante el Supremo, fecha para sentarse en el banquillo otra vez, amén de otras causas en trámite- tendrá que afrontar un incierto destino penal; la Audiencia Nacional seguirá con sus juicios y condenas; los jueces seguirán impidiendo la acción de Batasuna; la policía detendrá a más etarras; el Gobierno no tendrá demasiado margen para permitir la presentación de Batasuna a las elecciones; Iñaki de Juana seguirá tensionando la situación con su huelga de hambre... Todo eso, más los imprevistos que se planteen.
El último comunicado de ETA contiene - en su traducción al castellano- casi 1.300 palabras, de las cuales 288 son una lista de lo que la banda llama "ataques" - las actuaciones policiales y judiciales- con los que ha justificado el atentado de Barajas.
Cuando pase ese tiempo de espera y ocurran acontecimientos como los que se han descrito - u otros peores-, ETA estará en condiciones de reanudar la actividad terrorista presentando ante los suyos - para que esta vez no haya críticas- una nueva lista de agravios del Estado, agravios que serán inevitables porque el comunicado de la banda no le deja al Gobierno margen político ni legal para intentar impedirlos.

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