Resulta asombrosa la capacidad para filosofar de nuestro presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. El BOG —Boletín Oficioso del Gobierno— publicó el pasado domingo una entrevista con el más ilustre de nuestros inilustrados, que son muchos y osados. En esta entrevista Zapatero dijo: “ETA sólo tiene un destino: el fin”. Algo tan rotundo y críptico es digno del primer Wittgenstein o de Heidegger. Zapatero, tras no hacer nada, va a revolucionar el pensamiento occidental.

“ETA sólo tiene un destino: el fin”. Ya la primera palabra plantea problemas. ¿Qué es ETA? Platón no escribió ningún diálogo para definir concretamente el significado de este acrónimo. Ayer, el Congreso de los Diputados, tan útil como un helado de aire, se pasó el día dándole pases al concepto sin llegar a ninguna parte. Algunos, como Rajoy, lo ven como un mal digno del pandemónium creado por Milton. Otros, como Zapatero, lo usan como un instrumento al que rodear con frases vacuas y tautologías perogrullescas. Unos pocos lo ven como un extremismo de sus propios extremismos separatistas, que inventan la historia y tergiversan la realidad. La propia ETA se presenta como movimiento liberador de una nación, opinión compartida en épocas por algunos presidentes. Y los más pensamos que en ETA hay mucho más delito que política, y que sus métodos e intenciones son semejantes —¿idénticos?— a los del crimen organizado.

El “sólo tiene” es una gran reflexión para simplificar la enormidad del concepto del sujeto. Y así Zapatero incluye el gran enigma de su filosofía, tan abstrusa que haría las delicias de Howard Carter y sus compañeros de expedición: el destino. ¿A qué destino se refiere Zapatero? ¿Al hado, a “esa fuerza desconocida que se cree obra sobre los hombres y los sucesos”? Dado el laicismo practicante del mayor aficionado a los “ismos” desde Ramón Gómez de la Serna, no creo que se refiera a este tipo de destino. Claro que la posibilidad de profundizar en el hado de la Grecia Clásica, y ver qué Dios impone su voluntad en los atentados de ETA y en las palabras de Zapatero es demasiado jugosa y lúdica como para tomársela en serio.

Destino también puede ser también “empleo”, “consignación, señalamiento o aplicación de una cosa o de un lugar para un determinado fin” o “meta y llegada”. El primero sería jocoso, puesto que muchas veces ETA se emplea en el fin de los demás. Que ETA quiera usar una cosa o elegir un lugar como lugar de llegada es un concepto demasiado complejo, incluso para Zapatero. Del mismo modo que el destino como meta sea el fin es un concepto demasiado sencillo para la vacua oratoria de nuestro primer ministro.

Destino, según Zapatero, debe ser, pues, “el encadenamiento de sucesos considerado como necesario o fatal”. Es decir, que ETA está destinada necesariamente al fin. Ningún filósofo podría haber sido jamás tan concreto e impreciso a la vez. ETA busca la necesidad, mientras la vida es pura contingencia. ¿Y cuál es la necesidad de ETA? El fin. Brillante argumento. Porque fin puede ser tantas o más cosas que destino. Sin entrar en problemas conceptuales, pensemos en la más sencilla de sus acepciones. ¿El fin de alguien en concreto o, como la última vez, de dos pobres inocentes? ¿El fin de la unidad de España o el definitivo de la paz y el progreso en el País Vasco? ¿Acaso pensaba el presidente del Gobierno, algo triste —¿qué tendrá la princesa?—, en el fin de su propio gobierno? ¿O quería rizar el rizo y hablaba del fin de este periodo constitucional nacido a la muerte de un dictador? ¿O hablaba de un fin general, más apocalíptico, recordando que el “otro” terrorismo se comerá también a ETA?

Por no ser audaz y dar a Zapatero más de lo que tiene, pensemos entonces que ese fin es equivalente a la muerte de ETA. Asombrosa perspicacia de nuestro ilustre ignorante. Todo lo que nace, muere, menos la Iglesia católica, que se reforma y sobrevive. Hasta las tortugas gigantes de las Galápagos tienen fecha de caducidad. Zapatero, en la entrevista, no pone plazo para el FIN de ETA. Siempre optimista, sabe que tarde o temprano la ciudadanía arrinconará al entorno etarra, le condenará al ostracismo social... hasta la sociedad española es capaz de reaccionar y hacer lo que nunca harán esos políticos que representan antes a unas siglas que a sus votantes.

Zapatero, otra vez, ha dado en el clavo. El destino de ETA es el fin. Dentro de cien años, todos calvos. Recuerdo ahora, no sé por qué, aquel viejo aforismo, que creo anónimo, que dice “controla tu propio destino, o alguien lo hará por ti”. En eso nos gana ETA. También.

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