El señor DURAN I LLEIDA: Muchas gracias, señor presidente.
Señoras y señores diputados, señor presidente del Gobierno, las primeras palabras de nuestro grupo parlamentario quieren sumarse a las que, con anterioridad, tanto el presidente del Gobierno como el presidente del Grupo Parlamentario Popular, señores Rodríguez Zapatero y Rajoy, expresaron en torno al recuerdo solidario de las víctimas, de las familias de Carlos Alonso, de Diego Armando y, en definitiva, de cuantas se vieran afectadas en el atentado del día 30. Víctimas, como todas, inocentes; víctimas en este caso muy humildes, pobres. En alguna imagen de televisión se veía cómo las familias, descalzas, de alguno de los desaparecidos esperaban, única y simplemente, la remesa de sus ingresos y no, por supuesto, la remesa del cadáver de sus hijos.
Convergència i Unión respeta y participa, por supuesto, del debate de hoy, pero considera un error su celebración. Intentaré explicar, como mínimo, tres razones por las que, al entender de este grupo parlamentario… (Rumores.)
El señor PRESIDENTE: Disculpe, señor Duran.
Por favor, hay un orador en la tribuna, guarden silencio.
El señor DURAN I LLEIDA:
Decía que este grupo parlamentario, señor presidente, considera un error el debate, aun respetando y por supuesto interviniendo en él, más visto su contenido. Quede claro, de entrada, que el deseo de Convergència i Unió no es ni la derrota del Gobierno ni la derrota del Partido Popular en este debate. La única derrota que le interesa a Convergència i Unió es la derrota de ETA. Precisamente por eso, señorías, me atrevo a enumerar tres razones por las que Convergència i Unió considera un error este tipo de debate.
En muchas ocasiones se ha dicho públicamente, por parte de unos y de otros, que ETA no debía marcar la agenda política. Pues si eso es cierto, y lo es a nuestro juicio, mucho menos ETA debe marcar la agenda parlamentaria. No hay que olvidar, señorías, que los terroristas viven del anhelo de paz de los demócratas y que los terroristas viven también -y esa es una buena reflexión para algunos- de los anhelos de paz de esta Cámara, de este Parlamento. Segunda razón. La unidad es importante, pero no en el sentido de idealizarla hasta el extremo de que se convierta simplemente en bellas palabras. Unidad significa no hacer exactamente lo que el Gobierno quiera, pero sí reconocerle la capacidad, al Gobierno, que es precisamente al que le corresponde la dirección de la política antiterrorista. No en vano, eso es algo que no solo reconoce este grupo parlamentario, sino que el tan aludido acuerdo del 8 de diciembre entre el Partido Socialista y el Partido Popular así lo expresa taxativamente en su artículo 1º al recordar, insisto, que le corresponde al Gobierno la dirección de la lucha antiterrorista.
Unidad, como decía, no es hacer lo que el Gobierno desea, pero unidad sí es intentar el máximo común denominador posible, sin renunciar por supuesto a las especificidades de cada uno, pero invirtiendo, reitero, cuantas energías sean posibles con el objetivo de lograr puntos y denominadores comunes. Sabiendo que, de la misma manera que acabo de recordar, le corresponde al Gobierno dirigir la política antiterrorista, el Gobierno también tiene un plus de responsabilidad, por encima de cualquier otro grupo parlamentario, en la misma. Y una tercera razón, señorías, en cuanto al contenido de este debate, que a nuestro juicio avala que no debiera haberse hecho, es el contenido del mismo. Si el presidente del Gobierno tiene información distinta -que es razonable que la tenga- de la que pueda disponer nuestro grupo parlamentario en torno a lo que sucedió en vigilias del 30 de diciembre, es lógico que no lo explique, a nuestro entender, en esta tribuna y en este Parlamento. Si el Gobierno tiene información respecto a cuáles deben ser las directrices de una nueva política antiterrorista, es lógico que una política dirigida a los terroristas, más allá de lo que son comunes denominadores -en los que, por cierto, todos coincidimos-, no se exponga en la plaza pública, en el ágora, que otra cosa distinta no es este Parlamento.
Acabo con esta primera reflexión, señorías. Es posible que Convergència i Unió se equivoque en la apreciación de que este debate era innecesario y que este debate es un error. Es posible que estemos equivocados, pero deberán admitirme, señorías, que durante 30 años nos hemos equivocado todos, porque nunca se ha producido, no un debate a raíz de un atentado, que tampoco, ni tan siquiera un debate para debatir profundamente cuáles deben ser las líneas de lucha de la política antiterrorista. Estas se fraguan entre el Gobierno y los grupos parlamentarios en las conversaciones discretas que debe haber, que ha habido y que desgraciadamente no siempre han alcanzado la discreción que se precisaba.
Permítanme, sentada nuestra premisa, quizá errónea, pero la nuestra de por qué este debate era innecesario, aportar algunas reflexiones en torno a los contenidos de lo que se debate estos días entre los diversos partidos, grupos parlamentarios y lo que está en el ánimo de la sociedad y, por tanto, de la opinión pública. En esta misma tribuna, en esta misma Cámara, de manera reiterada, señorías, este grupo parlamentario en boca de su portavoz ha pronunciado una frase que hoy repite: Apoyaremos al Gobierno, aunque fracase, otros lo hicieron y también este tiene derecho a intentarlo e incluso a fracasar. Por tanto, hay un fracaso, pero el fracaso, a juicio de este grupo parlamentario, es un fracaso colectivo. ¿Lo es más del Gobierno que de Convergència i Unió? Por supuesto. Lo es más del Gobierno que de Convergència i Unió, pero es un fracaso colectivo. Lo es más del Gobierno, señor presidente, porque antes le decía que, de la misma manera que le reconoce nuestro grupo que ustedes son quienes deben dirigir y usted especialmente y su ministro del Interior, la lucha y la política antiterrorista también le recordaba ese plus de responsabilidad. Pero creo que no sobraría, señorías, menos después de visto el debate de esta tarde, que cada uno de los grupos parlamentarios de esta Cámara se hiciesen una pregunta: ¿He contribuido en algo a este fracaso colectivo?
Al menos desde nuestro grupo parlamentario nos planteamos esa pregunta e incluso admitimos que también en algo hayamos podido colaborar a ese fracaso colectivo.
Pero no es responsable de ese fracaso el Gobierno o el Partido Socialista Obrero Español, como no es responsable de ese fracaso el partido Popular, como no lo es, ni menos, el Partido Nacionalista Vasco, Convergència i Unió o cualquier otro grupo parlamentario democrático de esta Cámara; ni el PP, por supuesto es responsable de ese fracaso, ni lo es el Gobierno y el Partido Socialista. El único responsable de ese fracaso es ETA. Es la organización criminal ETA. (Aplausos.) Ella y nadie más que ETA es la responsable de este fracaso.
¿Qué desearía un balance distinto? Sí. Me hubiera gustado no tener que acompañar al Gobierno en el fracaso, sino en el éxito. Pero dicho esto, éxito es que, mientras ha habido diálogo e intenciones de haberlo, e incluso sin antes de apuntar ese diálogo, en España no ha habido muertos y este balance de cuatro años se salda, dos largos de gestión de este Gobierno, simplemente con dos muertos muy importantes porque son dos vidas, pero sin olvidar que, mientras ha habido una puerta abierta a la esperanza ha habido una realidad que nadie puede obviar. No han matado tantas personas como en otras ocasiones simplemente por importantes que son cada persona, cada vida es importante, dos de ellas desgraciadamente nuestro sentimiento, como dije antes, de dolor respecto a sus familias y al pueblo ecuatoriano.
¿Fue un error, señorías, abrir el proceso de diálogo? A nuestro juicio, no. Lo dije antes. Otros lo intentaron. Otros también lo hicieron. ¿Había bases suficientes para abrir este proceso? Según el Gobierno, sí y me basta. Lo hemos repetido hasta la saciedad, por tanto, no tengo por qué contradecirme. Le decía al Gobierno pública y privadamente: no me interesa toda la información que ustedes tengan. Me interesan los resultados. No me lo explique todo. Me interesan los resultados.
¿Que desgraciadamente el resultado final es la bomba de ETA del día 30? Sí, desgraciadamente. ¿Que ha habido fallos a lo largo de estos años? Sí, uno fundamental: ha habido demasiado ruido, como esta tarde en la Cámara, y de ello ha hablado repetidamente Convergència i Unió, repartiendo responsabilidades para todos, si quieren, también para nosotros, y hoy la ciudadanía no quiere ni espera de nosotros tanto ruido, sino una actitud más modesta, más colaboradora entre nosotros porque saben que el único adversario político es el vecino, pero que el único enemigo nuestro común es ETA.
Hemos dicho, señorías, y lo volvemos a repetir, que este era un proceso que lógicamente debía albergar un cierto secretismo, pero se ha dado una triste realidad: el secretismo se ha hecho compatible con la indiscreción, y ambas cosas no casan; ambas cosas a juicio de este grupo parlamentario no son compatibles. Hemos denunciado, como decía antes, en el pasado esa falta de discreción, ya lo hicimos, pero no nos obliguen, señorías, a ponernos a favor del Partido Socialista contra el Partido Popular ni a favor del Partido Popular contra el Partido Socialista. Queremos estar junto a ambos, junto al Partido Socialista, junto al Partido Popular, y, evidentemente, contra ETA, y no solo nosotros, no simplemente ustedes, Gobierno y Partido Socialista, y Partido Popular y Convergència i Unió, sino con todos los grupos parlamentarios de esta Cámara y fundamentalmente con quien también tiene asumidas desde lo que es otorgar la confianza a la ciudadanía responsabilidades de Gobierno en el País Vasco, en Euskadi como es el caso particular, aunque no exclusivo de esta Cámara pero sí principal, del Partido Nacionalista Vasco. Por tanto, unidos sí, pero no a costa de marginar a los demás.
Debe ponerse el contador a cero. A juicio de este grupo parlamentario ninguno de los pasados pactos nos es útil para afrontar la situación de presente y de futuro, lo que no equivale a que algunos de los contenidos de esos pactos del pasado puedan ser asumidos por todos los grupos parlamentarios de esta Cámara sin excepción. No hay otro responsable, señorías, de lo que ha sucedido y del fracaso, como antes decía, que ETA. ETA ha hecho lo que sabe hacer, matar, pura y simplemente matar, y ETA ha perdido una gran oportunidad. Hay que recordar aquello -aplicable en este caso- que decía la ex secretaria de Estado norteamericana, Margaret Albright, respecto a los palestinos: Nunca jamás pierden la oportunidad de perder la oportunidad.
ETA no pierde la oportunidad de perder la oportunidad y ETA acaba de perder una nueva oportunidad. Empecemos, como decía, de nuevo. Todos sin excepción deseamos -porque no hay ningún mal nacido en esta Cámara- que ETA deponga las armas, todos sin excepción, todos, apoyamos a las víctimas, todos deseamos que no haya más víctimas y todos sin excepción nos alegramos de que durante cuatro años no haya habido más víctimas que lamentablemente las dos ya aludidas del día 30 de diciembre del año pasado.
Todos podemos estar de acuerdo, señorías, si miramos hacia el futuro, de que sigue vigente un objetivo político que es la lucha contra el terrorismo, que es la desaparición de ETA, y, consecuentemente, con la desaparición de ETA -que no otro escenario se puede contemplar en este momento- significa que desaparecerá el asesinato, el terrorismo -aquel que se adjudica a esa banda terrorista- y, por tanto, significa que podremos vivir en el conjunto de la sociedad española simplemente en paz. Es cierto que el proceso no se puede continuar. Nuestra voz política fue de las primeras que dijo que en la medida en que no había violencia, no había diálogo. Este Parlamento aprobó una resolución el 17 de mayo de 2005, resolución que nosotros no consideramos que haya que anular, entre otra razones porque otra vez estaríamos anulando algo que no se ha hecho nunca -una resolución- del Congreso de los Diputados, soberano en cuanto a sus decisiones porque ETA haya puesto una bomba el día 30 de diciembre. Este Congreso no debe anular sus actos porque ETA haya puesto una bomba el día 30. (Aplausos.) Este Congreso debe decirle a ETA, más que nunca, que nos tiene más unidos contra ella de cara al futuro. Pero si el proceso no se puede continuar, señorías, sí entiende este grupo parlamentario que se pueden continuar manteniendo unitariamente unas actitudes básicas para conseguir la desaparición de ETA, que no otro es el objetivo de nuestro grupo parlamentario, por ejemplo, pidiéndole todos a Batasuna que tenga el valor, que tenga el coraje de decir públicamente que no apoya la violencia, que la condena, que pide a ETA lo que le pedimos todos, que entregue las armas y que es ese el único camino de futuro.
Un ruego, señorías. Me he propuesto no utilizar tan siquiera el tiempo que tengo disponible porque no sería coherente predicar que me parece un error este debate y al mismo tiempo abusar de manera incoherente del tiempo que tengo adjudicado de acuerdo con lo que han establecido previamente la Mesa y la Junta de Portavoces. Un ruego, señorías: no sustituyamos la esperanza desmesurada -y remarco: desmesurada- si es que la esperanza puede desmesurarse, que ha habido antes del día 30, por la desesperación, al día siguiente del día 30, porque es exactamente, exactamente, lo que quisiera ETA: que sustituyéramos la esperanza, aunque no pueda mesurarse, por la desesperación. No caigamos en ese error.
Y una reflexión, señorías, y con ella acabo mi primera intervención. ETA vive también -remarco: también-, no exclusivamente, pero vive también de la división de los demócratas. El objetivo de ETA es dividir a los demócratas. Dividir, para ETA, es sobrevivir. Mi pregunta y mi reflexión: ¿Ha habido hoy división? Mucho me temo que sí, señoras y señores diputados. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Duran.
Señor presidente del Gobierno, su turno, por favor.
El señor PRESIDENTE DEL GOBIERNO (Rodríguez Zapatero): Muchas gracias, señor presidente.
Señor Duran, quería expresarle públicamente mi más profundo agradecimiento por su actitud hoy en esta tribuna, en este debate, que es la culminación de toda una trayectoria desde el primer día en que iniciamos un proceso de posible diálogo con la banda ETA. Una actitud ejemplar, responsable y prueba bien manifiesta de su estilo político y de la contribución que siempre ha tenido a los intereses generales y a los grandes problemas de Estado el Grupo Parlamentario Catalán (Convergència i Unió) en este país. Quiero agradecerle muy sinceramente su posición, y coincidir con usted en dos cuestiones fundamentales.
Creo que el señor Duran lo ha expresado con claridad: este es el momento de la unidad de todos los grupos políticos. Históricamente ha habido diversos acuerdos. Nadie puede dudar, aunque no todos hayan sido suscritos por todas las fuerzas políticas, que cumplieron en cada momento con una finalidad que ha sido a la larga positiva, han sido eficaces en todos los ámbitos. Y el empeño y la voluntad de construir en este momento un gran consenso democrático de todos los partidos políticos, es lo que nos va a medir a cada grupo parlamentario en la talla política y en la capacidad de poner por encima del interés de cada partido el interés general de la defensa de los valores democráticos que están implicados en la lucha contra el terrorismo. Señor Duran, ha cumplido con su palabra. Desde esta tribuna afirmó en su día que apoyaba al Gobierno aunque el proceso llegara al fracaso y le agradezco mucho que haya cumplido con su palabra.
Le insto a que desde su autoridad política y la del grupo que representa sea uno de los artífices que puedan contribuir al acuerdo de todos los partidos políticos en este momento. Le garantizo que el Gobierno, en esa dirección, le va a dar todo el respaldo, toda la autoridad y toda la confianza en el logro de ese objetivo. Y aunque yo he manifestado en esta Cámara, en la discusión con el señor Rajoy, que este debate no beneficiaba a nadie ni a nada, comparto con usted que debemos mantener viva nuestra esperanza, la esperanza de que este debate, aunque ha tenido momentos agrios, difíciles, duros -en la primera parte, de manera evidente-, pueda servir para poner fin a ese periodo y abrir una etapa de consenso pleno democrático. Puedo asegurarle al señor Duran que empeño mi palabra en esa tarea y me comprometo a que en su momento me pida responsabilidades por no haberlo intentado o, en su caso, por haberlo conseguido y, desde luego, estaré siempre en la mejor actitud para que su grupo pueda contribuir a lo que representa el anhelo del consenso democrático. Su intervención me ha reconfortado y, por supuesto, señor Duran, pienso exactamente igual que usted: la democracia, esta Cámara, todos juntos vamos a conseguir el fin de vencer al terrorismo y de tener un país en paz y en libertad. Gracias por su intervención, son las que construyen país, son las que construyen acuerdos, son las que representan futuro.
El señor PRESIDENTE: Gracias.
Señor Duran, su turno de réplica, por favor.
El señor DURAN I LLEIDA:
Gracias, señor presidente. En nombre de mi grupo parlamentario y en el mío propio, qué duda cabe que nos sentimos honrados por la felicitación por nuestra actitud. No lo tomamos como un simple elogio del Gobierno presente, los hubo también con otros gobiernos y tengo ante mí a dos ex ministros del Interior que saben que también recibimos de sus respectivos gobiernos y de ellos mismos ese mismo agradecimiento.
Por ello -antes me olvidé, señor Rajoy-, desde el afecto, quería recordar a la Cámara que a la hora de apretar los dientes no le quepa la menor duda de que siempre va a encontrar a Convergència i Unió, sea con ustedes o con quien sea; así lo ha hecho en el pasado con UCD, lo hizo con el PSOE de Felipe González, lo hizo con el PP de Aznar, lo hace con el Gobierno socialista del señor Rodríguez Zapatero y el día que el PP vuelva a gobernar lo hará exactamente igual. Segunda reflexión. Doy por entendido, señor presidente, que mis palabras, elogiadas, cosa que le agradezco, se han entendido en el sentido de que las reflexiones son para todos y, consecuentemente, nuestro grupo se siente honrado de que haya podido ser útil.
Me plantea al final de su intervención la posibilidad de que mi persona y nuestro grupo puedan ser útiles para encontrar esa unidad. Creo que, si es eso lo que se quiere expresar, no es a nuestro grupo a quien le corresponde mediar entre unos y otros. Nadie necesita el PSOE para mediar con el PP ni el PP para mediar con el PSOE. En cualquier caso, sí debe saber el Gobierno -lo sabe el Partido Popular porque con el señor Rajoy hemos hablado en más de una ocasión en los últimos meses en privado y, es más, en algún momento incluso he tenido información por parte del señor Rajoy abundante de lo que podrían estar hablando entre ustedes, cosa que agradezco- que, si en algo pudiera ser útil este grupo parlamentario y mi persona, por supuesto, estamos al servicio de esa unidad que nos reclama la lucha contra ETA que, como decía antes, pasa única y exclusivamente por su desaparición.
Muchísimas gracias.
El señor PRESIDENTE: Fijación de posiciones. Turno de Esquerra Republicana. Señor Cerdà, por favor.
El señor CERDÀ ARGENT:
Señor presidente, señorías, quiero empezar hablando en este Parlamento en principio disgustado porque nosotros también manifestamos, cuando nos preguntaban si era este el escenario mejor para abordar la situación que nos había dejado a todos la bomba de ETA en la T-4 el día 30 de diciembre, que este no era el mejor foro para abordar este problema. Dijimos que íbamos a ver lo que hemos visto, el espectáculo que hemos visto en este Pleno, que entendemos que no ayuda para nada a la solución ni a la mitigación del dolor ni a la esperanza de muchos ciudadanos para que este problema grave, crónico ya en la vida política española, se dirima. Entendíamos que era en otros foros y desde otros ámbitos donde se tenían que abordar las posibles soluciones que puede tener este problema, y las tiene.
No quiero desde ningún punto de vista lanzar ni un mínimo mensaje a la ciudadanía de desesperanza, sino el de que, más tarde o más temprano, todos aquellos que nos hemos puesto de acuerdo en convivir bajo un marco de libertades, bajo un marco de garantías democráticas para un Estado de derecho podamos, de alguna manera, seguramente dialogada, poner fin a un conflicto que efectivamente se expresa de una manera brutal y sanguinaria. Y es justamente esta muestra de división la que lanza un mensaje de desesperanza a la ciudadanía que debemos evitar y creo que es por encima de muchas cosas. A pesar de todo este baile de eslóganes que hemos visto durante el fin de semana, de manifestaciones, de disensión, de división, por encima de todo eso cabía una respuesta de todos los demócratas que justamente era esa.
Ese es el valor de la unidad, que desde los nacionales a los nacionalistas, todos, desde distintas identidades, desde la derecha hasta la izquierda, todos los que hemos decidido convivir y aceptar unas reglas del juego, un Estado de Derecho, un Estado de garantías, unos derechos y libertades, un marco de convivencia en definitiva, desde las diferentes posturas, desde nuestras diferentes sensibilidades, desde nuestras diferentes identidades les decíamos a los que no están de acuerdo con este marco, a los que han decidido no convivir bajo el imperio de la ley que esta es la única salida, que únicamente en la aceptación de un marco de convivencia, que únicamente en la aceptación de unas garantías constitucionales, que únicamente dentro de la legalidad que nos ampara y que nos debe amparar a todos y con unas reglas del juego justas e iguales para todos solo así se puede convivir.
Les invitábamos con esta unidad a que cejaran en su actitud y a que depusieran la violencia y las armas para establecer efectivamente lo que tiene que ser un marco de convivencia, de paz y de libertad. Ni más ni menos era previa la unidad, señor Rajoy, era previa la unidad de todos los demócratas. Lo ha entendido así la ciudadanía, no ha preguntado por eslóganes, incluso, cuando se han cambiado los eslóganes, cuando se han hecho auténticos juegos malabares para que ustedes también estuvieran, a la ciudadanía le daba lo mismo, sabía perfectamente, más que algunos de sus dirigentes políticos, que era importante salir a la calle y que era importante decir que todos de punta a punta, de un extremo al otro, estábamos diciendo que este es el marco de convivencia del que nos hemos dotado.
Y seguramente, ya se lo digo, para nosotros muchas de las cosas de este marco legislativo se deben cambiar, querríamos cambiarlas y sabemos que solo conformando mayorías suficientes, mayorías democráticas y mayorías potentes se pueden alterar las reglas del juego, pero es desde dentro desde donde se puede hacer. Pero también le hacemos un flaco favor si eso mismo no se lo decimos y si esa misma unidad no se demuestra cuando justamente es el Estado de derecho el que se pone contra las cuerdas y cuando justamente se le elimina.
Es en ese momento cuando deben ser más fuertes todas las garantías democráticas, cuando no debe quedar ninguna sospecha de la actuación policial, cuando no debe quedar ningún resquicio de retroceso en las garantías democráticas, cuando no debe haber lugar para la discrepancia, cuando la justicia debe ser justamente eso, la aplicación de la ley y no una división entre buenos y malos, no una aplicación de un código deontológico de buenos y malos, sino simplemente la aplicación de la ley. No puede haber justicia que diga que estos son juzgados por quienes son y no por lo que hacen, sino la aplicación estricta del Estado de derecho. Nosotros podríamos decir, y de hecho lo hemos dicho antes del atentado del día 30 en la T-4, muchas de las discrepancias que tenemos con el Gobierno, pero apretamos los dientes y los puños cuando hay un atentado, una agresión de esta envergadura, que efectivamente rompe toda posibilidad de diálogo.
Ese evidente que solo en un marco de ausencia de violencia es posible acometer la responsabilidad de terminar con esta laca, con el problema y la distorsión tan brutal que supone la aparición de violencia en el escenario de la vida política española. Pero cuando nos dicen -le dicen al Gobierno, porque nosotros nunca estuvimos- que hay que volver al Pacto por las libertades y contra el terrorismo, nos asalta una pregunta, porque sabemos leer y el primer artículo dice: El terrorismo es un problema de Estado.
Al Gobierno de España corresponde dirigir la lucha antiterrorista, pero combatir el terrorismo es una tarea que corresponde a todos los partidos políticos democráticos, estén en el Gobierno o en la oposición, y manifestamos nuestra voluntad de eliminar del ámbito de la legítima confrontación política o electoral entre nuestros dos partidos las políticas para acabar con el terrorismo. Esto también forma parte del Pacto por las libertades y contra el terrorismo, ¿o es que solo se va a cumplir la parte que a ustedes les venga bien? (Aplausos.) Este no es un tema para hacer bromas. Nosotros nos opusimos a ese pacto porque restringía libertades y entendíamos que no daba solución al problema que estaban acometiendo.
En todo caso, es fruto de una coyuntura y no de la coyuntura actual. Creíamos, así lo entendimos y así lo aprobamos en esta Cámara y también en el Parlamento Europeo, que había un marco, que establecíamos un marco en las dos resoluciones que se aprobaron en esta misma Cámara en mayo de 2005 y también después en el Parlamento Europeo de crear las condiciones a través de las cuales podría establecerse un período de diálogo y la utilización del mismo como instrumento para la resolución de los conflictos. Sé que me pueden caer muchas críticas, pero Esquerra Republicana ahora y siempre apostará por el diálogo como fórmula, como instrumento para la resolución de los conflictos. Sé que es duro decirlo y sé que muchas veces a algunos nos corresponde hacer este papel, y nosotros lo asumimos y lo acatamos, siempre y en todo caso.
Sabemos que esta bomba es la responsable de haber roto toda posibilidad de diálogo. Encomendamos al Gobierno y a todos los grupos políticos, a ustedes también, señor Rajoy, buscar las condiciones de paz, las condiciones óptimas, las condiciones que ni más ni menos ya decidimos en la resolución en este mismo Parlamento, resolución que fijaba las condiciones en las que es posible el diálogo. Esa es nuestra obligación y es nuestra responsabilidad buscar el escenario en que se den esas condiciones para acabar de una manera definitiva con el problema del terrorismo. Si se dan, esperamos del Gobierno -ni más ni menos, no esperamos otra cosa- que acepte que se han dado esas condiciones y que cuando vuelva a tener la garantía, vuelva a asumir la responsabilidad de llevar adelante un proceso de paz, un proceso dialogado que ponga fin definitivamente a la violencia, porque no es de otra manera, no puede ser de otra manera, más que de forma dialogada la manera en que se resuelvan los problemas. Lo admitan o no, no hay dos caminos para la solución de este problema, solo hay un camino, porque el Estado de derecho y sus garantías, aquellos que protegen que se cumplan las leyes, el aparato policial y el aparato judicial, no han hecho vacaciones nunca, por tanto, siempre persiste la actuación policial y la actuación judicial.
Lo extraordinario, la obligación que tenemos que asumir, lo que tenemos que coger cuando se nos da esa oportunidad -y nos duele que se haya roto esta oportunidad- es justamente un escenario en el que se pueda dialogar la solución final del conflicto, porque todos conocemos -lo neguemos o no- la naturaleza política de este conflicto, ya que si no no hablaríamos de pagar o de no pagar precios políticos. Si se habla de eso es que se asume de alguna manera que el conflicto tiene un origen político y, si tiene un origen político, aunque se exprese de manera violenta, tenemos que obligarles entre todos a que dejen de expresarse de una manera violenta para que sea posible un escenario en el que se pueda hablar de cómo se soluciona definitivamente y para siempre este escenario de violencia. No se puede hacer de otra manera, no podemos arreglarlo de otra manera. El único camino para la paz, efectivamente, es la paz y no puede haber violencia. Esquerra -así invita al Gobierno- nunca dejará de trabajar para intentar lograr que ese escenario sea posible.
Señor Rajoy, no estamos de acuerdo con lo que ha dicho usted. Al terrorismo se le sufre o se le derrota. Ni Franco ni Suárez ni Calvo Sotelo ni Felipe González ni el señor José María Aznar, nadie ha podido aún terminar con esto y no lo digo con orgullo, sino con profunda tristeza, pero ¿sabe qué? En estos momentos es cuando los que queremos terminar de una vez con un fenómeno que distorsiona brutalmente la vida política y los procesos de otras naciones como la nuestra tenemos que arrimar el hombro. Es un fracaso de todos, un fracaso de un sistema y lo que tenemos que hacer es ponernos de nuevo de pie y volver a recuperarnos. No estamos de acuerdo con repartir una lotería macabra, con decir a la ciudadanía, a la gente de nuestros pueblos que vamos a continuar única y exclusivamente con la vía policial y judicial y que se va a sufrir el tema del terrorismo, que igual les toca, que vamos a repartir números en una lotería macabra y que si te pilla en la T-4 o en Atocha igual te toca a tí o a uno de tus familiares. Nos negamos a lanzar este mensaje a la ciudadanía.
Debemos dar un mínimo de esperanza, debemos trabajar desde el Estado de derecho, desde la actividad policial, desde la actuación judicial, pero también buscar las condiciones que hagan posible una salida definitiva de este problema y ustedes y nosotros sabemos que esas condiciones no son otras que unas soluciones dialogadas, lo digan o no. Ahí sí que mantenemos una profunda discrepancia. Si usted no cumple, le pondrán bombas y, si no hay bombas, es porque ha cedido. ¡Qué grave! Lo que acaba de decir es muy grave. (El señor Moragas Sánchez: ¡Es la realidad!) ¿Tampoco aceptarán ustedes la paz? Señor Rajoy, me da miedo lo que ha dicho usted. Seguramente en algún punto los extremos se tocan y seguramente -no me malinterprete- en eso coinciden con los de la ETA, cuanto peor mejor. (Rumores.-El señor Moragas Sánchez: Esos son tus aliados.) Esto no puede ser (Aplausos.), cuanto peor mejor no es un buen escenario. Hoy no es el inicio de una campaña electoral, sino seguramente el momento de ver, de escuchar y de recordar aquellos testimonios que, después de la muerte de Ernest Lluch, dijeron aquello de ustedes que pueden dialoguen. Nosotros que podemos, que tenemos esa responsabilidad, hemos de crear las condiciones para que el diálogo y la paz definitiva en España y en Euskal Herria sea posible.
El señor PRESIDENTE: Gracias.
Turno del Gobierno. Señor presidente, por favor.
El señor PRESIDENTE DEL GOBIERNO (Rodríguez Zapatero): Muchas gracias, señor presidente.
Señor Cerdà, quiero agradecerle la posición que su formación política, Esquerra Republicana de Catalunya, ha tenido durante todo este tiempo desde que se abrieron las expectativas de un proceso de paz, de un proceso de diálogo para el fin de la violencia.
También quiero agradecerle la intervención que ha tenido hoy aquí porque ha sido una musetra de apoyo permanente al Gobierno y de comprensión ante una difícil tarea, en lo que representa la búsqueda del fin de la violencia, más allá de que no coincida con alguna de las cosas que ha dicho, como es evidente, y como se desprende de su intervención y de la intervención que yo he tenido durante el desarrollo del debate de esta tarde. En todo caso, señor Cerdà, quiero asegurarle que las posibilidades de diálogo en todo este tiempo de ejercicio de la democracia que ha tenido la banda terrorista han sido diversas, con distintos gobiernos. La cuestión de fondo ha sido que intentan obtener posiciones políticas que solo en el ámbito de la política, de las instituciones políticas, de los representantes políticos, se pueden debatir, dirimir y resolver, sin ningún tipo de violencia y sin utilizar la amenaza como elemento de un proceso de diálogo.
Conviene que lo reiteremos porque sé, además, que es su posición de fondo. Cuando ha constatado la pervivencia durante décadas del terrorismo, ha puesto de manifiesto una vez más ante nuestro ojos la dificultad de ver el fin de la violencia. Una dificultad que a veces puede quedar escondida en algunas palabras grandilocuentes, que la historia ha demostrado que no se corresponden con los hechos. No es tan fácil, a no ser que se quiera hacer simplemente demagogia y utilización electoral del combate contra el terrorismo. Es una tarea extraodinariamente difícil, si no después de más de treinta años la democracia habría puesto fin a esa situación.
Sin embargo, estoy convencido, señor Cerdà, de que ha merecido la pena intentarlo aunque haya terminado con un atentado como el del día 30. Hemos demostrado una vez más la superioridad en todos los frentes de la democracia, de sus principios éticos, de lo que representa el Estado de derecho y de la legalidad. Hemos dado una nueva oportunidad. Quienes no han sabido entenderla ni aceptarla, antes o después -espero que antes- tendrán que rectificar y abandonar definitivamente esa locura de usar el terror y la violencia para conseguir fines políticos. En todo caso, señor Cerdà, muchas gracias por el apoyo que ha manifestado, más allá de las discrepancias, en el día de hoy. El señor PRESIDENTE: Señor Cerdà, su réplica. Si lo desea, puede hacerla desde el escaño. El señor CERDÀ ARGENT: Sí, intervendré desde el escaño.
Por si ha quedado alguna duda, nosotros hemos dejado claro en todo momento de que efectivamente con bombas no puede haber nada. Incluso con bombas tendría que haber alguna cosa. No es porque lo digamos nosotros, lo dijo ya hace algún tiempo justamente el señor Aznar cuando se produjeron aquellos veintinueve muertos en Omagh. Precisamente lo que le dijo a Tony Blair fue que persistiera y siguiera con ese proceso porque valía la pena intentar cualquier vía si era para terminar definitivamente con este proceso. Desde luego, con el respeto y con la fuerza del Estado de derecho y con el respeto y con la fuerza que nos merece la acción que ha realizado el Gobierno, al igual que nos la han merecido todos los gobiernos que han tenido la valentía y la responsabilidad de asumir la lucha y la resolución de un problema tan complicado, como es el tema del terrorismo, con tantas raíces en nuestro país y también en Euskadi. Les animamos, de verdad y con sinceridad, a que cuenten con nosotros. No sobramos nadie; en todo caso, faltan que algunos arrimen el hombro para que la solución de este problema sea definitiva.
El señor PRESIDENTE: Gracias.
Fijación de posición del Grupo Parlamentario Vasco. Señor Erkoreka, por favor.
El señor ERKOREKA GERVASIO: Gracias, señor presidente.
Señoras y señores diputados, antes de comenzar, quisiera expresar también las condolencias, el pesar y la solidaridad del Grupo Parlamentario Vasco a los familiares, amigos y allegados de las víctimas del fatal atentado de Barajas del pasado 30 de diciembre.
Señor presidente, hace unos años tuve ocasión de intercambiar impresiones con un diplomático británico sobre el proceso de paz irlandés. Entre otras cosas, me confesó que si la experiencia irlandesa había podido prosperar, lo fue en buena medida gracias a que la sociedad británica había sido capaz de imponerse un gran compromiso por la discreción; un compromiso responsable que implicaba a todos, a la clase política, a los líderes sociales y a los medios de comunicación social. El proceso irlandés -me dijo en palabras elocuentes y cargando con ironía la flema habitual de estos profesionales- no hubiese resistido una sola tertulia radiofónica española. Y no le faltaba razón.
Pero hoy, señor presidente, precisamente hoy, que estamos convocados en el Pleno de la Cámara para debatir sobre la estrategia antiterrorista, creo que es una buena ocasión para enriquecer la observación del diplomático británico y constatar que, además de las tertulias radiofónicas, el proceso de paz irlandés probablemente tampoco hubiese resistido uno solo de los numerosos debates que han tenido lugar en esta Cámara, en este hemiciclo, durante el último año, en torno a la iniciativa emprendida por el Gobierno para explorar las posibilidades de hacer efectivo un fin dialogado de la violencia porque, entre tertulias radiofónicas por un lado e irresponsables debates públicos por otro, hemos olvidado que la discreción constituye una regla de oro para el éxito de procesos como los que había acometido el Gobierno. Ya sé, no se me oculta, que son muchas las diferencias que existen entre el caso irlandés y el caso vasco y ya sé que allí, entre otras cosas, el Sinn Fein hizo gestos que, aquí, Batasuna ni ha hecho ni parece dispuesta a hacer a corto plazo, y que esta es una diferencia esencial. Ya lo sé, pero hemos de reconocer, señoras y señores diputados, que nos han faltado responsabilidad y discreción, ambas cosas.
Señor presidente del Gobierno, como bien sabe, mi grupo parlamentario nunca ha compartido la apuesta que usted hizo por parlamentarizar esto que hemos venido denominando el proceso de paz. Así se lo hice saber cuando debatimos por primera vez esta cuestión allá por el debate sobre el estado de la Nación del año 2005, se lo repetí en el debate sobre el estado de la Nación del año pasado y vuelvo a decírselo ahora. La transparencia total, la plena apertura al escrutinio público perjudica más que beneficia, claramente, a este tipo de empresas, que solo pueden prosperar, solo prosperan en condiciones de prudencia, de confidencialidad y de reserva.
Y desde esta consideración -que hemos mantenido, creo yo que con bastante coherencia, durante los últimos meses-, tampoco éramos partidarios de que tuviera lugar el Pleno que ahora estamos celebrando. Pero el presidente del Gobierno no soy yo, es el señor Rodríguez Zapatero, él ha decidido comparecer y yo, responsablemente, como portavoz de mi grupo, me presento aquí a expresar las opiniones de mi grupo.
Señor presidente, he comenzado mi intervención recordando la conversación habida con el diplomático británico porque mi grupo considera, como acabo de dejar esbozado, que la ausencia de discreción ha sido un vicio esencial que ha lastrado la iniciativa del Gobierno desde el mismo momento en el que arrancó. La irresponsabilidad con la que hemos arrinconado el tono confidencial que debe presidir siempre este tipo de procesos ha traído consecuencias muy negativas. Voy a citar algunas de ellas. De entrada, ha dificultado de manera notable la leal, abierta y sincera interlocución entre partidos políticos. El debate público sobre la lucha antiterrorista sobre la consecución de la paz está muy enmarañado. Es cierto que entre nosotros, aquí mismo en la Cámara, hay visiones muy diferentes sobre las estrategias que resultan más adecuadas para erradicar el terrorismo y para conseguir la paz. Pero, más allá de las discrepancias de fondo que existen y son constatables, nos separa también un enorme muro lingüístico que añade un plus de confusión a la división ya existente, acentuándose, si cabe aun más, las diferencias. Cada uno de nosotros ha construido su discurso con unas palabras que han sido cuidadosamente seleccionadas de entre las grandes voces del acervo lingüístico democrático, con el objetivo de seducir a los ciudadanos, moldear su opinión y ganarse su adhesión. La política contemporánea es así. Ya lo sé.
Todos fabricamos nuestros mensajes procurando aprovechar al máximo el efecto seductor de las palabras, pero es que de este modo no hay manera de entenderse. Probablemente un compromiso por la discreción, como el que se dio en el caso irlandés, hubiese podido paliar de alguna manera los problemas que plantea el combate lingüístico, pero puesto este debate en los foros públicos, en la palestra pública, las palabras se convierten en armas arrojadizas, que no solo no propician el encuentro, sino que blindan el antagonismo. Voy a poner un par de ejemplos. Esta semana pasada se ha criticado con ferocidad desde algunas fuentes el empleo en la manifestación de Bilbao de las voces paz y diálogo que algunos han denunciado por su uso perverso y manipulado. Señorías, entre nosotros, no nos engañemos, hay muchas grandes palabras que están viciadas: Estado de derecho, imperio de la ley, firmeza democrática, derrota del terrorismo.
Son expresiones construidas con piezas que están extraídas del patrimonio léxico de la tradición democrática, pero que utilizadas por determinadas personas, en determinados contextos, encierran una carga adicional que pervierte su auténtico significado. Otro tanto ocurre con la palabra libertad. Hubo un momento durante la semana pasada en el que daba la impresión que la palabra libertad lo decía todo, lo representaba todo. Definía exactamente la frontera de lo infranqueable. Pues bien, la libertad es un gran valor, es un gran principio, pero este concepto es, con diferencia, uno de los más pervertidos del lenguaje político actual. Ya lo decía aquella revolucionaria francesa en los días posteriores a la Revolución francesa: Libertad, cuántos crímenes se comenten en tu nombre. Y cuánta verdad tenía. Porque los crímenes de ETA están cometidos en nombre de la libertad. La sigla ETA significa Euskadi ta Askatasuna, Euskadi y libertad. Fíjense a dónde nos lleva todo el debate público sobre la idoneidad del término libertad a efectos de su incorporación para tal o cual lema.
El escandaloso desprecio que hemos hecho a la discreción ha tenido también otros efectos perversos, porque una vez puesto el debate en la palestra pública ha despertado inevitablemente en propios y ajenos un empeño casi obsesivo por sacar cabeza, hacerse notar e impartir opiniones y doctrina a diestro y siniestro sobre el proceso de paz. Hasta la declaración del alto el fuego por parte de ETA solo había rumores sordos que nos hablaban de lo que el Gobierno, al parecer, estaba llevando a cabo para conseguir una tregua por parte de la organización armada, pero dos días después del alto el fuego permanente, usted, señor presidente del Gobierno, concedió una larga entrevista a un medio de comunicación, que ocupaba tres páginas, nada menos, y en ese momento casi podría decirse que se abrió la feria. Es curioso, en aquella entrevista, señor presidente, usted confesaba que una de las principales enseñanzas que había extraído de sus conversaciones con Toni Blair, a propósito de la experiencia irlandesa, era la necesidad, y lo decía literalmente, de trabajar en un ambiente de discreción, y lo decía, aunque parezca paradójico, en una entrevista de tres páginas. Pues bien, señor presidente, esa enseñanza la hemos aplicado todos muy mal, porque desde entonces nos hemos visto inmersos en una loca carrera de pontificantes que competían por demostrar ante la opinión pública quién está en posesión de los secretos más inaccesibles y de las recetas más eficaces. No sé si SS.SS. han hecho el ejercicio de leerse la hemeroteca de estos últimos meses, pero es muy ilustrativo, nos enseña una auténtica galería de ignorantes superinformados. Nadie sabía lo que ocurría y, sin embargo, todos sabían lo que había que hacer, perdón, corrijo, había quien sí sabía lo que ocurría, los que gozaban de los favores de los servicios de inteligencia y de los servicios de información de los Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, porque ese sería probablemente otro obstáculo que no hubiese podido superar el proceso de paz irlandés: la necesidad de trabajar con unos servicios de inteligencia y de información -y que conste que no quiero hacer una descalificación colectiva, ni mucho menos- con tantas y tan selectivas goteras, porque los beneficiarios de la información y de las filtraciones eran siempre los mismos, y no puede ser que en un proceso de este tipo nos desayunemos todas las mañanas con referencias explícitas en los medios de comunicación e incluso reproducciones literales de informes confidenciales procedentes de estos servicios.
Señor presidente, en resumen de lo dicho hasta ahora: lo único que en opinión de mi grupo parlamentario puede reprochársele al Gobierno en relación con la gestión del proceso de paz es el hecho de no haber conseguido que discurriera, como era obligado, por cauces de mayor discreción. El Gobierno no es obviamente, ni mucho menos, el único responsable de todo el ruido que ha acompañado durante los últimos meses al proceso, pero también tiene una cierta parte de responsabilidad, como también mi grupo y como todo el resto de diputados y de la clase política y que hoy estamos llamados a poner en evidencia puesto que la comparecencia del presidente del Gobierno persigue precisamente esa finalidad.
Decía usted ayer, señor presidente del Gobierno, en otra entrevista, que en el ámbito de la política antiterrorista hablar mucho ayuda poco y que hablar poco ayuda mucho. Estoy absolutamente de acuerdo con esa máxima, acabo de expresárselo de diferentes maneras. Estoy tan de acuerdo con esa máxima que, fíjese, incluso estoy dispuesto a pasarle por alto el hecho de que lo dijera en una entrevista de cinco páginas en un medio de comunicación, en el que, inevitablemente por la extensión, hablaba mucho. Por lo demás, creo que en esta sesión las críticas concretas sobre que el Gobierno podía haber hecho lo que no hizo o sobre lo que hizo que no debía haber hecho sobran, sobran clarísimamente al menos para quienes, como es el caso de mi grupo parlamentario, apoyamos desde el principio la iniciativa gubernamental de explorar la posibilidad del fin dialogado de la violencia y, en su caso, trabajar por su efectiva realización.
Hasta que ETA rompió el diálogo con el atentado de Barajas y aún después hemos mantenido con el Gobierno numerosas reuniones, numerosos contactos que nos han dado ocasión para exponer y defender nuestras propuestas y nuestros planteamientos. Siempre lo hemos hecho con lealtad, en privado, a puerta cerrada. No hemos sentido la necesidad de salir a la palestra pública de modo sistemático para emplazar al Gobierno y exigirle la adopción de tales o cuales medidas a través de los titulares de los medios de comunicación, como hemos visto que han hecho otros grupos. Nosotros no hemos sentido esa necesidad. De entre las propuestas que nosotros llegamos a formular al Gobierno en esos encuentros confidenciales que hemos tenido con él, algunas fueron atendidas y tomadas en consideración, otras evidentemente no, pero la comunicación entre el Gobierno y mi grupo parlamentario se mantuvo siempre en un plano de lealtad y de confidencialidad, que es como tienen que hacerse estas cosas.
Por ello, la evaluación por parte de mi grupo parlamentario de la acción gubernamental -lo que a nuestro juicio hizo bien o lo que hizo mal- la haremos exactamente en el mismo contexto confidencial y reservado que es, insisto, como creo que deben hacerse esas cosas, no aquí con la presión de la luz y de los taquígrafos, con todo el respeto a las señoras taquígrafas. Entre tanto, señor presidente, resulta obligado y urgente, ambas cosas, aparcar el debate sobre la paz y de la política antiterrorista del inmediato horizonte electoral. Los ciudadanos suspiran por erradicar el terrorismo y lo hacen además al margen de que la próxima Presidencia del Gobierno salga de esta parte de las bancadas o de esta parte de las bancadas.
Al margen de las consideraciones electorales, esto es un ansia, una aspiración colectiva, de toda la ciudadanía, que se produce al margen y más allá porque trasciende al interés electoral inmediato. Huyamos, por tanto, del cortoplacismo; sustraigámonos a las hipotecas de la coyuntura; pensemos menos en las próximas elecciones y más en las próximas generaciones.
Señorías, voy a ir concluyendo ya, pero no sin antes identificar los aspectos en los que el Gobierno puede contar con la complicidad y la colaboración de mi grupo parlamentario, que creo que no le ha faltado en lo que llevamos de legislatura y no le faltará en el futuro si hay un espacio de entendimiento como sin duda existirá. El reto de acabar con ETA sigue en pie y nos concierne a todos sin excepción. Nadie está autorizado a inhibirse ni a esconder su responsabilidad, tampoco mi grupo parlamentario va a hacerlo. Por ello, señor presidente del Gobierno, quisiera decirle que puede contar con nosotros, puede contar con mi grupo parlamentario para trabajar consensuadamente en torno a cinco puntos esenciales, algunos de los cuales son meras obviedades, pero como vivimos un tiempo en el que las obviedades hay que explicitarlas y si no lo haces te lo reprochan, vamos a explicitarlas.
Puede contar con nosotros, en primer lugar, para marcar distancias rotundas con respecto a la violencia y el terrorismo de ETA, para condenar y rechazar sin paliativos siempre y en todo lugar, no solamente los atentados terroristas, sino todas las conductas violentas que coarten la libertad de los ciudadanos. En segundo lugar, puede contar con nosotros también, señor presidente, para participar con el máximo nivel de implicación en el reconocimiento público de las víctimas y en la adopción de las medidas de solidaridad a las que indudablemente son acreedoras, así como en el mantenimiento -porque ya existe- de un sistema de atención cotidiana y permanente de las mismas. Mi grupo parlamentario apoyó entusiásticamente la Ley de Víctimas vigente, y por supuesto no tengo ninguna duda de que apoyará también la que ha anunciado hoy para su presentación próxima en el Congreso.
En tercer lugar, señor presidente del Gobierno, puede contar con nosotros también para trabajar conjuntamente en todo tipo de proyectos -normativos, jurídicos, de pedagogía social…- encaminados a desterrar todo intento de legitimación política directa o indirecta de la violencia, y esta es una frase extraída del Pacto por las libertades y contra el terrorismo; que nadie me la reproche. Puede contar también con nosotros, señor presidente del Gobierno, para combatir el terrorismo desde el Estado de derecho. Para combatir el terrorismo desde el Estado de derecho, y para no caer preso de una trampa semántica, permítame hacerle una precisión. Mi grupo considera que un Estado no puede ser calificado como de derecho por el mero hecho de que se asiente sobre un sistema jurídico. El sistema franquista se apoyaba también sobre un conjunto de normas jurídicas y no era, no podía ser calificado como un Estado de derecho.
Un Estado asentado sobre leyes de excepción, por ejemplo, no es un Estado de derecho. Un estado de leyes que vulneran o restringen ilegítimamente los derechos fundamentales y las libertades públicas, el pluralismo político o la libertad ideológica, tampoco es un Estado de derecho. Un Estado que actúa a través del derecho penal de autor o del enemigo, tampoco es un Estado de derecho. Un Estado sin jueces imparciales independientes no es un Estado de derecho. Un Estado con políticas penitenciarias inspiradas en la venganza no es un Estado de derecho. Nosotros estamos plenamente comprometidos, y lo vamos a estar, para combatir el terrorismo, insisto, desde el Estado de derecho, asumiendo toda la complejidad y todos los compromisos que entraña la aceptación de este concepto ya consolidado en el ámbito iusconstitucional.
Y en quinto lugar, señor presidente del Gobierno, puede contar también con la complicidad y el apoyo de mi grupo parlamentario para procurar que el fin definitivo de la violencia y del terrorismo, cuando llegue el momento de hacer lo posible, si es que llega el momento y cuando llegue ese momento -hoy ya se ve que esto todavía no se da, que esto no ocurre, el fatal, el terrible atentado del pasado 30 de diciembre pone de manifiesto que estas condiciones hoy y aquí no se dan- pero, insisto, para que cuando llegue el momento de hacer posible este fin definitivo e irreversible de la violencia y del terrorismo de ETA, este fin sea dialogado… aunque no sea más que por razones de eficacia y de economía de daños. En este sentido, mi grupo parlamentario cree que la resolución de 17 de mayo del año 2005, que yo mismo contribuí a redactar junto con el entonces portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, sigue siendo válida en sus principios porque recoge, a juicio de mi grupo parlamentario, todos los ingredientes y todas las garantías que un gobierno democrático debe exigir para hacer posible y encauzar e impulsar un fin dialogado de la violencia. O es dialogado el fin de ETA o no tendremos jamás un fin cierto y seguro, porque nunca tendremos la seguridad de que se ha producido. Señor presidente del Gobierno, el pasado domingo varios miles de personas nos manifestamos en Bilbao por la paz, el diálogo y contra ETA. Esa es nuestra divisa, ese es nuestro marco de juego y cuando llegue el final de la fiesta, cuando se apague la luz, si usted actúa consensuadamente con nosotros con arreglo a esos principios, yo también estaré con usted en la habitación. Y es más, si el intento sale mal, nunca se lo reprocharé, actuaré solidariamente y compartiré con usted el fracaso. Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Erkoreka. Señor presidente, su turno.
El señor PRESIDENTE DEL GOBIERNO (Rodríguez Zapatero): Muchas gracias, señor presidente.
Señor Erkoreka, como suele ser habitual su intervención parlamentaria ha sido sugerente y ha puesto de manifiesto algunos de los temas que seguramente merecerán una reflexión con calma y que han podido tener alguna incidencia indirecta, quizá no menor, en el desarrollo de los meses de diálogo y del proceso. Conoce bien cuáles han sido los consejos, las reflexiones y las experiencias del llamado proceso de paz irlandés y recordaba usted que una de ellas había sido la discreción en todo el proceso. Yo añadiría otra fundamental para que ese proceso culminara con éxito, y fue la plena colaboración del Gobierno y la oposición, de los dos grandes partidos, en un proceso que inició el primer ministro de un partido político de un color determinado y que continuó un partido político del color alternativo, del Partido Conservador al Partido Laborista, y hubo siempre una absoluta complicidad. Es evidente que la discreción ayuda; hablar poco, ayuda mucho y hablar mucho, ayuda poco, pero le puedo asegurar, señor Erkoreka, que el Gobierno más bien ha sido el sujeto pasivo de esa situación, el sujeto que ha sufrido esa situación, ante la que éramos conscientes, y que tiene mucho que ver con el grado de confrontación política, de debate político abierto, cuando se está abordando un proceso de esta naturaleza.
Le recordaré que cuando hice la declaración dando luz verde al diálogo, el día 29 de junio en esta Cámara, terminé pidiendo discreción y reclamando que esa discreción fuera comprendida por el conjunto de la opinión pública. No ha sido fácil y la mejor prueba de en qué clima ha trabajado el Gobierno en esta tarea de diálogo la hemos tenido en la culminación que representa este debate parlamentario donde de las bambalinas para un proceso de esta naturaleza hemos acabado en luz y taquígrafos, lo cual realmente no tiene precedentes no ya en España sino en ningún país que haya afrontado un episodio o una etapa de intentar poner fin a la violencia de un grupo terrorista, como sucede en nuestro país.
Comparto plenamente la reflexión y, desde luego, el Gobierno lo ha intentado, aunque casi no ha tenido tiempo porque en definitiva han pasado seis meses desde mi declaración en sede parlamentaria -no en sede del Pleno del Congreso de los Diputados- autorizando el diálogo y ha habido menos tiempo, seguramente por el riesgo y por los problemas en torno a la discreción, del que se necesita, evidentemente, para poder consumar un proceso de esta naturaleza, tan largo, tan duro y tan difícil.
Espero que comprenda que si comparto esta reflexión que usted ha hecho desde esta tribuna -que la comparto muy a fondo y la he vivido como experiencia propia muy directamente- no entre en algunas de las cuestiones que ha planteado más de fondo sobre el futuro, porque cualquiera de esas palabras tendrían seguramente riesgos y afectarían a la discreción. Simplemente, como ya hice en mi primera intervención, quiero resaltar desde esta tribuna -no agradecer solo, sino resaltar- el comportamiento del Partido Nacionalista Vasco. Quedará, se lo aseguro, en la memoria de muchos ciudadanos de este país, quedará en la memoria del Partido Socialista cuál ha sido su comportamiento en este difícil esfuerzo que el Gobierno que presido ha intentado llevar adelante.
Quedará grabado para mucho tiempo, se lo puedo asegurar y esas son las cosas que también merece la pena haber vivido, saber que existen formaciones políticas integradas por personas tan responsables. Muchos ciudadanos tendrían el deseo de darle las gracias personalmente a Josu Jon Imaz por su actitud y su valentía. Como hay muchos ciudadanos que lo quisieran hacer, yo quiero dárselas hoy aquí personalmente en nombre de todos esos ciudadanos que lo harían con gusto.
El señor PRESIDENTE: Gracias. Señor Erkoreka, su turno de réplica, por favor.
El señor ERKOREKA GERVASIO: Gracias, señor presidente.
Señor presidente del Gobierno, le agradezco, obviamente, sus palabras de cariño, de aliento y de reconocimiento. Siguiendo el protocolo, me toca decir que son desmesuradas, que no hemos hecho mas que cumplir con nuestro deber y ser honestos y leales con un reto que es común y compartido. La apelación, señor presidente del Gobierno, de mi discurso a la discreción no estaba planteada como una crítica dirigida al Gobierno, era un ejercicio de autocrítica colectiva.
Creo que todos hemos pecado de esto, probablemente unos más que otros, pero todos hemos incurrido en los errores que he intentado reflejar en mi primera intervención. Por lo demás, no creo que la referencia que ha hecho usted a la conducta de la oposición, diferente aquí que en el caso irlandés, sea algo cualitativamente distinto a lo que he intentado señalar en mi intervención, porque allí efectivamente se produjo un compromiso colectivo, de todos, por la discreción, un compromiso que concernía y que implicaba tanto a la clase política como a los líderes sociales y a los medios de comunicación social, es decir, no solamente al Gobierno sino a muchos más agentes que tienen responsabilidad.
Pero no quisiera concluir mi intervención sin insuflar un dato optimista y positivo. Me toca hacerlo porque también procedo del País Vasco y seguramente la clave optimista y positiva será agradecida aquí de quien está dispuesto a arriesgar, a aventurar, una lectura no tan pesimista como la que creo que está prevaleciendo esta tarde en esta sesión. Usted aseguraba el 29 de diciembre que dentro de un año estaríamos mejor, aunque ayer reconocía que aquella no fue una percepción acertada y hoy ha admitido que fue un error decirlo. Después del atentado le respondieron, jugando con sus palabras -una vez más estábamos sembrando el territorio de minas semánticas- que hoy estamos peor que hace un año. Por supuesto que estamos peor que hace un año, pero lo estamos porque hoy ETA computa en su haber dos muertos más que entonces y este es un dato enormemente negativo. Pero de la misma manera que hago esta constatación afirmo que las dos semanas transcurridas desde el atentado no aportan, a juicio de mi grupo parlamentario, perspectiva suficiente como para poder evaluar lo ocurrido desde la perspectiva global del fin de ETA. Porque el atentado ha sido un paso atrás, no hay absolutamente ninguna duda de esto, pero un paso atrás puede ser un retroceso y puede ser también un gesto hecho para coger impulso y dar un gran salto para adelante. Solo la perspectiva del tiempo, y dos semanas no es margen temporal suficiente para eso, nos permitirá evaluar con rigor y seriedad si el atentando de Barajas y las reacciones que sucedieron al mismo fortalecieron a los más intransigentes, a los más violentos o sirvieron para acelerar la definitiva e irreversible disolución de ETA.
Esto no lo podemos saber ahora y solo podemos evaluarlo con el paso del tiempo. Por eso es importante que miremos mucho las reacciones actuales, porque esta evaluación que podremos hacer cuando dispongamos de perspectiva, las podremos hacer en función de lo ocurrido y de las reacciones que tengamos en este momento. Por eso es importante medir esas reacciones, pero quiero quitar carga negativa al transcurso del debate e insuflar en la medida en que pueda y hacer con esto una relativización de la lectura generalizada que pueda permitir o que pueda fundamentar una visión algo más optimista y esperanzadora de cara al futuro. Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Erkoreka.

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