Turno de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds. Tiene la palabra el señor Llamazares.
El señor LLAMAZARES TRIGO: Gracias, señor presidente.
Señor presidente del Gobierno, señorías, quiero iniciar mi intervención, la intervención del Grupo Parlamentario de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds, expresando nuestro pésame a la familia de Diego y de Carlos, a sus amigos y a todos los ciudadanos ecuatorianos, en el nombre también de su presidente, amigo personal. (La señora vicepresidenta, Chacón i Piqueras, ocupa la Presidencia.)
El atentado de la T-4 ha provocado en mi grupo, en el Grupo Parlamentario de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds, dolor, sorpresa y amargura. Dolor por las vidas arrebatas, la de Diego y la de Carlos, sorpresa por lo inesperado y brutal del atentado y amargura por la tregua traicionada y el proceso de paz arruinado.
Todo ello por responsabilidad exclusiva de la organización terrorista ETA, por nadie más. Sin embargo, comparecemos hoy aquí en el Congreso de los Diputados identificados con el mensaje y con las lecciones de paz de nuestra ciudadanía. Es un mensaje sin dobles lecturas: la solidaridad, la firmeza democrática y la esperanza. El mensaje de solidaridad con todas las víctimas, el mensaje de firmeza democrática frente al terror y también la esperanza de nuestro pueblo, la esperanza de nuestra ciudadanía en el diálogo y el acuerdo democrático a favor de la paz.
Señorías, no es la hora de Torquemadas ni de augures, tampoco es la hora de los reproches, es la hora de la responsabilidad política con mayúsculas, es el momento del pacto de todos frente al terrorismo y a favor de la paz. Como las manifestaciones, aunque quizá no hoy, quizá más adelante, esta comparecencia del presidente del Gobierno es ante esta Cámara un imperativo democrático. Lo es por las graves consecuencias del atentado en la terminal 4 del aeropuerto de Barajas, lo es por sensibilidad parlamentaria y lo es por inteligencia democrática.
Porque para nuestro grupo parlamentario el Parlamento, como lo es para los grupos parlamentarios de esta Cámara, es el corazón de la democracia, un corazón que debe latir al ritmo de las lecciones de la ciudadanía y la ciudadanía nos ha dado una lección el fin de semana; es el corazón de la democracia y este Parlamento debe latir al ritmo de la unidad democrática. Porque, señorías, además ha sido esta Cámara la que ha aprobado la resolución de mayo de 2005 y la que abrió las puertas a un nuevo proceso de paz para el fin dialogado de la violencia terrorista.
En consecuencia, hoy o quizá mañana es esta Cámara ante la que el Gobierno y su presidente deben informar y valorar la situación de la política antiterrorista con convicción y con humildad. Es también en este Parlamento donde el presidente del Gobierno debe ejercer, en primer lugar, el liderazgo democrático revitalizando y reorientando la estrategia frente al terrorismo y alcanzando un nuevo pacto por la paz sin exclusiones y sin atajos. Es verdad que esta comparecencia carece de precedentes en anteriores legislaturas y en anteriores pactos antiterroristas que se hicieron al margen del Congreso de los Diputados. No es pues para nosotros el fruto amargo de la deslealtad, es el fruto para hoy o para mañana de la democracia y el parlamentarismo.
Es verdad, sin embargo, señor presidente, que nada garantiza el buen uso de la deliberación democrática, pero no culpemos al parlamento de nuestras carencias o de nuestras miserias. No es culpa del Parlamento que haya quien en esta Cámara en su desmesura inquisitorial pretenda responsabilizar al proceso de paz y a la mayoría parlamentaria del atentado. No es responsabilidad de esta Cámara que haya quien en su desmesura responsabilice a esta Cámara del rearme de ETA. No es responsabilidad de este Parlamento, sino de las carencias de algunos de sus grupos, que haya quien nos emplace como en los antiguos autos de fe a la autoinculpación o a la condena, a la revocación de nuestros propios actos, de las resoluciones, de las manifestaciones o de las palabras como la paz. No lo haremos, no revocaremos nuestros actos y no aceptaremos la desesperanza. A pesar de todo, este debate habrá merecido la pena porque este Parlamento estará más vivo y la política antiterrorista con la mayoría del Parlamento, lo quieran o no lo quieran en el grupo mayoritario de la oposición, será más fuerte.
Señorías, para nuestro grupo parlamentario, tanto para Iniciativa per Catalunya Verds como para Izquierda Unida, el brutal atentado terrorista de la T-4 es responsabilidad única y exclusiva de ETA, solo de ETA. No es ni de la resolución del Parlamento ni de quien ha tenido la responsabilidad de aplicarla ni de la mayoría que la respaldamos; la responsabilidad es de ETA y de nadie más, solamente de ETA. Además, señorías, no es verdad que ETA mate, pero no mienta. Cuando es el fin el que justifica los medios, al igual que en la guerra con las primeras víctimas, muere también la verdad. Señorías, el atentado ha roto las bases mínimas de diálogo, la ausencia de violencia, porque la ilógica de la guerra y del terror, del dolor y de la muerte, es incompatible con la construcción de la paz y de la libertad.
ETA ha traicionado su propia tregua y para nosotros resulta un sucedáneo inaceptable la tregua vigilada, amenazada, que nos propone en su comunicado. No aceptamos la tregua de los corderos. Tampoco aceptamos el victimismo de Batasuna y su doble lenguaje de la crisis y las posibilidades del proceso de paz, un proceso de paz que, dicho sea de paso, ellos han contribuido a arruinar con su incapacidad de dirección política. Batasuna, señorías, tampoco ha dicho la verdad.
Señor presidente, para nuestro grupo parlamentario es la hora del mensaje de la firmeza democrática, pero también de la esperanza en la paz frente a ETA. Un futuro proceso de paz, que deseamos cuanto antes, solo será posible con dos premisas inexcusables: el anuncio del fin definitivo de la violencia por parte de la organización terrorista ETA y la emancipación de ETA por parte del mundo de Batasuna, la independencia política de Batasuna. Señorías, es la hora de la responsabilidad, lo hemos dicho. Es necesario comenzar hoy aquí a reconstruir la esperanza de la paz y del fin de la violencia terrorista. ¿Dónde mejor que en el Parlamento? ¿Dónde mejor que en la sede de la deliberación democrática? El atentado y la voladura de la tregua han generado una nueva situación.
Ante esta nueva situación, no valen ni las recetas de hoy y mucho menos las recetas del pasado, como el pacto antiterrorista del 2002. Hoy ya no vale una estrategia antiterrorista que contemplaba la exclusión y la confrontación entre nacionalistas y no nacionalistas; hoy ya no vale un basado en la lógica de la excepción frente a la lógica del terrorismo y de la violencia. Hoy un pacto excluyente sería contraproducente, debilitaría nuestra fuerza moral y también debilitaría nuestra unidad política. Por el contrario, señor presidente, es necesario un nuevo pacto frente al terrorismo que mantenga la esperanza de la paz, que mantenga la esperanza de los ciudadanos.
En primer lugar, un pacto basado en el diálogo y en el acuerdo sin exclusiones entre todos los demócratas, que incluya también a los nacionalistas, al nacionalismo vasco, imprescindible en cualquier proceso de paz digno de tal nombre.
En segundo lugar, un pacto de firmeza democrática frente a ETA, que combine el Estado de derecho y la acción política, porque todo es Estado de derecho, sin ningún tipo de atajos que alteren la lógica democrática.
En tercer lugar, un pacto de colaboración y cooperación social, institucional e internacional que, en primer lugar, cuente con la colaboración institucional del País Vasco y de Navarra. En definitiva, un acuerdo de solidaridad y de no instrumentalización de las víctimas del terrorismo como patrimonio moral de la democracia, no como patrimonio moral de una parte, de unos demócratas frente a otros demócratas. En este sentido, los contactos bilaterales que se han realizado son un paso positivo, el consenso que se propone también. Cada vez es más urgente contar con un marco multilateral con sede parlamentaria frente al terrorismo y a favor de la paz, un nuevo pacto del Parlamento español frente al terror y por la paz donde poder compartir información, valores y estrategia, que oriente y respalde la acción política del Gobierno, que nosotros no dudamos.
Señorías, señor presidente, solidaridad, firmeza, unidad y esperanza, pero también humildad. No somos infalibles. Con la misma claridad y convicción que decimos que ETA es la única responsable del atentado, admitimos que podemos haber cometido errores. Empecemos por los nuestros, por los del proceso de paz. Como en otras treguas del pasado pensábamos, y teníamos datos fehacientes para ello -entre otras cosas, tres años sin atentados con consecuencias de muerte-, que ETA había asumido el fracaso definitivo de la violencia, que ETA había asumido el fin de la violencia. Sin embargo, hemos de reconocer que no ha sido así.
Como en tantas otras treguas del pasado, pensábamos, y teníamos datos fehacientes, que la mayoría de Batasuna estaba madura para la democracia. Sin embargo, nos equivocamos. Como en otras ocasiones, no hemos logrado articular un potente sector social y una articulación parlamentaria estable que apoyase los jalones más difíciles del proceso de paz.
Desde nuestro punto de vista particular, hemos tenido que hacer las cosas arando la tierra con viejos bueyes, arando el proceso con viejas leyes. Pero, señorías, a diferencia de otras treguas, nunca antes la derecha y los poderes fácticos conservadores se habían empleado tan a fondo en obstaculizar y boicotear la decisión democrática de la mayoría del Congreso de los Diputados. Ante un atentado de ETA, nunca antes un partido de la oposición había hecho responsable político a un Gobierno, a un Gobierno democrático, alegrándose además del fracaso de este Gobierno. Nunca antes un partido democrático había confundido la legítima labor de oposición y control del Gobierno con un juicio inquisitorial o, lo que es peor, con una acusación implícita de lesa traición o de lesa patria, como las que se hacen hoy aquí en el Congreso de los Diputados. Si no hay bombas, es que se cede; si las hay, es que se fracasa; Escila o Caribdis, el infierno de Dante.
Un juicio que alcanza incluso a las palabras. ¿Por qué ustedes hablaron de proceso de paz y nosotros no podemos? ¿Cuál es la razón, dónde está la autoridad moral? Nunca antes un solo partido se ha reclamado depositario de todo el patrimonio moral de las víctimas y de la única verdad en política antiterrorista, mientras ignora, entre otras, a las víctimas del franquismo. Señorías, esta posición intransigente inhabilita a nuestra derecha y su autoridad moral para la crítica, aunque tienen toda la autoridad política para preparar su moción de censura en torno a la política antiterrorista. Señor Rajoy, la luz al final del túnel puede no ser únicamente la salida, puede ser la de la locomotora que se nos viene encima.
Señorías, el gran error de la derecha es la ira, el rencor político y la desmesura. (Aplausos.) El Partido Popular debe abandonar el dogma y el partidismo en política antiterrorista. No es la división, la desestibilización o la incriminación entre demócratas lo que hoy esperan los ciudadanos. La ira no debe confundirles, no debe hacerles confundir, como el humo, sus deseos con la realidad. Señorías, es la hora de la responsabilidad.
El Gobierno está emplazado a liderar un nuevo pacto de todos por la paz y frente al terror, un pacto por la paz y frente al terrorismo. Hoy, por desgracia, no es el día de la paz, la piedad y el perdón. No lo podría decir hoy Azaña. Esperamos que sea ese día de la paz, la piedad y el perdón cuanto antes. Hoy es el momento de la solidaridad, la unidad y la esperanza de la paz, es lo que exigen los ciudadanos y es nuestro compromiso. Muchas gracias. (Aplausos.)
La señora VICEPRESIDENTA (Chacón i Piqueras): A usted, señor llamazares. Muchas gracias.
Continuamos, señorías, con la respuesta del señor presidente del Gobierno. Adelante, cuando quiera. (El señor presidente ocupa la Presidencia.)
El señor PRESIDENTE DEL GOBIERNO (Rodríguez Zapatero):
Señor presidente, señor Llamazares, quiero agradecer su intervención y su muy atinado análisis de algunas… (Rumores.-Un señor diputado: ¡Oh!)
El señor PRESIDENTE: Continúe.
El señor PRESIDENTE DEL GOBIERNO (Rodríguez Zapatero):
Su muy atinado análisis de algunas de las cosas que ha expresado aquí y de manera singular de aquellas a las que hacía referencia la derecha, como acabamos de comprobar una vez más cada vez que tomo la palabra desde esta tribuna. (Aplausos.) Quiero expresarle mi agradecimiento por el apoyo permanente, continuo y estimulante que su grupo, y usted de manera muy directa, ha venido dando al Gobierno en el proceso de paz, en el intento de culminar una tarea de diálogo, partiendo de un convencimiento -usted lo ha expuesto desde esta tribuna- que existía en el análisis de muchas formaciones políticas, de muchos ciudadanos de Euskadi.
Los antecedentes de ausencia de víctimas mortales durante más de tres años, lo que se llamó la propuesta de Anoeta, hacían posible caminar en una dirección que culminara en un proceso dialogado de fin de la violencia, un proceso que por su propia naturaleza solo puede tener como requisito imprescindible el fin de la violencia para que ese diálogo culmine en lo que representa un proceso de paz de esta naturaleza, que es que aquellos que están fuera de las reglas, fuera de la democracia, en sintonía con la violencia, sin combatirla, sin condenarla, estén con todos los demócratas en el espacio que los ciudadanos puedan aportar y en defensa plena de las ideas que quieran representar.
Esa es la grandeza del Estado de derecho. Podemos matizar lo de las leyes viejas, pero el problema no está ahí, evidentemente, pues hubiera sido un problema de relativa fácil asunción, sino que está en que tiene que haber una voluntad decidida, última, definitiva e indubitada de dar ese paso después de tantos años difíciles, que es estar en las reglas del juego. Cuando se ha estado mucho tiempo en la violencia, la libertad, la palabra y las ideas a algunos les provoca un lamentable pánico, un profundo temor y eso es necesario denunciarlo y absolutamente imprescindible combatirlo en el terreno de las ideas, de los valores y de los principios. Comparto también que este es un tiempo de grandes acuerdos que incluye a todos. Sin duda, los dos modelos de pacto que ha habido en la lucha contra el terrorismo -uno incluyó prácticamente todo el espectro político democrático, el Pacto de Ajuria Enea y luego el Pacto de Madrid, y el segundo, por citar los dos más relevantes formalmente constituidos, fue el Pacto por las libertades y contra el terrorismo-, en mi opinión, han tenido resultados favorables más allá de la discrepancia.
Solo el hecho de que el terrorismo haya estado fuera de la confrontación política mientras esos pactos han sido fuertes y las formaciones se han mantenido leales a los mismos es sin duda alguna un éxito de la propia existencia de acuerdos, de conciertos como los que acabo de referir. Junto a ello, en la medida en que más unidos estén los demócratas, más débiles serán los violentos. Y la confrontación política en materia de lucha contra el terrorismo es una confrontación estéril en la estrategia partidista, porque, señor Llamazares, tenga el convencimiento profundo de que la ciudadanía sabe muy bien de lo que estamos hablando hoy aquí y sabe distinguir muy bien a aquellos que de manera farisea plantean una posición crítica al Gobierno por el intento de buscar el fin de la violencia. Tengo plena confianza en la ciudadanía.
Algunos volverán a encontrarse con ella y esperemos que esa segunda vez sea definitiva a la hora de asumir una derrota electoral amplia que los ciudadanos les propinarán. (Aplausos.) Señor Llamazares, quiero terminar reiterando el compromiso del Gobierno de llegar a ese acuerdo con el Partido Popular y con todos los partidos de la Cámara. Puede que nos lleve tiempo porque las posiciones son distantes y va a exigir mucho esfuerzo y voluntad, pero cosas mucho más difíciles hemos conseguido acordar y pactar desde la transición democrática hasta este momento y sin lugar a dudas confío en que su formación va a ser una formación activa para construir ese acuerdo y ese consenso.
Y por último, señor Llamazares, no sé si decirle que no me estimule mucho en el optimismo, pero le puedo asegurar que yo mantengo firmes mis expectativas para que podamos ver el fin de la violencia. El esfuerzo será muy duro y ahora teníamos una oportunidad que se ha cercenado de manera trágica y dramática, pero tengo el convencimiento de que quienes llevamos adelante una tarea, todos los demócratas que de buena fe en esta Cámara votaron una resolución y dieron su respaldo al Gobierno para conseguir esa tarea tan noble, en la que uno puede perder mucho, seremos testigos de ese momento final de la lacra, de la pesadilla que ha supuesto y que supone ETA para nuestro país. Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Gracias.
Su turno de réplica, señor Llamazares, por favor.
El señor LLAMAZARES TRIGO: Gracias, señor presidente.
Señorías, mi grupo parlamentario, el Grupo Parlamentario de Izquierda Verde-Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds, tiene muy clara la responsabilidad del reciente atentado en la terminal 4 de Barajas. No tiene dudas, ni ambigüedades en esta materia. No creemos que haya una responsabilidad operativa y otra responsabilidad política. No pensamos que haya dos responsabilidades, como hay quienes lo piensan en relación al 11-M. Esa visión conspirativa de la política, donde hay un responsable operativo y un responsable intectual, lleva a la actual situación donde no se responsabiliza directamente a quien es responsable del atentado, sino que se utiliza un subterfugio para buscar responsabilidades políticas donde no las hay.
Mi grupo parlamentario también sabe que esta materia no es una materia de oposición al Gobierno. Somos una formación política de oposición exigente al Gobierno, pero en esta materia no vamos a hacer oposición porque creemos que la política antiterrorista no es una política para la confrontación. En ese sentido, contribuiremos en la medida de lo posible a ese nuevo diálogo, a ese nuevo Pacto por la paz, que consideramos imprescindible incorpore a todas las fuerzas políticas democráticas, a las instituciones más directamente concernidas y también a la sociedad.
Ese nuevo Pacto por la paz lo consideramos difícilmente compatible con el actual Pacto antiterrorista. El presidente del Gobierno es un optimista visceral y puede hacer compatible el pacto de todos con el pacto de una parte, veamos cómo se puede hacer. Desde luego, en lo que hemos oído en el día de hoy el pacto está denunciado por el Partido Socialista porque considera que el Partido Popular no ha cumplido el primer punto, el de no utilizar la política antiterrorista como política de oposición y por el Partido Popular, porque considera que la resolución de la Cámara ha sido una ruptura unilateral del pacto.
En todo caso, valedores tiene ese pacto en el Partido Socialista y en el Partido Popular que lo harán valer. Nosotros tenemos que hacer valer la necesidad de incluir a todos y, en particular, a todas las fuerzas políticas y a las fuerzas políticas nacionalistas. Nuestra opinión es que nunca facilitó la política antiterrorista ni el frentismo ni la división entre demócratas. Esa es nuestra opinión y, por tanto, lo ponemos ahí.
Por otra parte, nosotros creemos que si bien este debate puede haber sido precipitado, si lo sabemos abordar pedagógicamente, es un debate muy importante para el país. Es muy importante para el país la movilización de los ciudadanos a favor de la unidad y la firmeza frente a ETA y es muy importante para el país también ver las opiniones de las fuerzas políticas con respecto a la política antiterrorista. Creo que es importante para el país y que no divide más de lo que ya estaba dividido. En todo caso, la propuesta del Gobierno abre la perspectiva de un acuerdo más amplio, que en nuestra opinión es no solamente necesario sino imprescindible frente a ETA.
Señor presidente, en mi intervención he querido dejar claro la responsabilidad de ETA en el atentado, pero también frente a algunas valoraciones que se hacen sobre el proceso, las mentiras que se producen en torno al proceso de paz en las que a veces hay compañeros inexplicables. Batasuna miente cuando dice que el proceso de paz estaba en crisis, igual que miente cuando dice que el proceso de paz, hoy por hoy, continúa con perspectivas. Mentía entonces, miente en estos momentos y sobre todo no ha alcanzado la mayoría de edad política necesaria para incorporarse de verdad al proceso de paz.
Termino, señor presidente, volviendo otra vez a su optimismo antropológico. Usted ha planteado la posibilidad del acuerdo del Partido Popular. Nosotros hemos instado a ese acuerdo, pero algún compañero me ha recordado El mercader de Venecia. Es tan difícil que el Partido Popular llegue al acuerdo con el resto de las fuerzas políticas en torno a la política antiterrorista, como que quienes hemos promovido el proceso de paz le demos una libra de carne cercana al corazón y, además, sin sangre. Es muy difícil y, por tanto, el debate entre Porcia y Shylock sigue presente.
Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Llamazares.
Grupo Parlamentario de Coalición Canaria-Nueva Canarias. Señor Rivero, por favor.
El señor RIVERO BAUTE: Gracias, señor presidente.
Señor presidente del Gobierno, señoras y señores diputados, todos podríamos estar de acuerdo en dos conclusiones a las que hemos llegado en el Pleno que estamos celebrando a lo largo de la tarde de hoy. Desde luego, lo estaríamos en una, en compartir la solidaridad, el dolor y el apoyo a las últimas víctimas de ETA, el apoyo y la solidaridad con dos familias destrozadas. Otra conclusión también que es unánime, que se desprende del debate de esta tarde, es que nunca han podido estar más lejos las posiciones entre el Gobierno y el principal partido de la oposición en materia de la lucha contra el terrorismo. Esta es una tónica que hay que intentar girarla.
Esas diferencias por primera vez en esta etapa democrática en España entre el Gobierno y el principal partido de la oposición en materia terrorista datan -hay una referncia clara de dónde vienen esas diferencias- desde el atentado del 11 de marzo en Madrid. Desde aquel día se empezó a generar una situación de confrontación, que es necesario darle un giro. Por eso nosotros no vamos a ver el un Pleno de hoy como un Pleno de la desesperanza, sino todo lo contrario. Han tocado fondo las relaciones entre el Gobierno y el principal partido de la oposición. Hoy ha habido aquí una especie de desahogo. Se han dicho lo que han tenido que decirse, pero a partir de ahora tendrá que venir el momento de la responsabilidad para reconstruir la unidad política y la unidad social para hacer frente de nuevo al terrorismo.
Somos conscientes de lo que representamos. Somos un grupo parlamentario pequeño, pero también somos conscientes de nuestras convicciones; convicciones que están acreditadas en haber apoyado siempre a todos los gobiernos de España en la lucha contra el terrorismo, a todos los gobiernos sean del signo que sean. Nuestro crédito en este campo se traduce pues, en los principios que compartimos y también en las responsabilidades que hemos sabido asumir en difíciles coyunturas políticas.
Mi grupo parlamentario apoyó en el año 2000 el Pacto por las libertades y contra el terrorismo, que sucribieron el Partido Popular y el Partido Socialista. Había una cuestión de matices en la que no estábamos de acuerdo, no estábamos de acuerdo en el preámbulo, pero nos quedamos con lo esencial, lo sustancial, las medidas para combatir el terrorismo. Entendemos que hay que hacer un ejercicio de generosidad para poder quedarnos con lo sustancial. Apoyamos ese pacto del año 2000 y apoyamos también en el año 2002 la Ley de Partidos Políticos. Asimismo, el Grupo Parlamentario de Coalición Canaria-Nueva Canarias ha expresado siempre -y lo reitero hoy- su reconocimiento a todos aquellos instrumentos del Estado que cooperan en la defensa de las libertades frente a la amenaza terrorista, como es el caso de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y del Poder Judiciaol, al mismo tiempo que abogamos por la cooperación internacional, especialmente de Francia.
No debemos olvidar que el esfuerzo de todos ha producido un debilitamiento real de tal amenaza, una lección que es preciso recordar en estas dramáticas circunstancias, y tampoco podemos olvidar que la unidad de la sociedad española es un activo fundamental para la defensa de la convivencia, de la libertad y del Estado de derecho. Por todo ello, ojalá, señorías, que no fuera necesario hoy iniciar esta intervención resaltando lo evidente, la absoluta necesidad de escenificar hoy aquí la coincidencia de todas las fuerzas democráticas en la estrategia contra cualquier forma de violencia terrorista, junto al compromiso implícito de practicar esa unidad a partir de un resultado que sería deseable en este debate y en todos aquellos foros en los que nuestra democracia se exprese. Y además, de hacerlo sin trampa, sin interpretaciones a favor de parte, sin visiones más relacionadas con el interés partidario que con el deber que nos encomienda la sociedad española en este difícil trance.
Advertimos, por el contrario, que la confusión se apodera del escenario cuando todo el esfuerzo que los representantes de las fuerzas políticas somos capaces de llevar a la práctica conduce a los perniciosos abrevaderos del encontronazo, lo que en este caso supone algo mucho más grave que la discrepancia natural en el debate político, porque nada satisface más a los autores de la masacre terrorista y a sus colaboradores y apoyos que la fractura política y social entre los demócratas. Así pues, procede hoy pronunciar palabras de autocrítica, porque la exigencia de la ciudadanía pasa por la unidad, no por la bronca.
Las ciudades españolas se vieron pobladas el sábado pasado por concentraciones y manifestaciones ciudadanas que, frente a todos los escenarios de crispación, también dejaron claro que frente al terrorismo es casi todo lo que nos une y, en todo caso, muy poco lo que nos separa. Hemos visto y vivido escenas dolorosas, emotivas, que nos dejan claro el sinsentido del terror y nos marcan el camino a seguir. Algo debimos hacer mal y tuvimos que hacer mejor para que las discusiones sobre la presencia de este o de aquel, sobre los mensajes de las pancartas, se tradujeran en una fisura de la unidad. Para nosotros está claro. Los convocados éramos todos demócratas y el lema, unidos contra el terrorismo.
Quiero reiterar que el nacionalismo canario, que ha apoyado el esfuerzo de todos los gobiernos estatales, sin excepción, en su combate contra la lacra terrorista, se ve obligado a recordar hoy no solo la pertinencia sino la necesidad de que semejante combate no sea simplemente una tarea de Gobierno, sino una estrategia de Estado. Ello supone adoptar una posición incluyente entre demócratas y renuncia a la visión partidaria y a los vetos a priori entre fuerzas políticas unidas en su rechazo diáfano a cualquier forma de violencia y menoscabo de la libertad. Bajo ese prisma, estimamos que de nuevo tenemos una tarea que emprender, un guión que escribir y, por qué no decirlo, también de recuperar entre todos.
El atentado terrorista cometido por ETA el pasado 30 de diciembre -obvio, pero no ocioso recordarlo- es exclusiva responsabilidad de ETA y su visión totalitaria. A partir de esa evidencia, de entre las ruinas de la tragedia y con el recuerdo de las víctimas, de las recientes y de las del pasado, siempre en la mente y en los corazones, la adopción de una estrategia común aparece como una exigencia democrática de primer orden y corresponde a nuestro Gobierno, precisamente porque lo es, asumir la primera responsabilidad en la tarea y cerrar las grietas recientes en el edificio democrático.
Decimos que es tarea del Gobierno y tarea suya, señor presidente, porque, aunque nos resulte doloroso el ejercicio, no podemos menos que rememorar la misión que la sociedad española puso en sus manos cuando, en circunstancias de excepcional dolor y emotividad, optó, de modo legítimo, por situarle a usted en la presidencia del Gobierno. Dimos por sentado entonces, y aún mantenemos la convicción hoy, de que aplicaría usted sus mejores energías -y estas no son precisamente escasas- a producir el reencuentro entre visiones de nuestra sociedad que se habían alejado mucho más allá de lo conveniente. Una sociedad, la nuestra, que además se vio presa del desconcierto y del drama tras el atentado del 11 de marzo de 2004. Desde entonces han pasado algunas cosas, buenas y menos buenas, pero la misión es la misma.
Desde el aprecio y el respeto que le profesamos, señor presidente, no pierda de vista ahora, no la pierda, la plena vigencia de esa tarea. Quiero dejarle claro que en ese objetivo, que no es ni mucho menos suyo en exclusiva pero que por obligación le corresponde liderar a usted, no va a escuchar cantos insidiosos desde las fuerzas democráticas. Confío en que el líder de la oposición, señor Rajoy, con todo su partido tras él, se aplicará convencido a ayudar a reconstruir esa unidad necesaria entre las fuerzas políticas para combatir el terrorismo, sea el que sea.
Dejemos atrás, por tanto, esa perniciosa vocación por la autocrítica en sentido opuesto, porque la sociedad española se da cuenta de que nos pasamos el tiempo exigiendo responsabilidad y sentido de Estado a los otros, siempre a los otros, porque la autoexigencia se ha convertido, al parecer, en un principio político pasado de moda. Quizás ocurre, y la sociedad también lo percibe, que pasamos demasiado tiempo discutiendo y discrepando, en ocasiones por cuestiones de fondo y en otras como parte de un engranaje casi mecánico. Es un juego útil, en términos generales, pero contraproducente cuando tratamos principios esenciales de nuestra democracia. La legítima aspiración de paz es, sin duda, uno de ellos y mucho más lo es la supervivencia de la libertad, una libertad condicionada por el terrorismo en sus muy diversos modos de expresión, ninguno de ellos admisible ni tolerable.
Como usted recordará, también expresamos nuestro voto favorable a la resolución aprobada en esta Cámara el 17 de mayo de 2005. Lo hicimos en la convicción razonada sobre las virtudes de su contenido, que seguimos apreciando en su práctica totalidad. Me refiero, incluso, a aquellas que motivaron la controversia en este hemiciclo y que atendían a la posibilidad de un eventual final dialogado de la violencia, responsabilidad exclusiva de ETA, fundamentada -y leo literalmente- en una clara voluntad para poner fin a la misma y en actitudes inequívocas que puedan conducir a esa convicción.
Hoy, estaríamos de acuerdo con semejante principio, pero, a la vista de los acontecimientos durante los últimos meses y, en particular, tras el atentado en la terminal de Barajas, nadie en sus cabales puede considerar que semejantes presupuestos de partida se cumplen ni siquiera mínimamente. Es más, debemos asumir -y apelo de nuevo a nuestra capacidad de autocrítica- que la vulneración de la letra y el espíritu de la citada resolución parlamentaria ha sido la norma y no la excepción, a cargo de los violentos y sus colaboradores.
Durante los meses precedentes, en un clima que ha combinado de un modo confuso expresiones de esperanza y desconfianza, los demócratas hemos hablado mucho, acaso hasta demasiado, del equivocadamente llamado proceso de paz y hemos sacralizado el término hasta el punto de convertirlo en un fin en sí mismo, en un esfuerzo que ahora se nos rebela como ineficaz ante los violentos y antipedagógico para la sociedad española.
Quizá alguien pudo pensar que poniendo por delante el proceso, con sus hipotéticas virtudes de nacimiento, conseguiría alejar el encuentro con circunstancias que hacían inviables los propios objetivos del proceso. Me refiero a la delirante obsesión de los violentos que, bajo diversas siglas ilegalizadas, creen posible traducir los actos terroristas en argumentos para una negociación política, que una vez más resulta inaceptable.
La política, señor presidente, señorías, se basa en las realidades y por ello podemos decir que no hay lugar para las ensoñaciones, tampoco para el voluntarismo, y por ahora se ha rebelado como un ejercicio voluntarista la espera por algo que no se produce y que es la simple condena de la violencia pronunciada por aquellos que aún siguen justificando la tragedia y utilizando eufemismos hipócritas que no consiguen esconder su visión totalitaria. Por ello, estamos de acuerdo con el Gobierno y con su ministro del Interior cuando afirman que ninguna tregua de ETA resultará creíble tras este nuevo ejercicio del terror. Ningún partido democrático puede aceptarlo, es absolutamente imposible, sin una renuncia, no gestual sino efectiva, a cualquier conducta que suponga menoscabo de las libertades.
Quiero recordar, porque también compartimos su visión, una afirmación del consejero de Interior del Gobierno vasco, el señor Balza. El señor Balza afirmó que hemos pasado demasiado tiempo psicoanalizando a la autodenominada izquierda abertzale y añadió, con indudable acierto, que en la vida somos juzgados no por las intenciones, sino por los actos y los de ETA y su entorno, también en estos meses, han resultado tristemente elocuentes.
Hablo no solo del atentado terrorista en Barajas, sino del exhibicionismo violento de las calles del País Vasco, el chantaje y la intimidación permanente sobre los ciudadanos, el robo de armas, y la confirmada tarea de reorganización de la banda, empeñada en el sometimiento de la democracia, mediante métodos idénticos a los utilizados contra la sociedad vasca y española durante décadas. Son métodos que no solo producen muerte y dolor a las víctimas, producen ansiedad y frustración a la sociedad porque precisamente ese es el objetivo declarado de cualquier violencia terrorista en la búsqueda de sus fines. Porque las cosas son así y no de otro modo, conviene asumir que no hay atajos, ni etapas prescindibles en una estrategia antiterrorista eficaz.
Por ello, y a partir de ahora, consideramos que ha llegado el momento de las fuerzas democráticas.
Otro de los lastres de este mal llamado proceso ha sido el protagonismo concedido al entorno político de los violentos, utilizados por estos para autopurificar su responsabilidad que tantos demandan. Compartimos por ello la necesidad de un nuevo Pacto por las libertades y contra el terrorismo y creemos ver en el presidente del Gobierno y en el líder de la oposición, en los partidos que ambos dirigen, a pesar del debate agrio que se ha producido esta tarde, la convicción de que ese gran acuerdo democrático es posible. Es posible con ellos al frente y también con el resto de las fuerzas de esta Cámara.
No puedo obviar aquí la responsabilidad y trascendencia atribuible al Partido Nacionalista Vasco que, como fuerza política mayoritaria en Euskadi, tiene que jugar un papel vital y relevante en todo este proceso. Insisto en que nos parece un presupuesto elemental la ampliación de ese acuerdo político y social contra la violencia terrorista en todas y cada una de sus manifestaciones.
Este empeño nos parece viable. Creemos que bajo ciertas correcciones en el preámbulo, pero sin la renuncia a ninguno de los principios que explicaron su éxito, y así lo dice la propia resolución parlamentaria del pasado 17 de mayo, ETA es o era más débil que nunca. En el actual escenario resulta inaplazable la recuperación de un gran acuerdo extendido a todo el arco político democrático que sitúa a los violentos ante su propia inutilidad.
Este es el momento para la responsabilidad, y se ha dicho muchas veces esta tarde desde esta tribuna. Es una realidad inequívoca que ETA y su entorno han liquidado las expectativas creadas sobre un cese total de la violencia, no sometido al chantaje y a la aceptación de precios políticos delirantes. Una vez cercenado este proceso, cada cual tendrá que rendir cuentas a la sociedad española y esta lo evaluará. Pero lo importante, lo esencial, es demostrar a ETA y su entorno que no van a derrotar a la democracia y al Estado de derecho, a la aspiración de paz, de libertad y justicia expresada por los ciudadanos.
El camino no es fácil pero creemos que está señalado: respaldo de los instrumentos del Estado, trabajo de la policía, de la Guardia Civil, aplicación de la legalidad, del Consejo General del Poder Judicial, acuerdos de cooperación internacional, especialmente con Francia, y unidad de los demócratas. Ese es el sentir de los ciudadanos y del pueblo español.
Termino, señor presidente, señorías, como empecé, con la ineludible invocación a la unidad sin ambages. Francisco Tomás y Valiente, asesinado por ETA en 1996, escribió un día que todos somos Estado, todos los ciudadanos estamos dentro de él y no a su ribera. También afirmó en un canto a la esperanza que vale la pena rememorar hoy que el Estado democrático funciona, encaja errores y crímenes, delitos y faltas, pero también tiene cabida para los numerosos aciertos que lo constituyen. Nos parece pertinente recordarlo porque es el momento de ir juntos y conquistar entre todos, no solo la paz sino también la libertad. Es tarea de todos y, porque está usted a la cabeza de este proyecto colectivo, es, sobre todo, tarea suya, señor presidente. Le apoyaremos en el trabajo que hay de reconstruir una unidad de las fuerzas políticas democráticas y, por tanto, de evitar la fractura de la sociedad española.
Muchas gracias, señor presidente. Muchas gracias, señoría.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Rivero. Presidente del Gobierno, su turno, por favor.
El señor PRESIDENTE DEL GOBIERNO (Rodríguez Zapatero): Muchas gracias, señor presidente.
Señor Rivero, le agradezco también el apoyo que ha venido prestando al Gobierno desde el arranque de la legislatura en la tarea de la política antiterrorista y en los últimos meses en el proceso de paz. Su intervención pone de manifiesto, porque tiene relevancia, que no hay incompatibilidad entre el Pacto por las libertades y contra el terrorismo y la resolución parlamentaria a la que ha hecho mención. Usted es firmante del pacto y votó la resolución parlamentaria. No hay contradicción, ni incompatibilidad entre ambos textos. Otra cosa es que algunos lo utilizaran como pretexto ahora para profundizar en lo que ya estaban haciendo, que era hacer oposición y crítica política con el terrorismo. Comprendo muy bien su posición. Comprendo muy bien la apelación, tanto al Gobierno del Partido Socialista, como al Partido Popular.
Tienen ustedes una capacidad demostrada por tener relaciones positivas con ambos grupos políticos y me parece un acierto de su formación. Pero tendrá que reconocerme, como firmante del Pacto por las libertades y contra el terrorismo, que en la legislatura pasada la actitud del Partido Socialista fue impecable con el Gobierno del Partido Popular, en todo aquello que decidía como Gobierno al que le corresponde la responsabilidad de la política antiterrorista por parte del Partido Socialista, porque apoyamos todo. Algunas cosas nos gustaban más que otras, y lo apoyamos por lealtad. Algunas cosas nos enteramos tarde, y lo apoyamos por responsabilidad.
Señor Rivero, conviene que usted lo tenga claro porque lo ha vivido. Igual que ha vivido estos dos años largos de comportamiento en la relación entre el Partido Popular y del Gobierno del Partido Socialista. Y si tuviera alguna duda creo que la intervención que ha hecho el portavoz del principal grupo de la oposición ha sido bastante elocuente. Necesita de pocos análisis para poner de manifiesto que lo último que hay es voluntad de dar respaldo al Gobierno, lo último que hay es voluntad de acuerdo, lo último que hay es voluntad de consenso. Usted busca las raíces de esa situación en el atentado terrorista del 11 de marzo. No voy a entrar en ese análisis, nos llevaría muy atrás y seguramente para llegar a conclusiones que compartiríamos, pero le puedo asegurar que ningún partido político, por las actitudes de la oposición, está en condiciones de pedir disculpas por haber ganado las elecciones. Le puedo asegurar que eso no forma parte de lo que es la lógica política y la responsabilidad política. Es verdad que algunos partidos políticos asumen mal una derrota electoral. Normalmente, como demuestra la práctica o la experiencia, cuando un partido político asume muy mal una derrota electoral, tiene una segunda derrota electoral mucho más contundente. (Aplausos.) Eso es lo que suele pasar y eso es lo que pasará con probabilidad. (El señor Michavila Núñez pronuncia palabras que no se perciben.) Aún así,…
El señor PRESIDENTE:
Perdone. Señor Michavila, deje de molestar. Señor Michavila, le llamo al orden por primera vez. Deje de molestar. (El señor Michavila Núñez pronuncia palabras que no se perciben.) Le llamo al orden por segunda vez. Si tuviera que llamarle al orden por tercera vez, ya conoce usted las consecuencias. Le estoy rogando que respete al orador, y le va a respetar. Se lo ruego, por favor. Gracias.
El señor PRESIDENTE DEL GOBIERNO (Rodríguez Zapatero): Gracias, señor presidente.
Coincido plenamente en que la unidad entre los partidos políticos democráticos exige desde la distancia en la que hemos estado, sobre todo con el Partido Popular, algún punto de autocrítica. No será el Gobierno quien no tenga siempre la disposición de la autocrítica para llegar a un acuerdo, tomarse el tiempo necesario, pero eso exige una mínima conversación, un mínimo diálogo real, y le puedo asegurar -hoy lo hemos visto en esta tribuna y cada vez que he tenido oportunidad o los representantes del Gobierno y del Partido Socialista lo han intentado con el Partido Popular- que no hay esa conversación porque no se escucha, porque se tiene un discurso prefijado -antes de hablar, se ha escrito lo que se va a decir y se dice-. Por tanto, esa es la situación en la que estamos, conviene tenerlo presente, no va a restar un ápice la voluntad y el intento de llegar a ese acuerdo.
El señor Llamazares decía que era muy difícil -lo comparto- su posición de cierta autoridad en tanto en cuanto firmante del Pacto por las libertades y contra el terrorismo y grupo que respaldó la resolución parlamentaria de mayo de 2005. Seguramente también nos puede ser enormemente útil y puede aportar una contribución determinada. Tengo que reconocer que hoy usted ha tenido más dosis de optimismo incluso que yo al decir que esperaba que el duro debate que se había producido fuera el desahogo final y que, a partir de ahí, pudiéramos tener la tarea de reconstrucción entre los dos grandes partidos.
No sabe cuánto deseo que acierte, no sabe cuán importante sería para la lucha antiterrorista. Desde luego le puedo confirmar que tanto lo que representa la convocatoria de la Comisión de seguimiento del Pacto por las libertades y contra el terrorismo como la ronda de conversaciones con todos los partidos políticos van a ser para el Gobierno en estos momentos tareas prioritarias y esenciales, y, por supuesto, para el presidente del Gobierno porque al menos, señor Rivero, estará de acuerdo conmigo en esto y en otras cosas que siempre he estado asumiendo la responsabilidad de manera muy directa, muy personalmente en todo lo que hemos conocido como el proceso de paz, esté mal llamado o no -sería una discusión que nos llevaría muy lejos-. En todo caso, es una categoría acuñada no solo en España y ante lo que hemos vivido, sino en todas las latitudes donde hay situaciones que tienen una cierta similitud, donde hay una organización que usa la violencia, que usa el terror, que usa las armas para intentar conseguir fines políticos.
Quiero terminar expresando mi agradecimiento por su apoyo, por su coherencia y por la disponibilidad que siempre tiene Coalición Canaria para estar en el centro de lo que es una política de Estado como la que exige la lucha contra el terrorismo. Se lo agradezco de una manera muy sincera. Gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Gracias. Señor Rivero, su turno.
El señor RIVERO BAUTE: Muchas gracias, señor presidente.
Señor presidente del Gobierno, señoras y señores diputados, probablemente esta Cámara está necesitada de más grupos parlamentarios que pudieran tender puentes en los grandes temas de Estado entre los dos principales partidos del Estado que tienen la responsabilidad de ser Gobierno y oposición y que irán intercambiándose según la decisión de los ciudadanos.
Ojalá esta Cámara pudiera tener más grupos parlamentarios que pudieran contribuir a políticas de Estado, a políticas de consenso en torno a materias sensibles para la sociedad como puede ser el tema del terrorismo, como puede ser la inmigración, como puede ser la política exterior o como puede ser la política de Estado. Desde luego nosotros esperamos que este sea el pleno del desahogo en una materia tan sensible para la ciudadanía como es la lucha contra el terrorismo. Los ciudadanos en la calle están exigiendo responsabilidades a las fuerzas políticas para recomponer la unidad de las fuerzas políticas democráticas.
Con ocasión del debate que se produjo en la comparecencia del presidente el día 6 de julio dijimos con claridad que había que trabajar de forma entusiasta -es difícil cuando dos no se quieren poner de acuerdo y cuando uno no quiere ponerse de acuerdo es imposible el acuerdo entre dos- y hablamos de la importancia de buscar el acuerdo político entre los dos grandes partidos, porque ya advertíamos que, fruto de la fractura entre los dos grandes partidos, estaba llegando la fractura desde el punto de vista mediático, y lo que era peor, de la fractura política y de la fractura mediática, la fractura social, que es lo que estamos viviendo en las calles del Estado español, que requiere un ejercicio de responsabilidad para intentar recuperar esa unidad de cara al terrorismo.
La unidad de los dos grandes partidos será más fácil dentro de los dificultades -no soy muy ingenuo- en la medida en que podamos contribuir todos a que eso sea posible, mirando todos menos atrás y más para adelante, mirando todos menos para detrás a ver quiénes fueron los culpables y mirando más hacia un futuro de esperanza, hacia la necesidad de recomponer esa unidad política para buscar la cohesión social necesaria en la lucha contra los violentos.
Hemos apoyado a los gobiernos en el cumplimiento desde la perspectiva de dos ejes fundamentales en la política de la lucha contra el terrorismo: el respeto a la Constitución y el respeto a la legalidad vigente. Hoy hemos constatado aquí que, después de la ruptura de la tregua por parte de la banda terrorista, el Gobierno da por liquidado, da por roto, da por finiquitado -términos utilizados por el ministro del Interior- este proceso.
No se dan las condiciones para un proceso dialogado con la banda terrorista ETA y su entorno. Se ha comprometido en este debate a cumplir la Ley de partidos políticos que votó esta Cámara. Por tanto, desde el cumplimiento de la Constitución y de las leyes en vigor y, por supuesto, el respeto a la Ley de partidos políticos aprobada en estos momentos, entendemos que la pieza que falta es la recomposición de esa unidad. Nosotros tenemos confianza en ello, sabemos las dificultades, es probable que, con unas elecciones autonómicas a la vuelta de la esquina y con un proceso electoral a un año o a un año y medio vistas, sea complicado y difícil, pero los ciudadanos lo están exigiendo. Y es responsabilidad del Partido Popular, del señor Rajoy, hacer un esfuerzo también para llegar a un acuerdo con el Gobierno y una responsabilidad del Gobierno el hacer un esfuerzo por mirar menos atrás y mirar más hacia un futuro de esperanza en la lucha contra el terrorismo después de este fracaso y de este fiasco cuyo único culpable ha sido ETA. No nos olvidemos, el único culpable de este fiasco ha sido ETA, por tanto, habrá que poner de nuevo a la banda terrorista y a su entorno en las condiciones para que alguna vez podamos soñar de nuevo con una salida a la violencia que proviene del terrorismo.
Muchas gracias, señor presidente.
El señor PRESIDENTE: Grupo Parlamentario Mixto. (Pausa.)
El señor Labordeta no está, repartiremos el tiempo entre el señor Rodríguez, la señora Lasagabaster y la señora Barkos Berruezo. Gracias.
El señor RODRÍGUEZ SÁNCHEZ: Gracias, señor presidente.
Señor presidente del Gobierno, el Bloque Nacionalista Galego dio su apoyo a una política determinada que aliaba respeto por la ley con disposición al diálogo, para acabar con la violencia terrorista. Una política de unidad con aval parlamentario; un aval parlamentario que tenía en cuenta dos aspectos fundamentales de este problema: el aspecto cuantitativo, representativo de la mayoría electoral del país, y el aspecto cualitativo, un tema de especial incidencia en Euskadi, que necesitaba la participación activa del Gobierno vasco y además la consideración de que el terrorismo daña también la democracia en el Estado español además de constituir un elemento terrible de víctimas humanas.
No vamos, señor presidente, a cometer la deslealtad de criticar ahora que el proceso acabe siendo reventado por causa de un atentado grave del que es única responsable ETA, acabando de forma unilateral y sin aviso previo con el alto el fuego que ella misma había declarado en marzo de 2006. Las circunstancias son especialmente difíciles, lo reconocemos, y podemos compartir también el interés del Gobierno en abrir un nuevo espacio integrador. De todas maneras, señor presidente, esperamos que si ese espacio es integrador, tenga en cuenta que no se puede montar sobre la exclusión o eL desprecio por el pluralismo político, ni con una prevalencia abusiva de una visión del Estado bipartidista.
Cabe recordar aquí que la Constitución española es profundamente pluripartidista y éste es un espíritu constitucional que debe ser respetado también.
En segundo lugar, señor presidente, que la utilización del terrorismo se debe desechar desde el Gobierno, y desde cualquier partido que forme parte de esa plataforma integradora, como arma arrojadiza contra los discrepantes o con la intención perversa de connotar de terrorismo alguna tendencia política, como se hizo en otros momentos con el nacionalismo, y mucho menos utilizarlo con el afán electoralista de derribar al Gobierno.
En tercer lugar, señor presidente, creemos que ninguna plataforma integradora debe de optar por medidas legales o administrativas que representen una involución dentro del Estado de derecho y mucho menos debemos colaborar las fuerzas políticas a un clima de irracionalismo social con explotación emocional del drama de las víctimas y en definitiva provocando en la sociedad cada vez mayor incapacidad para poder asumir el problema de forma democrática y con entereza. Y lo último, señor presidente: que no se cierre la viabilidad del diálogo político. Nos parece, no ya desleal, sino peligroso, el comportamiento de los que asedian al Gobierno y en especial a usted, a su persona, como si fuese responsable de lo que sucedió.
Solo se puede entender desde quien persigue objetivos políticos que no compartimos, que son totalmente involutivos y que tienen una concepción autoritaria de la Presidencia, de la vida política una concepción antidemocrática y excluyente y una visión de España, señor presidente, que no queremos volver a repetir. Es ciego, señorías, quien no comprueba lo contundente, lo grave, lo tremendamente maciza que es la utilización de las medidas policiales y judiciales contra el terrorismo. No hubo, bajo nuestro punto de vista, durante el periodo de Gobierno del señor Zapatero, ninguna debilidad en este aspecto.
Pero creemos que la gran novedad, y voy a utilizar sus propias palabras, las palabras del presidente, es que hace falta también la exigencia de la política. Ganar en el terreno de las ideas, más voluntades, más compromisos de cuantos más ciudadanos, especialmente en Euskadi, es uno de los aspectos cualitativos, especialmente en eso que se llama la izquierda abertzale, a favor de la no violencia y de la paz.
Señor presidente, disputamos democráticamente con su partido espacios políticos en Galicia, e incluso tenemos graves antítesis en la concepción de elementos básicos de nuestro país: la concepción de lo que es y para lo que vale nuestra lengua; la concepción de lo que es y debe ser nuestra cultura; la confianza en las potencialidades de nuestro país y su estatus dentro del Estado. Pero nuestra lealtad seguirá siendo firme respecto de su política de intentar llegar al final de la violencia recurriendo también al diálogo.
Señorías, el Estado de derecho no contempla solo cárceles y sentencias judiciales para acabar con conflictos o acabar con quienes practican o tienen prácticas violentas, incluida la violencia terrorista. Es más, les aseguro que el Estado de derecho padece cuando se restringe solo a esa política por muy inevitable que sea. Estamos por tanto, señor presidente, con usted cuando afirma que en este tema, se trata de una cuestión muy seria, que hace falta cautela.
Evidentemente, cautela. Y ya se dijo aquí, y usted lo recordaba: hablar mucho, ayuda poco y hablar poco, ayuda mucho. No por falta de transparencia, todos pueden conocer perfectamente cuáles son nuestros posicionamientos políticos y eso es lo que interesa, pero, señorías, no favorece la solución del problema tener datos sensibles, andar vendiendo en los medios de comunicación interpretaciones -sesgadas o reales- sobre la actitud -real o falsa- de determinados elementos que están en juego. Y por eso, señorías, nosotros siempre fuimos favorables a la discreción máxima e incluso a la aceptación de que no se nos contase nada de aquello que no debiese ser contado.
Por tanto, señor presidente, le animamos. Le animamos en su creencia de que es posible -¡es posible!; creo que es posible- el fin de la violencia. Cuente con nosotros para trabajar en la consecución de este objetivo. Cuente, también, para reforzar la unidad con estrategias políticas democráticas. Represento aquí a una fuerza política nacionalista, y la verdad, me admiró escuchar lo siguiente: usted no tiene la llave para poder posibilitar una reforma de la Constitución en la dirección que sugerían los violentos.
Efectivamente, no la tiene. Usted no puede decretar una amnistía. Efectivamente, no la puede decretar. Usted no puede interferir con decisiones sobre lo que va a ser el futuro de Navarra. Evidentemente, usted no puede hacer eso. Entonces, si usted no puede hacer todo esto y el margen de actuación política es tan limitado, ¿quién tiene miedo al diálogo político? Incluso por parte de aquellos que defiendan la unidad de España tal cual es o el estatus político tal cual está. ¿Es que no se quiere utilizar ni siquiera el escaso margen de legalidad que consiste en legalizar a todas las fuerzas políticas con tal de que no cometan actos violentos? ¿Es que no se quiere utilizar el margen de reinserción social que no se le niega ni siquiera a ningún delincuente?
¿Es que se quiere utilizar la ley solamente con efectos punitivos o de venganza? Señorías, desde el punto de vista democrático y del Estado de derecho esto no es asumible.
Señor presidente, aquí y ahora, en nombre del BNG le expreso nuestro respeto, como no podía ser menos, a su persona, incluidos los errores que son humanos y tendrán parte de explicación en esos elementos sensibles que yo no tengo interés en escuchar y que tampoco me parece que deberían ser los preocupantes desde el punto de vista cualitativo. Pero no es solo respeto, señor presidente. Usted y su Gobierno pueden contar con nuestro apoyo, modesto pero firme, en el objetivo final de acabar con la lacra que padece desde hace muchos años el Estado español. Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Gracias.
Tiene la palabra la señora Lasagabaster.
La señora LASAGABASTER OLAZÁBAL: Gracias, señor presidente.
Señor presidente del Gobierno, señorías, quisiera, en primer lugar, transmitir en nombre de Eusko Alkartasuna nuestra solidaridad con las familias y amigos de don Carlos Alonso Palate y don Diego Armando Estacio.
Señor presidente, afrontamos hoy un debate que nunca debió tener lugar, porque nunca debió existir el brutal atentado de Barajas cuya única y exclusiva responsabilidad corresponde a ETA. Estamos ante un debate atípico ya que en los anteriores intentos de proceso de paz nadie, ninguna formación política, ningún grupo, pretendió exigir responsabilidades al Gobierno de turno, fuera del Partido Socialista o del Partido Popular. Bien es cierto -también hay que decirlo aquí, lamentablemente- que alguna de las formaciones políticas utilizaron alguno de aquellos intentos loables para atacar injustamente al nacionalismo vasco, al Partido Nacionalista Vasco y a Eusko Alkartasuna.
No cometeremos la injusticia que se hizo con nosotros. ¿Cuál es el objeto de este debate?, ¿desgastar al Gobierno a toda costa utilizando todo, crispar a la sociedad para hacer enemigos entre formaciones políticas y así obtener réditos electorales? -aquí lo hemos visto- Rotundamente, no. Para Eusko Alkartasuna el objeto de este debate, si es que lo tiene, es aportar nuestras reflexiones sobre principios y procedimientos que deben sustentar nuestra actuación ahora y siempre; explicar a la ciudadanía de forma clara, con la mayor sinceridad y prudencia, dónde estamos, qué debemos y qué podemos hacer y colaborar con todos, gobiernos y grupos parlamentarios, desde nuestras legítimas diferencias, para no hacer de esta cuestión un instrumento de división de la sociedad.
Centrémonos en las reflexiones. Primera reflexión: política y violencia son incompatibles. Solo los representantes de los ciudadanos están legitimados para negociar resolutivamente sobre los conflictos políticos. ETA no es un agente político, ni antes ni ahora ni después podrá intervenir políticamente. No se puede admitir la negociación resolutiva con quienes emplean elementos de presión, por ejemplo la violencia. Por ello necesitamos que ETA desaparezca y que todas las maneras de pensar de los ciudadanos encuentren su cauce a través de la palabra, única y exclusivamente, del diálogo y de los votos. Esta es la gran cuestión. ¿Podemos hacer algo nosotros? Lo hemos intentado desde Eusko Alkartasuna y lo intentaremos, pero lo veo difícil. Sí creemos -y sé que entro en una materia complicada- que ahora Batasuna puede tener una importante función en este tema; puede y debe trabajar para dejar claro, no ya a nosotros sino a ETA, que no necesita ni quiere tutelas, que ETA no es árbitro ni garante ni agente con capacidad de intervención, influencia o implicación -y menos presión- ni en la sociedad vasca ni en las formaciones políticas en general ni en Batasuna en particular.
Pero también es necesario, aunque sé que en este Congreso no es algo compartido por la mayoría, que todas las maneras de pensar puedan tener su cauce, es decir, que Batasuna pueda tener la posibilidad de acceder a las elecciones en las mismas condiciones que los demás, ni más ni menos. Segunda reflexión: para Eusko Alkartasuna la violencia no es una fatalidad cuya existencia tengamos que transmitir de generación en generación. Nosotros, señorías, tenemos la obligación y el deber de hacer desaparecer la violencia. Es evidente que eso hoy requiere, por una parte, prevenir la comisión de cualquier atentado y vulneración de los derechos humanos -el principal el derecho a la vida-, perseguir a quienes lo cometen, ponerlos a disposición de la justicia y que ésta aplique de forma efectiva y real los principios de independencia y delimitación de la responsabilidad criminal a quienes, de forma objetiva y probada, la tengan, sin extralimitaciones por otras consideraciones de criterios; juicios con garantías, verdadero derecho de defensa y, en el cumplimiento de las sentencias, aplicar políticas penitenciarias adecuadas para la reeducación y rehabilitación, sin que esta política penitenciaria sea una contrapartida a otras cuestiones que nada tienen que ver con ese objetivo.
Pero también nuestro trabajo consiste en que desaparezca la violencia en el futuro, para que nadie, nunca, en las futuras generaciones entienda que la violencia tiene cabida en nuestra sociedad o que puede servir para resolver algún problema o conflicto, sea social, político, religioso o de cualquier otra índole.
Tercera reflexión: la sociedad vasca es plural, no responde a una uniforme manera de pensar, de ser o de actuar y, por ello, la solución a cualquiera de nuestros problemas, conflictos o retos siempre deberá tender a buscar, si es posible, el consenso y, si no, un sistema democrático de mayorías y minorías, sean éstas más o menos cualificadas y también a que lo que se consensúe y se decida por consenso o por el sistema de mayorías y minorías, con la cualificación que le queramos poner, tenga cauce en el ordenamiento jurídico.
Cuarta reflexión -y termino, señor presidente-: procedimiento. A lo largo de este tiempo, no solo desde el 22 de marzo sino anteriormente, hemos intentado de forma muy humilde y constructiva colaborar con el Gobierno y con los grupos parlamentarios en esta Cámara -por cierto, también lo hicimos en la tregua de 1998 con el Gobierno del Partido Popular-, le hemos trasladado al Gobierno nuestros análisis y opiniones -buenos o malos, cada uno tiene los suyos-, nuestra aportación sobre tiempos, ritmos y temas, lo hemos hecho en privado y así lo seguiremos haciendo.
Señor presidente, usted busca el consenso y con nosotros lo tiene, salvo que se pretenda admitir documentos como el pacto por las libertades, erróneo, injusto e irrespetuoso con la formación política que yo represento.
El señor PRESIDENTE: Señora Lasagabaster, concluya por favor.
La señora LASAGABASTER OLAZÁBAL: Termino, señor presidente.
Basta ya de discusiones estériles, es tiempo de solidaridad y, sobre todo, de trabajo.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Gracias. Señora Barkos, por favor.
La señora BARKOS BERRUEZO: Muchas gracias, señor presidente.
Señorías, Nafarroa Bai quiere comenzar su intervención expresando su pésame más sentido y sincero a las familias de Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, las dos últimas víctimas de ETA y hacerlo extensivo al conjunto de la sociedad ecuatoriana. Además, a esta comunidad queremos hacerle llegar el agradecimiento y admiración de esta diputada por la firmeza y el coraje mostrados en las dos convocatorias, Madrid y Pamplona, de repulsa por el atentado; firmeza y coraje, señorías, que han sido un ejemplo al que no se ha respondido de manera unánime.
Esta es la primera de las reflexiones que mi grupo quiere traer hoy a esta Cámara, pero al conjunto de la sociedad la siguiente: el inicio del año se ha producido bajo el signo de la desesperanza por la ruptura de un proceso que apuntaba un camino, el de la paz.

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