UNA irrefrenable sensación de inanición, de vacío, de sorprendente tragedia democrática, se propagaba ayer tarde por el Congreso. Parecía más un espectáculo televisivo que un debate político profundo, serio, de ideas, duro si fuera necesario. Pero tras más de cinco horas de confrontación no salieron los partidos más cohesionados del hemiciclo de la Cámara Baja. Las carcajadas de los asesinos que colocaron el coche bomba en Barajas, desde donde estén escondidos, son fácilmente imaginables si siguieron el debate. En medio de todo este desastre, quedaron para la historia descalificaciones e insultos más que propuestas políticas que tengan recorrido a medio plazo como, por ejemplo, la iniciativa del presidente de fraguar un consenso que siente las bases de un nuevo pacto antiterrorista. El PP dijo que a esa iniciativa no iba a sumarse porque pacto ya había uno: el firmado en la última legislatura de Aznar, que sólo suscribieron PP y PSOE, una posición que los socialistas no pueden aceptar ya que se quedarían sin socios políticos en un momento clave de la legislatura. La contundencia dialéctica de Rajoy decantará, seguramente, el debate a su favor, pero no le acerca a la Moncloa. Entró sin aliados y salió igual. La franja templada del electorado dual, el que acaba decantando mayorías, quiere de Zapatero una política antiterrorista más clara, y de Rajoy, flexibilidad y templanza, algo que ayer no tuvo.
« Big bang, de Rafael Ramos en Los Blogs de La Vanguardia | Inicio | Jerjes y Mariano en Salamina, de Enric Juliana en La Vanguardia »

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados