Implacables. El presidente del Gobierno y el líder del principal partido de la oposición, que juntos representan a 21 millones de personas, optaron ayer por dirimir sus diferencias sobre la política a seguir ante la banda terrorista ETA a garrotazos verbales, sin dejarse un hueco para el consenso. Ni José Luis Rodríguez Zapatero reservó un espacio al PP para llegar a un pacto -sus llamadas a la unidad eran precedidas de ataques a los populares por su oposición al proceso de paz- ni Mariano Rajoy ofreció su apoyo a un presidente que ha sufrido el mazazo etarra y contra el que arremetió de forma contundente: “Apoyarle a usted es un suicidio en la lucha contra el terrorismo”. De esta forma, Rajoy cerraba la puerta a cualquier apaño con Zapatero.

Dos estrategias contra el terrorismo de ETA colisionaron entre sí, con el resultado de una división aún mayor entre los dos principales partidos, PSOE y PP. Cada líder construyó su discurso para apelar a su electorado más convencido, y ambos se cruzaron acusaciones para responsabilizar al otro de la ruptura de esa unidad que demanda la mayoría de españoles en las encuestas.

Hasta en tres ocasiones, Zapatero no rechazó –desde el Estado de Derecho- una nueva negociación con la banda terrorista si se dan las condiciones para ello. Y esto a pesar del atentado de ETA de Barajas, que acaba de costar la vida de dos personas. Es más, defendió su posición bajo el argumento de que todos los Gobiernos democráticos lo han intentado desde 1978. Aunque también resaltó que ETA “sabe que no dispone de dos bazas: violencia terrorista y diálogo son incompatibles”.

Al otro lado del hemiciclo, Rajoy se enrocó en el Pacto Antiterrorista que firmaron con el PSOE en 2000. Aquel acuerdo se basó en la experiencia adquirida desde la Transición y concluyó que la solución para acabar con la banda era la vía policial y judicial, al considerar el diálogo como un arma estratégica de ETA. El líder popular, que obvió las alusiones a que el Gobierno de José María Aznar también dialogó con la banda, limitó su apoyo a ese marco. Pero “no me pida que me sume al desistimiento, que acepte un apaño y que dé la batalla por perdida… Podemos derrotar a ETA”.

El triunfo de los halcones

Los jabalíes se quedaron ayer al cuidado de la viña del PSOE y del PP. El pulso entre Zapatero y Rajoy puso en evidencia el triunfo de los sectores duros en esas formaciones políticas, de lo que se colige que el debate sobre ETA será un arma arrojadiza en lo que queda de la legislatura. Y, aunque los coros de Moncloa repicaran que el presidente no tuvo más remedio que endurecer su discurso al oír a Rajoy, el caso es que Zapatero optó por el ataque casi desde su primera intervención, centrándolo en la falta de auxilio del PP en esta materia. En la tribuna de invitados figuraban, por el PP vasco, Jaime Mayor Oreja y María San Gil, junto a la mayoría de los presidentes autonómicos de este partido. Por el PSE estaba, Javier Rojo, que preside el Senado.

Zapatero esperó a la parte final de su primera intervención para dar a conocer la única novedad en su discurso: pedir al PP una reunión de la comisión de seguimiento del Pacto Antiterrorista. Una petición que, sin embargo, la hizo acompañada de un condicionante: que dicho encuentro sirva para cambiar dicho acuerdo de tal manera que permita atraer al resto de las fuerzas políticas y, también, a organizaciones “sociales y cívicas” a “un consenso democrático lo más amplio posible” en la lucha contra ETA. De hecho, el presidente del Gobierno anunció a continuación que tras su reunión con el PP, pretendía convocar al resto de los partidos políticos.

Además, el presidente reconoció su "claro error" al decir la víspera del atentado que dentro de un año se estaría mejor que en ese momento en el camino para el fin de la violencia.

El líder del PP se centró en este error de percepción de Zapatero, fruto, a su juicio, de nueve meses en los que el Gobierno disimuló lo que estaba sucediendo: terrorismo callejero, chantajes, amenazas… “no ha faltado ni un alarde de fusileros”. De ahí se preguntó sobre el valor de la palabra del presidente después de lo ocurrido, de su capacidad de análisis e, incluso, de la fiabilidad de sus propuestas. Rajoy sentenció: “A usted le ha tomado el pelo un rebaño de asesinos”.

Bombas sin muertos

Y vino una de sus frases más duras de la sesión: “¿No dijo que en esta aventura era posible que se produjeran accidentes violentos que no deberían perturbar el proceso? Debo suponer que ETA entendió lo que entendimos todos: que las bombas no se verían mal con tal de que no matasen”. Rajoy acusó a Zapatero de que la banda está más fuerte que hace un año, le emplazó a llegar a consensos en el marco del Pacto Antiterrorista y rechazó un acuerdo en el que “figuren todos los defensores de Batasuna, de sus razones y de sus conflictos".

El presidente repitió en varias ocasiones que Rajoy había incurrido en una “profunda hipocresía”, de perseguir “mezquinos intereses políticos”, y auguró a Mariano Rajoy que sería recordado por su discurso en el Pleno de ayer, en el que se demuestra “dónde se puede llegar cuando el interés de partido está por encima del de España y de los valores democráticos”.

Zapatero repitió sin descanso que era la primera vez que un partido hacía oposición con el terrorismo en el Congreso desde el inicio de la democracia. Y, como un mantra, insistió en que él era el autor del Pacto Antiterrorista en el que estaba enrocado Rajoy. Aquél que cuando él lo propuso dijo que se había sacado el pacto “de la chistera”. Y el aludido insistía en que era imposible apoyarle, porque “nunca en España hubo un presidente como usted”.

“Este debate no beneficia a nadie ni a nada”, sentenció en un momento el presidente. Ya al comienzo de su intervención había augurado que los terroristas de ETA estarían siguiendo el debate en televisión, junto a las personas de bien.